Cómo Ciudadanos perdió las elecciones en diferido

Algo no está explicando bien Ciudadanos para convencernos de que lo suyo con Vox no es lo que parece. De momento, no se lo creen ni sus socios europeos

Foto: El nuevo alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, del PP, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís, de Ciudadanos, se saludan tras la sesión constituyente celebrada en el Palacio de Cibeles, en Madrid. (EFE)
El nuevo alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, del PP, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís, de Ciudadanos, se saludan tras la sesión constituyente celebrada en el Palacio de Cibeles, en Madrid. (EFE)

Albert Rivera está perdiendo las elecciones en diferido. A cámara lenta. Y de tanto negarse a ser bisagra está convirtiendo a Ciudadanos en un partido encasquillado. Es lo malo de haber hecho de su principal rival su socio preferente: en la mayoría de los gobiernos de los que Ciudadanos tenía la llave ha terminado por hacerle una copia al PP.

Quería Rivera desbancar a Pablo Casado como líder de la oposición, pero reconociéndole como socio preferente antes de empezar a negociar los pactos locales y regionales ha conseguido resucitar su liderazgo, que había salido muy tocado de las urnas.

Prueba de lo poco satisfactorias que han resultado para los naranjas las negociaciones es que, en vez de Rivera, quien está dando la cara para defender la estrategia del partido es Inés Arrimadas. El resultado “ha sido muy bueno”, sostenía la número dos de Ciudadanos en la entrevista anoche de Ana Pastor en 'El Objetivo'. También le tocó a Arrimadas el papelón de responder a las acusaciones que hizo al presidente de su partido, Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Cs, que lo acusó públicamente de "priorizar los supuestos intereses de partido a los intereses de España".

La portavoz nacional de Cs, Inés Arrimadas (c). (EFE)
La portavoz nacional de Cs, Inés Arrimadas (c). (EFE)

Arrimadas también aprovechó en La Sexta para definir Ciudadanos como un partido de “centro liberal y progresista”. Sí, sí, dijo “progresista”. Y, al más puro estilo 'marianista', alegó que pese a no haber logrado encabezar más gobiernos locales que cuatro alcaldías de grandes ciudades ahora su partido tiene más “capacidad de hacer cosas”. Cómo no recordar la locuacidad de Rajoy cuando Arrimadas, a la pregunta de por qué no han logrado alcaldías en Cataluña, donde ganaron las autonómicas, respondió que "es un lugar muy difícil".

Sin embargo, el mayor papelón de todos para la portavoz en el Congreso de Ciudadanos seguramente fuera seguir insistiendo en que Cs apuesta por la regeneración sin ver contradicción alguna en que el Partido Popular siga gobernando en la Comunidad de Madrid, donde lleva 24 años acumulando escándalos de corrupción.

Otra muestra de que el PP es el claro ganador de estas negociaciones es que Martínez-Almeida se haya convertido en el alcalde de la capital sin tenerse que molestar siquiera en que los madrileños nos aprendamos su nombre (nota mental: José Luis). No logró Begoña Villacís su apuesta de última hora de repartirse la alcaldía en custodia compartida de dos años cada uno, así que tendrá que conformarse con ser vicealcaldesa.

Además de en Cibeles, los populares han obtenido el poder en una docena de capitales de provincia y la presidencia de tres comunidades gracias al apoyo de Ciudadanos, que por el camino transige con la incorporación de los votos de Vox. Los naranjas van a tener que gestionar los próximos meses un desgaste importante entre quienes los acusan de hipócritas a su izquierda por blanquear a Vox y a su derecha por pretender ignorarlo.

No es lo que parece

El reparto del poder en Madrid va a convertirse en el centro de las contradicciones de Ciudadanos y Vox. De las nueve áreas de gobierno que componen la alcaldía de Madrid, cinco las gestionará el PP y cuatro, Ciudadanos. Pero los puntos que los de Almeida han firmado con Ortega Smith a cambio de sus votos son diferentes a los que rubricaron con Villacís. A Vox, el PP le promete acabar definitivamente con Madrid Central, a Cs, “reconvertirlo”. En el programa que firmó con los primeros habla de “violencia intrafamiliar”, con los liberales, de “violencia de género”.

Teodoro García Egea, como Almeida (José Luis), ya ha advertido de que les parece "de lo más lógico" que Vox participe en cuestiones de gobierno

“¿A usted le parece bien que Vox estuviera en las juntas de Distrito? “Nuestro acuerdo de gobierno es con el Partido Popular”, insistía una y otra vez Arrimadas a Ana Pastor ante la insistente pregunta de si aceptarían que los de Abascal tocasen poder en la alcaldía. No aclaró en ningún momento la líder naranja si se plantarían en caso de que el PP de Almeida cediera parte de su poder local a Vox.

Tanto la mano derecha de Casado, Teodoro García Egea, como el recién investido alcalde Martínez-Almeida (José Luis) ya han advertido de que les parece “de lo más lógico” que Vox participe en cuestiones de gobierno. Ni rastro ya de cuando los populares acusaban en la última campaña electoral a los de Abascal de ser “extrema derecha”. Pero ninguna de estas contradicciones desgasta a los populares, cada vez más cómodos en este juego a dos bandas, sino a los de Arrimadas, que se conforma con considerarlos “populistas”.

Algo no está explicando bien Ciudadanos para convencernos de que lo suyo con Vox no es lo que parece. De momento, no se lo creen ni sus socios europeos. El partido del presidente francés, Emmanuel Macron, quiere exigir que el nuevo grupo de liberales proeuropeos, en el que se incluye Ciudadanos, exija a sus miembros explícitamente un rechazo a las alianzas con los partidos de extrema derecha. La secretaria de Estado francesa de Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin, tuiteaba el domingo que pedirá a “los eurodiputados procedentes de Ciudadanos que clarifiquen su situación” con Vox.

Solo falta ya que los de Rivera, que hasta hace no tanto presumían de anteponer a todo nacionalismo los valores liberales y europeístas, se envuelvan en la bandera y arremetan contra los franceses por entrometerse en la política nacional, que es lo que ya han hecho PP y Vox. Abascal ya ha afeado a los de Macron que "metan las narices" en España desde su "Francia islamizada", y García Egea replica “que no recibe instrucciones de Francia”. Cuando Pastor le preguntó por ese tuit de los de Macron en 'El Objetivo', Arrimadas hizo lo mismo que su partido trata de hacer con Vox: ignorar su existencia.

Segundo Párrafo
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