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La izquierda ha abandonado a Yolanda Díaz
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Esteban Hernández

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La izquierda ha abandonado a Yolanda Díaz

La retórica política contra Díaz, la gran artífice de la reforma laboral, ha venido desde distintas áreas ideológicas, pero principalmente desde aquellas de las que se esperaba apoyo parlamentario

Foto: Pleno del Congreso que debate y vota la convalidación de la reforma laboral. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Pleno del Congreso que debate y vota la convalidación de la reforma laboral. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Nada como los asuntos de dinero, los ligados al capital, para retratar lo que yace bajo la retórica política. Lo que iba a ser el gran triunfo de Yolanda Díaz, una reforma laboral consensuada, amenaza con convertirse en un fracaso relativo, o en un fracaso a secas, respecto de su ámbito de referencia, la izquierda. El rechazo de ERC y Bildu, la posición poco entusiasta de UP, cuando no hostil, y las críticas emitidas desde el activismo, apuntan a que el proyecto futuro de Díaz sale de la reforma laboral con más dificultades que con las que entró.

Sin embargo, Díaz ha hecho justo lo que podía hacer, y lo ha llevado a cabo con solvencia. Pocos reproches se le pueden formular desde la izquierda: ha maniobrado con las bazas de las que disponía, ha impulsado cambios acordados con los sindicatos y ha reestructurado la norma a partir de la temporalidad, que era el asunto principal. Desde ese punto de vista, la reforma de Díaz es un éxito, y debería granjearle capital político.

Foto: Rufián en el pleno del Congreso donde se votará la reforma laboral. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

No parece el caso. Las intervenciones de Rufián y Bildu en el Congreso, las críticas desde su lado ideológico y esa posición dubitativa de su propio partido señalan que el bloque de izquierdas no respalda la acción de Díaz. Pero hay algo hipócrita en ese argumento, y que tiene que ver con las contradicciones de las ideologías, izquierda y derecha, a la hora de enfrentarse a los asuntos del dinero.

El marco de lo posible

Las críticas desde la izquierda obvian algo fundamental, que esta reforma laboral está fuertemente condicionada por Bruselas, y más todavía en la época de reparto de los fondos. Lo que Bruselas señaló fue que había que modificar las condiciones de temporalidad y precariedad de los contratos laborales, al igual que antes había señalado que era necesario subir el SMI. La UE no veía bien, desde ningún punto de vista, que se modificaran las condiciones del despido, por ejemplo, ya que esa reforma ya se había realizado antes, con el PP, y se juzgó muy positiva. No había que tocarla

La izquierda puede señalar la insuficiencia de la reforma, pero solo si impugna el marco general, y eso implica un arrojo político del que carece

Y esta posición europea es importante porque señala el marco de lo posible. Y, en ese marco, Díaz ha movido sus fichas, con el apoyo de Sánchez, ha desplazado unas piezas y otras y ha logrado un encaje en el que había acuerdo social. Las modificaciones, sean escasas o significativas, suponen un avance para las condiciones laborales, y una mejora respecto de posiciones anteriores.

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, interviene durante el pleno del Congreso de los Diputados que debate y vota este jueves la convalidación de la reforma laboral. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Por supuesto, desde la izquierda se puede señalar la insuficiencia de la reforma, la necesidad de haber ido mucho más allá, y de apostar por una normativa laboral mucho más protectora de los derechos de los asalariados. Pero eso implicaría un arrojo político del que carecen las fuerzas de izquierda actuales. Porque elegir esa opción llevaría, de modo indispensable, a impugnar el marco de partida, a no someterse a los dictados de Bruselas y a aceptar las consecuencias derivadas de ello. Implicaría también repensar su posición respecto de la estructura económica de la sociedad y de cómo está gestionada, y poner encima de la mesa nuevas fórmulas que vayan más allá de la mejora en condiciones laborales concretas e imaginar, si no, otras opciones, otra clase de capitalismo.

El momento táctico

Eso es complicado de hacer, en especial cuando se ha asumido, y la titularidad ministerial de Podemos al frente de la Agenda 2030 lo demuestra, el marco general de funcionamiento. Desde el fracaso de Syriza y el brazo torcido de Tsipras, Iglesias fue consciente de que ese tipo de planteamientos impedían alcanzar el poder, al menos en esta época. Renunció a ellos, aceptó el marco general y se volvió una fuerza anti-PP y luego anti-Vox. No es, por tanto, aceptable que desde ese lado ideológico se reproche a Díaz haber actuado de un modo posibilista en el mismo marco que Podemos aceptó.

