Sánchez, Iglesias y el caballero inexistente

Dentro del PSOE no hay voces que reclamen un gobierno de coalición con Iglesias, porque temen que, de tenerlo dentro, sabotearía su Gobierno. De momento prefieren la repetición electoral

Foto: Íñigo Errejón y Pedro Sánchez.
Íñigo Errejón y Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez ya tiene el apoyo de un partido para evitar la repetición electoral. Lo malo es que se trata de un partido inexistente. A falta de una semana para que el presidente en funciones se presente a una investidura huérfana de apoyos, el PSOE espera que el partido que trama a contrarreloj Íñigo Errejón con los escaldados de Podemos le ayude indirectamente a desbloquear la formación de Gobierno.

Es un plan muy arriesgado por varias razones. La primera, difícil pasarlo por alto, es que el partido de Errejón no existe todavía. Ni siquiera está claro que vaya a hacerlo para noviembre. Por no tener, aún no tiene ni nombre. Pongamos que se llame Más País. En Moncloa, sin embargo, confían en que la mera amenaza de su existencia sirva para dar a torcer el puño en alto de Pablo Iglesias, que sigue sin estar por la labor de regalar sus 42 diputados al PSOE. El líder de Podemos ya le ha dicho a Sánchez que o le sienta en el Consejo de Ministros o la investidura al río.

El partido de Errejón, como el caballero inexistente de Italo Calvino, no es de momento más que una armadura que anda, aunque por dentro está vacía, a la que solo mantienen con vida sus convicciones. Y en las del que fuera portavoz de Podemos hasta que su examigo lo purgó, está quitarle a Iglesias lo que Vista Alegre II le arrebató.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ya le ha dicho a Pedro Sánchez que o le sienta en el Consejo de Ministros o la investidura al río

El mayor perjudicado por la creación de este nuevo partido de izquierdas en el PSOE dan por hecho que sería Podemos. Esa es la segunda de las asunciones arriesgadas. Esperan en Moncloa que el secretario general de Podemos quiera evitar a toda costa una repetición electoral que podría hundirlo aún más, pero el PSOE no debería subestimar la cabezonería de Iglesias, a quien lo único que le importa a estas alturas es él mismo. En eso Sánchez y él seguramente anden empatados.

Eso no quiere decir que Podemos no tenga un serio problema si concurre en noviembre contra los de Errejón. La cúpula de Podemos se ha reducido a Iglesias, Montero y poco más. Incluso estéticamente se nota la bunquerización de Podemos, un partido que nació haciendo alarde de su diversidad y en el que cada vez es más difícil diferenciar a sus diputados entre sí, cortados casi todos los que quedan por la horma de las juventudes comunistas.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y la portavoz de la formación, Irene Montero. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y la portavoz de la formación, Irene Montero. (EFE)

Podemos se ha quedado sin más estructura territorial que la que tomó prestada de Izquierda Unida. Y a base de quitarle poder a los círculos, con consultas de postureo vacías de contenido real como la que evaluará si pactar o no con Sánchez, esa que Teresa Rodríguez llama "insulto a la inteligencia", Iglesias y Montero se están quedando solos.

Entre tanto, los de Errejón están atando el apoyo de las confluencias y demás rebotados con el ninguneo de Iglesias, que son muchos. Sin embargo, los de Más Madrid reconocen en privado que preferirían tener cuatro años por delante para armar bien su partido y que un acuerdo de última hora evitara el adelanto electoral.

Nadie había hecho tanto por unir al Partido Socialista últimamente como el líder de Podemos

Si no hay acuerdo y toca volver a votar, algo que nadie quiere pero nadie parece capaz de evitar, el partido inexistente cuenta con llegar a tiempo a la remanguillé. Lo único que al nuevo partido errejonista le podría bloquear llegar a tiempo de la repetición electoral de otoño es que también se repitieran elecciones en Madrid, cuyo gobierno sigue pendiente del otro culebrón, el de Cs-Vox-PP. Si en noviembre también hubiera que votar en las autonómicas de la capital, Errejón estaría en la encrucijada de elegir entre abandonar Más Madrid o las elecciones nacionales. Por eso hasta que no se desbloquee el gobierno madrileño, el anuncio del nuevo partido nacional en ciernes tendrá que esperar.

Iglesias, hay que reconocérselo, ha conseguido algo que no había logrado nadie hasta ahora. Nadie había hecho tanto por unir al Partido Socialista últimamente como el líder de Podemos. Sanchistas y susanistas, felipistas, carmencalvistas, ivanrredondistas y mediopensionistas entonan ahora 'con Iglesias no' ante el ultimátum de Podemos. Dentro del PSOE no hay voces que reclamen abiertamente un gobierno de coalición con Iglesias. Temen que, de tenerlo dentro, sabotearía su Gobierno y cobraría demasiado protagonismo. Los socialistas no quieren la repetición electoral, pero la prefieren a tener incrustado el caballo de Troya morado.

Sin embargo, dentro del PSOE ya hay quien advierte de que Sánchez arriesga demasiado pensando en que el nuevo partido de Errejón juega a su favor en el caso de una repetición electoral. La tercera razón es que no solo robaría votos a Podemos, también al PSOE. Y la nueva suma de escaños difícilmente cambiaría los equilibrios electorales del bloqueo.

Errejón, además, tendría a su favor en unas nuevas elecciones ser la única novedad en un plantel de líderes que ha decepcionado por no saber salir del bloqueo. Podría presumir de ser el único soplo de aire fresco que afea a los demás candidatos de izquierdas no haber sido capaces de formar gobierno. El líder del partido inexistente sería la única novedad en otoño. A no ser, claro está, que si hay que ir a elecciones de nuevo, Iglesias diera la sorpresa.

El líder de Podemos podría sorprender dando un paso atrás al borde del precipicio. Una salida digna para su ego, tras haber forzado la repetición electoral, sería renunciar a ser el candidato de Podemos. Si Iglesias dejara a Irene Montero ser cabeza de cartel se libraría del marrón de asumir una más que previsible debacle en escaños al tiempo que arrebataría a Errejón la posibilidad de vencerle en el cuerpo a cuerpo. Y si con Montero Podemos sacara buen resultado, siempre sería gracias a la generosidad de Iglesias. Si fuera malo, no sería suya la derrota.

Iglesias tiene razones para plantarse. ¿Por qué va a regalarle un gobierno monocolor a Sánchez si este necesita sus escaños? Tampoco a Sánchez le faltan motivos para desconfiar de Iglesias en el Consejo de Ministros, ¿cómo va a meter en el Gobierno a quien sospecha que quiere hundir su partido? No será la amenaza del partido inexistente quien nos salve de la repetición electoral, pero sí quien al menos le puede añadir un poco de emoción a la contienda.

Segundo Párrafo
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