Tengo mis dudas sobre lo de Plácido Domingo

De lo que cada vez tengo más dudas es de que no se puede, nada más leer un titular, dar por probados unos hechos hasta conocer la versión contrastada de todas las partes

Foto: Plácido Domingo, en un evento en la Escuela de Música de Manhattan. (Reuters)
Plácido Domingo, en un evento en la Escuela de Música de Manhattan. (Reuters)

Tengo mis dudas sobre las acusaciones a Plácido Domingo. Otros ya han decidido que el tenor merece una condena o una defensa a ultranza. Llegado este punto, me van a permitir que reivindique la importancia de la denostada duda. Porque yo también creo que recibir un linchamiento público por hechos no probados es injusto. Pero dudo también que respetar la presunción de inocencia de una personalidad de fama mundial sea incompatible con publicar una investigación periodística que halla indicios de un presunto caso de acoso sexual continuado. Gozar de la admiración y el respeto en un campo profesional, y nadie duda del de Plácido Domingo, no daría carta blanca a comportamientos inapropiados en el entorno laboral. Porque, no lo olvidemos, en las informaciones de AP que acusan al tenor de acoso no se cuestiona la vida amorosa del artista, sino si decenas de mujeres han sufrido en su trabajo un trato hostil y vejatorio.

Si alguien con mucho poder y prestigio llevara décadas utilizando su posición para acosar en el trabajo, igual que si malversara dinero público o hubiera evadido impuestos, no me cabe duda de que el periodismo ha de estar ahí para contarlo. Que un delito haya prescrito no quiere decir que lo haya hecho su noticia. Eso no es incompatible, no debería serlo, con que la presunción de inocencia sea debidamente respetada hasta que se aclare si los hechos son ciertos.

La agencia Associated Press ha publicado informaciones con más de medio centenar de testimonios entre denunciantes y testigos en que una veintena de mujeres denuncia que se han sentido acosadas y perjudicadas en su trabajo a lo largo de varias décadas por uno de los tenores más prestigiosos y poderosos de la historia. Solo dos de ellas han publicado su nombre, el resto no lo ha hecho por temor a represalias. Pero eso no quiere decir que sean anónimas, la agencia conoce su identidad y ha contrastado su testimonio con otros testigos que corroboran su versión. No entiendo que se dude de que esto sea una noticia.

Que un delito haya prescrito no quiere decir que lo haya hecho su noticia. Eso no es incompatible con que la presunción de inocencia se respete

Varias personas del departamento de vestuario de la Ópera de Los Ángeles, de la que Domingo es director y fundador, han declarado a AP que el comportamiento del cantante entre bastidores con las mujeres “era de conocimiento común y que la gerencia lo había sabido durante años”. Una empleada asegura que su jefe le pidió que evitara enviar jóvenes atractivas cuando Domingo estuviera en vestuario en la temporada 2016-2017. Otra declara que trataban de invitar a su mujer a las fiestas y preguntarle por sus nietos como “estrategias” para que se comportara. Tengo también mis dudas de que reprochar a las denunciantes permanecer en el anonimato sea compatible con reprochar a las otras dos que hayan dado su nombre por afán de notoriedad.

Podemos también poner en duda qué ha motivado las acusaciones de AP, a la que el tenor acusa en su último comunicado de haber puesto en marcha una campaña para denigrarle. ¿Cómo puede defenderse una persona que se siente difamada cuando se le acusa verbalmente de algo que pasó hace varias décadas? La portavoz de Plácido Domingo se ha limitado a denunciar en su último comunicado que “los nuevos señalamientos de AP están llenos de incongruencias y, en muchos aspectos, simplemente equivocados”. La Ópera de Los Ángeles ya está conduciendo su propia investigación independiente para comprobarlo. La Ópera de Dallas, sin embargo, ha optado por cancelar una actuación de Domingo tras las últimas acusaciones sin indagar nada más. Se suma a las cancelaciones de la Orquesta de Filadelfia y la Ópera de San Francisco. Dudo que acierten al precipitarse con las cancelaciones, antes de molestarse en aclarar los hechos. También dudo que en Europa la mayoría de instituciones deban optar por respaldar al tenor unánimemente sin hacerse más preguntas.