No olvidemos que la oposición a la reforma laboral forma parte de un movimiento táctico del bloque de izquierdas respecto de Yolanda Díaz

La posición de ERC y de Bildu cae en el mismo espacio. Es fácil jugar a ser más de izquierdas que Díaz, pero tampoco se enfrentan a Bruselas ni proponen otro tipo de alternativa. Su opción es enfrentarse a Madrid, lo cual será muchas cosas, pero poco de izquierdas. Y con el añadido, en el caso de ERC, de que su intención de convertirse en el partido dominante en Cataluña, es decir, el que pueda realizar acuerdos con la burguesía catalana (y con el PSC) que generen estabilidad en el futuro cercano. Cargar contra Díaz es sencillo, porque les puede resultar rentable, pero contiene mucho de ficción.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/EPA/Ali Haider)

No nos olvidemos de que esto forma parte de un juego táctico en el que el bloque de izquierdas que conformó la mayoría de la investidura, y que estaría representado por el Podemos de Iglesias y el del aparato, ERC, Bildu y BNG, tiene motivos diferentes para estar en contra del proyecto de Díaz. No solo por el hecho de dejar de contar como bloque de mayorías para el PSOE, sino por las tensiones internas entre Díaz y el aparato de UP respecto del futuro proyecto político de la vicepresidenta, y por lo que significa de competencia para el bloque nacionalista de izquierdas.

La hora de las ideas

Al margen de esta cuestión táctica, hay poco más. Y es llamativo, porque debería ser el momento de las ideas, y no se perciben nuevas propuestas desde la izquierda española para lidiar con los grandes problemas de nuestra época, que son fundamentalmente económicos, y que vienen instigados tanto por las disfunciones que se han producido en ese ámbito como por los elementos geopolíticos.

Y es el momento de las ideas porque hay que recordar la situación de la izquierda. Los partidos socialistas que están en el poder, como el portugués o el alemán, lo están en función de su configuración como partidos sistémicos, de defensa del sistema y del 'statu quo', mientras que el resto de las izquierdas son claramente minoritarias en toda Europa. Y eso al mismo tiempo que las fuerzas de oposición que están creciendo, que cuentan con elementos que impugnan el sistema, son de derechas, y que están llevando a partidos más moderados de su estrato ideológico hacia posiciones duras.

Los desafíos que se deben afrontar, que son muy serios, exigen mucho más que tacticismo y retórica anticentralista y antifascista

Sería el momento de que las izquierdas pensaran en cómo volver a ser relevantes, en términos ideológicos y en términos de electorado, y para eso hacen falta ideas. Sin embargo, continúan ancladas en la continua repetición de las fórmulas que les han llevado a perder peso social. Un buen ejemplo de esto es Mélenchon, la izquierda que surgió como posible alternativa, y que está descendiendo en el aprecio electoral. Los nuevos tiempos, y los desafíos que se deben afrontar, que son enormemente serios, exigen mucho más que tacticismo y retórica anticentralista y antifascista.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Mariscal) Opinión
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Debería ser la hora de una izquierda que afrontase los problemas sistémicos con soluciones diferentes. El proyecto de Yolanda Díaz podría ser uno de ellos, pero, hasta ahora, Díaz ha jugado una baza inteligente, pero que no le será muy útil cara al futuro. Si su opción es la de posicionarse como complemento del bloque sistémico tendrá dificultades electorales, ya que ese papel de partido de la estabilidad, a lo portugués o a lo alemán, lo va a querer jugar el PSOE, lo que le cierra espacios. Y opciones complementarias, pero con un punto de diferencia, al modo de los verdes alemanes, no parecen que sean el tipo de apuesta que tenga recorrido electoral en España. Con unos socios que se vuelven contra ella, y con las dudas sobre el proyecto de Díaz, la reforma laboral es una más de las paradojas de la política actual, ya que la persona que más ha hecho por ella, y que más capital público ha ganado, ha sido también la que más perjudicada ha salido en su espectro ideológico.

Nada como los asuntos de dinero, los ligados al capital, para retratar lo que yace bajo la retórica política. Lo que iba a ser el gran triunfo de Yolanda Díaz, una reforma laboral consensuada, amenaza con convertirse en un fracaso relativo, o en un fracaso a secas, respecto de su ámbito de referencia, la izquierda. El rechazo de ERC y Bildu, la posición poco entusiasta de UP, cuando no hostil, y las críticas emitidas desde el activismo, apuntan a que el proyecto futuro de Díaz sale de la reforma laboral con más dificultades que con las que entró.

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