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Las cartas que está jugando China en la invasión de Ucrania
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Esteban Hernández

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Las cartas que está jugando China en la invasión de Ucrania

La guerra de Ucrania tendrá muchas consecuencias en el orden geopolítico. El papel que desempeñe Pekín será importante, máxime cuando el marco de fondo no es otro que la guerra fría entre EEUU y China

Foto: Plenario del Partido Comunista de China en Pekín, el pasado día 8. (Reuters/Carlos García Rawlins)
Plenario del Partido Comunista de China en Pekín, el pasado día 8. (Reuters/Carlos García Rawlins)
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En la reunión de Xi Jinping con Macron y Scholz, el presidente chino reiteró que respeta la soberanía y la integridad de todos los países, que las preocupaciones por la seguridad de las diferentes naciones son legítimas y que el mejor camino para solucionar la crisis ucraniana es una solución negociada, y que intentará apoyar esa vía. También mostró su preocupación por las sanciones, ya que afectarán a las finanzas, la energía, el transporte y la estabilidad de las cadenas de suministro, y, por lo tanto, causarán perjuicio a la economía mundial, “lo que no le interesa a nadie”.

Xi lamentó, además, el regreso de la guerra a Europa, un hecho que “le aflige profundamente”. No puede dudarse de la sinceridad del presidente chino, pero también podría ser una forma diplomática de mostrar su pesar por el hecho de que Occidente esté en decadencia y que la consecuencia sea una guerra, frase que no pronunció, pero que está muy presente en el sentir geoestratégico chino.

Foto: Los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Reuters vía Kremlin)

En lo económico, Xi tiene razón en que una crisis profunda, y de la magnitud que se anuncia, no conviene a nadie, pero a unos menos que a otros. No debe olvidarse que la invasión de Ucrania tiene dimensiones geopolíticas mucho mayores que las derivadas de un conflicto bélico en una zona localizada, por muy brutal que pueda ser este. Y el telón de fondo es la guerra fría entre EEUU y China.

La política exterior china

De momento, la invasión de Ucrania refuerza la posición de Pekín. Recordemos cuáles eran los propósitos de su política exterior justo antes de la guerra, que habían quedado plasmados en los principios de su nueva Ruta de la Seda, la iniciativa Belt and Road. Por una parte, como se señala en un documento del Instituto de Estudios Estratégicos, cuyo autor es Ander Sierra, se pretendía frenar la ralentización económica, “estableciendo una interdependencia con los Estados vecinos que le permitiera (...) construir conjuntamente una comunidad de destino compartido”. En segundo lugar, China quería establecer un área de seguridad en Asia Central y en la región Asia-Pacífico “para evitar la expansión de la influencia de EEUU”. Y en último lugar, deseaba “crear instituciones alternativas a las occidentales e internacionalizar sus ideas, valores, principios e intereses para remodelar el orden internacional existente”. Si bien la dimensión de la crisis económica aún está por conocerse, lo cierto es que, en las áreas de influencia china, ninguno de esos objetivos parece más lejano hoy.

Un vistazo al mapa mundial basta para darse cuenta de que los países que han adoptado sanciones contra Rusia son Estados del norte

Máxime cuando Pekín quiere jugar una función decisiva en el nuevo orden internacional a partir de una idea clave, claramente expresada en múltiples ocasiones, que es su función de líder de los países en desarrollo. Según Xi Jinping, “el desequilibrio de desarrollo es el mayor desequilibrio del mundo actual”, y por eso la política exterior china ha realizado numerosos esfuerzos en cooperación internacional dirigidos a crear oportunidades de crecimiento para los países en vías de desarrollo y a establecer vínculos con los BRIC. Es una suerte de regreso de la lucha de clases, pero ahora establecida como lucha de naciones, entre un Occidente rico, por una parte, y los pobres y emergentes, por otra. De ahí la necesidad de esas nuevas instituciones en las que China quiere jugar el papel director.

Un vistazo al mapa mundial basta para darse cuenta de cómo todos los países que han adoptado sanciones contra Rusia son Estados del norte. Salvo las excepciones lógicas de Australia, Japón y Corea del Sur, los países del centro y del sur no se han sumado a la iniciativa europea y estadounidense. Es decir, las naciones desarrolladas están a favor de las sanciones y el resto no, justo esas con las que China quiere construir alianzas.

La fiabilidad de EEUU

El segundo asunto relevante tiene que ver con la capacidad de mostrar internacionalmente a EEUU como un aliado poco fiable, una visión que China divulgó con insistencia con motivo de la salida de Afganistán, y que ahora puede volver a repetirse, por circunstancias diversas. En lo que a Europa respecta, recordemos que las sanciones tendrán consecuencias diferentes a este lado del Atlántico y al otro, ya que EEUU produce mucha más energía que la UE y puede resistir mucho mejor las presiones de inflación que nosotros. Si, en ese contexto, EEUU presiona en exceso a Europa para que las sanciones sean muy duras, en términos difícilmente asumibles para los europeos, y en especial para los alemanes, China sacará partido. Recordemos que China es el principal socio comercial de Alemania. Pekín, entonces, podrá insistir en que Washington no es de fiar.