La decisión que tome LA Opera con respecto a Plácido Domingo tendrá que ver con su actitud como directivo y compañero entre bastidores

Hay algo más de lo que no me cabe duda alguna. Que una cosa es la belleza de una obra de arte y otra la moralidad del artista. Pero cuando no estamos hablando de escuchar un disco, sino de asistir a un espectáculo en el que trabajan decenas de personas, los derechos laborales de todos ellos tienen que estar garantizados. Por eso es pertinente la investigación de LA Opera. La decisión que tome con respecto a Plácido Domingo no tendrá que ver con su valía como artista sino con su actitud como directivo y compañero entre bastidores. Hacer buenos informes, periódicos u óperas no está reñido con ser un acosador. Pero el acoso sí que está reñido con ser un buen profesional. De eso espero que no haya dudas.

Alguien puede ser muy bueno en su trabajo, padre y amigo ejemplar, incluso un magnífico filántropo, y eso no guarda relación alguna con si es capaz o no de cometer un delito. Porque tocarle los pechos y hacer daño a una mujer sin su consentimiento, como ha relatado la cantante Angela Turner que le hizo presuntamente Domingo antes de una actuación, ya era delito en el año 2000. También la misma cantante ha relatado a AP que en otra ocasión Domingo fue a buscarla a su camerino y le impidió salir de él hasta que le diera un beso. Si mandarle a la mierda podía suponerle a ella un riesgo en su carrera laboral, al acoso sexual se sumaría el abuso de poder. Aunque todavía hay quien duda de que tal cosa exista.

Tras conocerse estas acusaciones de Angela Turner, el dramaturgo Albert Boadella reprochaba en su cuenta de Twitter a la cantante, en defensa de Plácido Domingo, que ella “no le propinó un guantazo como cualquier mujer sensata que no desea ligar”. Y añadía que “las manos de un macho no están para estar quietas precisamente”. Desde luego, dudo que ayuden a Domingo presuntas defensas como esta. Las tetas de una mujer no están hechas para ser tocadas sin consentimiento. Y punto. Espero que, al menos sobre esto, no quepan dudas.

Y no, claro que no dudo que hay mujeres que a lo largo de la historia han utilizado su capacidad de seducción y el sexo para medrar en su carrera profesional. Tampoco tiene vuelta de hoja que si un jefe (o jefa) ha primado esos criterios a la hora de decidir un ascenso o un papel en 'La Traviata' merecería, como poco, el despido por no tomar decisiones de forma profesional basándose en el talento y no en las pulsiones de su bragueta.

Dudé también al leer el comunicado que hizo en agosto Plácido Domingo para defenderse de las primeras informaciones de AP si con sus palabras no estaba confirmando indirectamente la veracidad de una parte de los hechos y limitándose a justificar su contexto histórico y jurídico. Decía entonces el tenor, cuando las acusaciones aún se limitaban a ocho cantantes y nueve bailarinas, que “las reglas por las cuales somos medidos hoy son muy diferentes a como eran en el pasado”. Y tiene razón. Aunque no queda claro si con estas palabras lo que lamenta es su comportamiento pasado o que las reglas hayan cambiado.

De lo que cada vez tengo menos dudas es de lo dañina que es la tentación, nada más leer un titular, de dar por probados o por falsos unos hechos sin esperar a conocer una investigación contrastada con la versión de todas las partes. No entiendo que no esperemos a que la investigación continúe antes de sacar una conclusión. Los criterios por los que alguien merece el privilegio de ser admirado públicamente, igual que las normas, también están sujetos a evolución. Y cada uno es muy libre de admirar a quien le parezca. O de dudar si hacerlo.

Segundo Párrafo
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