Aniversario del 1-O: entre 'Braveheart' y '13 rue del Percebe'

Es muy esclarecedor que dos años después del referéndum ilegal, los símbolos políticos estén poco a poco desapareciendo de los balcones sin apenas hacer ruido

Foto: Manifestación en Barcelona convocada por la ANC con motivo del segundo aniversario del 1-O. (EFE)
Manifestación en Barcelona convocada por la ANC con motivo del segundo aniversario del 1-O. (EFE)

De cómo está el patio catalán en el segundo aniversario del 1-O tal vez digan más las banderas que ayer dejamos de ver que las que vimos. Las manifestaciones independentistas volvieron a llenar de esteladas las convocatorias de rigor, enseñando solo la patita a la espera de la sentencia del 'procés'.

Aniversario del 1-O: entre 'Braveheart' y '13 rue del Percebe'

Sin embargo, es muy esclarecedor que dos años después del referéndum ilegal, los símbolos políticos estén poco a poco desapareciendo de los balcones sin apenas hacer ruido. Cómo estarán de hartos los catalanes del 'procés' que la nueva cláusula de moda en los contratos de alquiler es la prohibición de colgar banderas en la fachada. Ni la señera, ni la estelada ni la rojigualda.

No puede extrañarnos demasiado que tengan más altura de miras los presidentes de comunidades de vecinos que el 'president' de la Generalitat a la hora de velar por la convivencia en Cataluña. Según el Colegio de Administradores de Fincas de Barcelona, en el último año se han vuelto frecuentes las consultas legales sobre la simbología política en fachadas y balcones catalanes. Y para salvaguardar la paz vecinal, al margen de cómo piense cada uno, cada vez son más las comunidades que optan por prohibir cualquier bandera en las zonas comunes.

Cómo estarán de hartos los catalanes del 'procés' que la nueva cláusula de moda en los contratos de alquiler es la prohibición de colgar banderas

Mientras tanto, las calles se volvieron a llenar de independentistas. Aunque llenarse es casi un decir. Apenas 20.000 personas acudieron a la marcha organizada por la ANC en el centro de Barcelona para el segundo aniversario del 1-O con el grito de "ni olvido, ni perdón", que bien podría ser también el eslogan de quienes esperan una sentencia ejemplar del Supremo. Cuando esta se haga pública en un par de semanas, veremos si la ciudadanía catalana está o no dispuesta a la desobediencia civil que han pedido los lideres independentistas.

Sería interesante saber cuántos de los que están a favor de lo que llaman ‘el mandato del 1 de octubre’, es decir, de saltarse la Constitución y esperar que no tenga consecuencias, acatan sin rechistar lo que vote su comunidad de vecinos. Desobedecer al alto tribunal es una cosa, pero al presidente del bloque sería ir demasiado lejos.

Por eso es tan oportuno que en el aniversario del 1-O las pancartas que piden la independencia se hayan convertido en una cláusula más de un contrato de alquiler, como quien prohíbe al inquilino fumar o meter mascotas. Es un gesto tan mundano que puede resultar demoledor para un 'procés' cada vez más desnortado. Por eso esperan como agua de mayo la sentencia del Supremo.

Al fin y al cabo, discutir con el vecino el derecho sobre decidir quién cuelga o no una bandera del balcón del cuarto izquierda tiene menos épica que enfrentarse a una dictadura imaginaria.Y cuando el independentismo se queda sin épica, se le nota que en vez de a 'Braveheart' se parece más a '13 rue del Percebe'.

Segundo Párrafo
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