La luz al final del túnel

En el acto en Chamartin, el PSOE ha escenificado su última oferta. Un tren a punto de partir en el que no ofrece a Pablo Iglesias ningún asiento en primera

Foto: El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, durante la presentación del acuerdo programático. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, durante la presentación del acuerdo programático. (EFE)

Si eligió dar un mitin en una estación de tren, fue porque la metáfora le venía al pelo. Porque este Gobierno será incapaz de llegar a acuerdos, pero las puestas en escena sí que las domina. La interpretación más cursi es que Pedro Sánchez quería parecer la luz al final del túnel en que se ha metido la política española tras seis meses de bloqueo. Y si algo aprendimos de 'Manual de resistencia', es que con Sánchez nunca es descartable la interpretación más cursi.

Ahí estaba el presidente en funciones, con un atril rojo preelectoral, con toda la plana mayor del Gobierno socialista aplaudiéndole en una nave de la estación de Chamartín. En teoría, el objetivo del acto era presentar las 370 propuestas del PSOE para pedir el apoyo de Pablo Iglesias. Pero allí no hubo ninguna mano tendida a Podemos. Abundaron más los reproches por no haber aceptado la oferta de coalición de julio. No era un acto de negociación, era un ultimátum.

Las 370 medidas que presentaba Sánchez en Chamartín son un curioso formato de programa electoral extemporáneo. Y en medio de una campaña electoral perpetua, cómo saber si estas 370 medidas llegan tarde al 28-A o pronto para el 10-N. Lo han llamado 'programa común progresista', aunque ya no había ni rastro de la palabra ‘común’ durante la presentación. El PSOE propone, entre otras cosas, guarderías gratuitas, frenar la subida de alquileres y eliminar de la reforma laboral del PP en 2012 sus aspectos “más lesivos”. Iglesias reconocía en una entrevista en TVE que algunas de estas medidas “le suenan bien”, pero tras la comparecencia del presidente en funciones insistía en su Twitter que sigue queriendo “un Gobierno de coalición”.

Lo que no debe de sonarle tan bien al líder de Unidas Podemos es que el PSOE rechace expresamente en sus 370 propuestas la posibilidad de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Sánchez marca así distancias con Podemos y ERC, socios imprescindibles para que la suma 'progresista' salga adelante antes del 23 de septiembre. Ya no busca apoyos para salir investido, sino para volver a medirse en las urnas con quienes se atrevan a negarle su apoyo.

Al presentar por todo lo alto este 'remake' de su programa electoral, Sánchez ya ni siquiera se molesta en disimular que está empezando la campaña. En el acto en Chamartin, el PSOE ha escenificado su última oferta. Un tren a punto de partir en el que no le ofrece a Pablo Iglesias ningún asiento en primera. Ya no hay sitio en el Consejo de Ministros para Iglesias. Y para saciar su desconfianza, ofrecen a Podemos un sistema que los socialistas llaman de “triple verificación”, como si del triple ‘check’ del WhatsApp se tratara. Incluye una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo, comisiones de seguimiento y un "mecanismo de verificación reforzado". Vamos, que si finalmente Iglesias se subiera al tren, algo cada vez más difícil de imaginar, le han reservado el papel de revisor. Cuanto más lejos de la locomotora, mejor.

Pero hasta las puestas en escena más cuidadas tienen fallos. Y en esta, que el PSOE llevaba gestando todo agosto para iniciar la cuenta atrás, el calor le ha jugado una mala pasada al presidente. Pese a las altas temperaturas madrileñas, hubo que parar el aire acondicionado porque el ruido molestaba durante su discurso en la estación. Así que al final del túnel lo que había bajo los focos era un señor que no paraba de sudar. Y esa sí que es una metáfora de lo que le va a costar a Sánchez formar Gobierno, con o sin elecciones.

Segundo Párrafo
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