Sustituirte por un robot es despido improcedente, pero esto no salvará tu empleo

Al mercado no le va a dar tiempo a reabsorber a los desplazados por la velocidad a la que estos 'bots' destruyen los puestos de trabajo que se quedan obsoletos

Foto: Un empleado de Toyota Motor Corp. muestra el robot humanoide que se utilizará en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020. (Reuters)
Un empleado de Toyota Motor Corp. muestra el robot humanoide que se utilizará en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020. (Reuters)

Amelia es una rubia de ojos azules que trabaja en Estocolmo en el departamento de atención al cliente tanto web como telefonista para el banco sueco SEB. Amelia también trabaja en Londres para el Gobierno británico y en Zúrich para UBS. Amelia habla 20 idiomas a la perfección y se aprende un manual de 300 páginas en 30 segundos al tiempo que responde miles de llamadas. Amelia, claro, es un robot.

El caso de Amelia lo cuenta en su reciente libro, ‘The Globotics Upheaval’, el economista Richard Baldwin. Este experto, que lleva 30 años estudiando la globalización, advierte de que por más que surjan nuevas oportunidades laborales con la automatización, al mercado no le va a dar tiempo a reabsorber a los desplazados por la velocidad a la que estos 'bots' destruyen los puestos de trabajo que se quedan obsoletos.

No se puede despedir a un empleado para sustituirlo por un robot para reducir costes

Uno de esos empleos que se han quedado obsoletos por la robotización es el de Estíbaliz, una administrativa de un hotel de Gran Canaria que fue despedida hace unos meses por la cadena hotelera en la que trabajaba desde hace 13 años. Un juez de Las Palmas acaba de dar la razón a la humana. No se puede despedir a un empleado para sustituirlo por un robot con el pretexto de reducir costes. Así lo determina el magistrado Javier Ercilla en una sentencia que hace unos días declaraba improcedente el despido de Estíbaliz.

Ella se dedicaba a labores de contabilidad y reclamación de deudas, una función de la que cuatro meses antes de su despido empezó a encargarse un 'bot', un programa informático que, a diferencia de Estíbaliz, no necesitaba parar para comer ni parar los fines de semana. La empresa decidió prescindir de esta empleada y otro compañero de oficina al comprobar que las tareas de ambos humanos las resolvía con más eficiencia Jidoka, un RPA (automatización robótica de procesos) para la gestión de cobros. De hecho, lo que la empresa alegó como causa de despido fue que lo que la trabajadora (humana) tardaba minutos en hacer, la máquina lo cumplía en segundos.

Despido improcedente

El juez, sin embargo, considera improcedente el despido en una sentencia que entra de lleno en los retos a los que se enfrenta el mercado laboral en plena robotización. "No había una carga de trabajo inasumible que justificara la introducción de un elemento robótico que se encargara de dicho excedente de trabajo", afirma en la sentencia el magistrado Javier Ercilla, quien subraya que para que un despido sea objetivo, es necesario acudir a una causa “excepcional”. En este caso, sin embargo, "la automatización de tareas hasta ahora desarrolladas por humanos no puede considerarse algo singular cuando todos los estudios apuntan a que la automatización de procesos implicará una destrucción de empleos de al menos el 35% de la población activa en los próximos años".

'Bots' como el que está detrás del despido de Estíbaliz ya se usan en todo tipo de empresas. Bancos y aseguradoras, por ejemplo, están entre los sectores que más rápidamente incorporan estas tecnologías. Un informe de PwC publicado el año pasado sostiene que el 30% de los empleos en estos dos sectores está en riesgo de desaparición en la próxima década en el mundo desarrollado. Y, por extensión, el 50% de los trabajos administrativos. La robotización afectará a corto plazo sobre todo a contabilidad, la atención al cliente y el 'telemarketing', que encabezan varios de los 'rankings' de empleos a punto de desaparecer. Las máquinas empiezan a ser mejores que los humanos realizando rutinas. Y las oficinas están llenas de ellas.

Amelia vs. Estíbaliz

El mercado está entrando en una nueva fase de la automatización. Mientras Estíbaliz va a recibir una indemnización por despido improcedente, los robots como Amelia siguen avanzando en las empresas. A Amelia la (¿lo?) diseñó Chetan Dube, CEO de la empresa IPsoft, que en vez de robot, prefiere denominar este sistema como un 'trabajador virtual'. Según Dube, Amelia sabe hacer 672 empleos diferentes gracias a la inteligencia artificial. Desde buscar información de una cuenta bancaria por un cliente o asesorar sobre pólizas de seguros hasta qué proceso seguir si ha perdido su tarjeta de crédito. A Amelia le encantan las rutinas.

En el congreso Digital Workforce Summit 2019, Dube sostenía que estas máquinas con capacidades cada vez más similares a los humanos no ponen en peligro el futuro del empleo, sino que suponen un cambio en la cultura del trabajo. Las tareas más rutinarias irán asumiéndolas los robots y en el futuro los humanos nos dedicaremos a las tareas más creativas. El creador de este sistema de inteligencia artificial calcula que sustituir los empleos más rutinarios aumentará el PIB mundial un 40%.

Este 'trabajador virtual' sabe hacer 672 empleos diferentes gracias a la inteligencia artificial

Eso está muy bien en la teoría, pero la práctica genera muchas dudas. Que se lo digan a Estíbaliz y a los millones de personas que temen que su empleo desaparezca en la próxima década sin tener muy clara cuál es la alternativa.

La sentencia de Las Palmas no está poniendo coto a la sustitución de trabajadores por máquinas. Solo está haciéndolo más caro para el empresario, que en el caso del hotel canario fue incapaz de acreditar que su empresa atravesaba por dificultades que justificaran la extinción del contrato. Es probable que, pese al encarecimiento del despido, le siga compensando económicamente poner a una máquina que no coge vacaciones ni tiene derecho alguno. Convertir en improcedente el despido por sustitución de una máquina no frenará la robotización.

Seis robots se despliegan como camareros en un restaurante de temática robot. (EFE)
Seis robots se despliegan como camareros en un restaurante de temática robot. (EFE)

La innovación siempre ha traído progreso. La cuestión está en cómo evitar que lleve pareja una mayor desigualdad y un desempleo masivo si la velocidad en la destrucción de empleo es tan dramática como pronostican los estudios que cita Baldwin. Si las empresas aumentan su competitividad con estas nuevas tecnologías diseñadas, tal y como reconoce el propio Dube, para sustituir a los humanos a un coste menor, no es descabellado pedirles que, mientras aumentan su competitividad, se involucren en el futuro de los humanos que conforman sus equipos.

Las empresas españolas necesitan apostar por la innovación para ser competitivas. Pero, entre tanto, hay que repensar el modelo laboral. No sirve proteger los empleos obsoletos, lo que hay que hacer es proteger a los trabajadores. Y la única protección útil a medio plazo pasa por darles mayor formación y oportunidades de reciclaje en tareas donde realmente los humanos sigamos siendo necesarios. Hay que repensar un sistema de prestaciones que involucre a las empresas y en el que urgen nuevas leyes adaptadas a los tiempos que vienen. El empleo es el mayor reto que tenemos por delante. Y a los robots sí que les da igual que el Gobierno esté en funciones.

Segundo Párrafo
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