"A diferencia de EEUU, China siempre espera que su desarrollo pueda beneficiar a tantos países y regiones tanto como sea posible"

En esta dirección apuntaba el diario oficialista chino ‘The Global Times’. Según Lü Xiang, investigador del Instituto de Estudios Estadounidenses de la Academia China de Ciencias Sociales, “EEUU podría disfrutar de una unidad temporal con Occidente como resultado del conflicto entre Rusia y Ucrania, pero, de hecho, EEUU está utilizando el conflicto para obligar a otros países a cortar casi todos los lazos cruciales que tienen con Rusia y hacer que muchos países, especialmente países europeos como Alemania, también paguen un alto precio”.

Un editorial del mismo diario subrayaba, en este sentido, que “a diferencia del comportamiento ‘chupasangre’ de Washington, que ha hecho que el mundo pague la crisis interna de EEUU, China siempre espera que su propio desarrollo pueda beneficiar a tantos países y regiones tanto como sea posible”.

Los lazos con Rusia

El tercer aspecto significativo es el papel que China jugará a la hora de ayudar a Rusia a encontrar una salida a sus graves problemas económicos. Y es más que probable, como señala Wolfgang Münchau, que Pekín no desaproveche la oportunidad y se convierta en su principal bastión. Bloomberg ha señalado la intención de las empresas chinas de entrar en el accionariado de firmas rusas de energía y materias primas y Pekín brindará ayuda a sus bancos ante la desconexión del Swift. 144 millones de consumidores no constituyen un espacio menor, especialmente cuando las empresas occidentales se han marchado de allí y han dejado el campo libre. La energía que puede proporcionar Rusia tampoco es una ganancia desdeñable. Como no lo es generar la sensación en el resto del mundo de que se pueden empezar a construir instituciones en paralelo a las estadounidenses.

Foto: Vladímir Putin junto a Xi Jinping en una reunión presencial antes de la pandemia. (EFE/Alexei Druzhinin)

En cuanto al resultado de las sanciones para Rusia, todo apunta a un empobrecimiento muy significativo para el país, y de muy difícil contención. Sin embargo, la esperanza rusa sigue viva, y Münchau advierte al respecto con la experiencia de Huawei. La compañía china sufrió sanciones, entre las que se contaba la imposibilidad de obtener microchips y de usar el sistema operativo Android para sus móviles, lo que provocó que sus ventas se desplomasen. Pero desde entonces, Huawei puso en marcha su propio sistema operativo y fabricantes chinos cubrieron la escasez de microchips. El impacto negativo a corto plazo fue fortísimo, pero a largo plazo, Huawei saldrá fortalecida. La esperanza rusa es que a su país le ocurra lo mismo que a Huawei.

Si el desacople con Rusia es complejo y doloroso para la economía europea, la separación de China es mucho más complicada

Si este escenario no se produjera, y tiene muy pocos visos de que ocurra, Moscú quedaría aún más en manos de la ayuda de Pekín. Lo que resultaría especialmente interesante para China, ya que Rusia puede ser 'un amigo sin límites', pero también un rival geoestratégico, y tenerlo debilitado y de su lado sería un regalo para el régimen de Xi.

En definitiva, al jugar las bazas de la diplomacia encaminada hacia la paz, de vincular a Rusia más a su esfera, de ver aumentada su importancia internacional respecto de los países en desarrollo y con un Occidente en guerra, parece que la invasión de Ucrania puede tener consecuencias geopolíticas positivas para China. No es más que el principio del camino de esta nueva era, y veremos cambios profundos que son difíciles de precisar. La guerra fría entre EEUU y China tiene todavía muchas estaciones por transitar, pero recordemos que si el desacople con Rusia es complejo y doloroso para la economía europea, un desacople con China sería todavía mucho más complicado, por la cantidad de vínculos financieros, productivos y comerciales que Pekín ha trazado con EEUU y con la UE. En otras palabras, las sanciones económicas a China, a diferencia de las impuestas a Rusia, son un arma difícil de disparar.

En la reunión de Xi Jinping con Macron y Scholz, el presidente chino reiteró que respeta la soberanía y la integridad de todos los países, que las preocupaciones por la seguridad de las diferentes naciones son legítimas y que el mejor camino para solucionar la crisis ucraniana es una solución negociada, y que intentará apoyar esa vía. También mostró su preocupación por las sanciones, ya que afectarán a las finanzas, la energía, el transporte y la estabilidad de las cadenas de suministro, y, por lo tanto, causarán perjuicio a la economía mundial, “lo que no le interesa a nadie”.

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