¿De verdad no va a dimitir algún líder político si hay las elecciones?

No deja de ser curioso que, cuanto más rápido parece estar cambiando todo, sean precisamente los líderes de los partidos más nuevos los que más tiempo lleven en su cargo

Foto: Debate electoral de RTVE.
Debate electoral de RTVE.

A los candidatos a la presidencia del Gobierno habría que ponerles, como a los universitarios cuando se examinan, un tope de convocatorias. Más que una medida coercitiva, sería preferible, ante resultados repetidamente insatisfactorios, que lo que les mandara para casa fuera su profesionalidad o, en su defecto, la vergüenza ajena. Nuestro sistema político, sin embargo, no está pensado para que los líderes políticos que carezcan de estas dos capacidades. Así que cabe preguntarse si tras la previsible repetición electoral alguno de ellos dimitirá. O si van a seguir actuando como si todos ganaran mientras España sigue perdiendo el tiempo.

Lo más parecido a una novedad que veremos en los carteles del 10-N será la barba de Pablo Casado. Por lo demás, volverán a exhibirse en las farolas españolas, marquesinas y platós, como si tal cosa, las mismas jetas de los mismos hombres incapaces desde hace cinco meses de llegar a un acuerdo para gobernar España. A lo mejor esta vez es diferente y los que obtengan los peores resultados sí que dimiten por respeto a sus votantes. ¿O seguirán sus partidos tragando con unos líderes incapaces de hacer autocrítica?


No deja de ser curioso que, cuanto más rápido parece estar cambiando todo, sean precisamente los líderes de los partidos más nuevos los que más tiempo lleven en su cargo: Albert Rivera (desde la fundación de Cs en 2006) y Pablo Iglesias (desde que nació Podemos en 2014). A los que prometían renovar la política no hay, de momento, quien los renueve. En noviembre, si no hay sorpresa de última hora, será la cuarta vez en cinco años que estos líderes concurran a unas elecciones generales. También Pedro Sánchez va por las cuartas (en 2014, se convirtió en secretario general del PSOE, pero dejó el cargo entre octubre de 2016 y junio de 2017), pero lleva liderando su partido menos tiempo que aquellos. Es el candidato popular, presidente del PP desde 2018, el que menos campañas lleva a sus espaldas. Va por la segunda convocatoria y, visto lo mal que le fue la anterior, de que mejore sustancialmente el peor resultado de la historia de su formación probablemente dependa que la de noviembre sea la última.

Al presidente en funciones, que también se la juega por forzar la repetición electoral, puede salirle bien la jugada solo si revalida la victoria y mejora la posición del PSOE. Y si, como barruntan las encuestas, el PP de Casado también crece en escaños para irse recuperando del batacazo de abril, podrá presumir de ganar parte del apoyo perdido de los votantes al tiempo que afianza su diezmado liderazgo de la derecha. De los demás partidos con aspiraciones de gobierno, los que, por el contrario, más apoyo se arriesgan a perder el 10-N podrían ser precisamente Podemos y Ciudadanos. Según las encuestas, la inestabilidad de llevar medio año sin Gobierno favorece al bipartidismo. Y de confirmarse la caída en votos de las dos formaciones que se estrenaron como alternativa en unas elecciones generales en 2015, algo tendrá que ver también la gestión que han hecho en los últimos meses Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Tanto el líder de Cs como el de Podemos han optado por no facilitar la investidura de Pedro Sánchez. Rivera, que se sentía revalidado por aumentar su representación de 32 a 57 escaños en abril, no se ha molestado en estos meses ni en ir a Moncloa de visita. Confiaba en que su veto a Sánchez le ayudara a desbancar al PP como líder de la oposición. Pero esta apuesta de mirar solo a su derecha, más cerca de Vox que del PSOE, le ha costado las dimisiones de importantes figuras del partido, como Toni Roldán y Francisco de la Torre, que no compartían la estrategia de Rivera de renunciar a ser bisagra. Desde abril, Cs es el que más se desinfla en las encuestas. Está todavía por ver si las urnas del 10-N dan la razón a las voces que han advertido a Rivera de que se equivocaba, y, de ser así, si queda alguien dentro capaz de cuestionar al único líder que ha tenido este partido.

Pablo Iglesias, por su parte, dijo el viernes en 'Al Rojo Vivo' que si los resultados de Podemos son malos, “pondrá su cargo a disposición” de los inscritos. Claro que el líder morado también dijo en junio en TVE que "si alguien que encabeza una lista para ser presidente del Gobierno está dispuesto a quitarse de en medio, esa persona no debe ser nunca candidato". No ha dudado Iglesias, sin embargo, en confirmar que será él quien lidere su partido en las próximas elecciones, pese a haberse quitado de en medio en las negociaciones frustradas con Sánchez. Explicó Iglesias en La Sexta que su decisión de aceptar el veto personal ya caducó. Igual que su palabra de no presentarse si lo hacía.

Podemos perdió casi la mitad de sus escaños en abril y la mayoría de encuestas apuntan a que volvería a salir mermado de la cita de noviembre. Su situación es más delicada que la de Rivera, porque a diferencia de Cs, a Iglesias le han ido peor las últimas convocatorias electorales y las confluencias regionales están retirándole su apoyo. Poner su cargo en manos de su militancia, la misma a la que le pasó el marrón de bendecir la compra del chalé de Galapagar, no es más que una coartada. Los inscritos y las inscritas en Podemos, igual que lo que queda de la cúpula, son más pablistas que Pablo. Votarán que se vaya y le sustituya Irene Montero solo si así lo pide él públicamente, porque cualquier disidencia interna a la pareja galapagueña ha sido sistemáticamente borrada del partido morado.

La situación de Podemos es más delicada que la de Rivera, porque a diferencia de Cs, a Iglesias le han ido peor las últimas convocatorias electorales

Y no es una metáfora: en el último vídeo promocional de Podemos, un canto a la nostalgia de sus cinco años de historia, no sale ni un plano de Errejón, Bescansa ni del resto de figuras que un día fueron fundamentales y que han ido desapareciendo del mapa morado cuando desafiaban a Iglesias. Tampoco salen en este vídeo los líderes territoriales que, al menos teóricamente, siguen perteneciendo al partido morado. Seguramente así se ahorran tener que editarlos 'a posteriori' si deciden, como está pensándose Teresa Rodríguez en Andalucía, montarse por su cuenta. Es la única manera de disputarle el puesto al líder de Podemos que desde Vistalegre II han encontrado las voces críticas con su gestión.

Podemos y Cs han logrado en estos cinco años el milagro de tutearse con los dos principales partidos que han gobernado España los últimos 40 años. Los mismos líderes que desafiaron la hegemonía de PP y PSOE, aspirando a superarlos, se enfrentan en las próximas elecciones al reto más complicado del multipartidismo que contribuyeron a crear. El riesgo de ser percibidos no ya como alternativa, sino como el principal escollo a la formación de Gobierno. Tras cinco años intentándolo, Iglesias y Rivera podrían lograr algo aún más inaudito que derrocar al bipartidismo: que acabemos echándolo de menos.

Segundo Párrafo
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