Rectificar es de sabios y de veletas

Puede que no esté de más dejar de demonizar a los políticos cuando cambian de parecer. Ya que tenemos que conformarnos con votar a los mismos líderes que hace cinco meses

Foto: El presidente de Ciudadanos (Cs), Albert Rivera. (EFE)
El presidente de Ciudadanos (Cs), Albert Rivera. (EFE)

Cambiar de opinión te hace parecer inteligente. Al menos, es la conclusión de un reciente estudio publicado en la 'Harvard Business Review'. De ser cierto, tendríamos algunos de los políticos más listos del planeta y Albert Rivera lideraría todas las encuestas. Sin embargo, aquí parece que rectificar, al menos entre los líderes políticos, está mal visto. Sobre todo cuando el viraje se nota demasiado y llega a destiempo. Que se lo digan al líder de Cs, al que su anuncio este fin de semana de levantarle el veto a Pedro Sánchez le ha convertido en el blanco de todas las críticas, también de quienes llevan meses diciéndole que eso era justamente lo que debería hacer. Hasta Pablo Casado se ha animado a rectificar y habla de pactos tras el 10-N “incluso con el PSOE”.

Cabe preguntarse si resulta conveniente que cambiar de idea tenga tan mala prensa en política. ¿Está la obstinación en defender una idea equivocada mejor vista que rectificar? ¿Qué pensamos de quienes se niegan a cambiar de opinión? ¿Qué pasa con los líderes que continúan manteniendo una postura firme frente a evidencias contradictorias?

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Este equipo de científicas del comportamiento y profesoras de Administración de Empresas en Harvard, Laura Huang, Leslie K. John y Francesca Gino, realizó varios experimentos sobre toma de decisiones para analizar cómo vemos a los líderes veletas y cómo a los cabezotas. Primero examinaron las implicaciones de negarse a cambiar de opinión en un contexto empresarial. Resulta que el 76% de los empresarios se negaba a cambiar de idea cuando se encontraban con evidencias contradictorias a sus premisas, algo que, según las expertas, fue negativo para sus empresas. También descubrieron en otros experimentos que los líderes que sí cambian de opinión son percibidos como carentes de confianza, pero más inteligentes. Y, según estos resultados, “al menos en un contexto empresarial, mostrar inteligencia es, en última instancia, primordial”.

Inteligencia, confianza y contexto

Cambiar de opinión está mejor o peor visto según a qué se dedique cada uno, porque lo vergonzoso no es rectificar, sino tener que hacerlo públicamente. Hay trabajos en los que la terquedad está menos penalizada, y son precisamente aquellos en los que, como en la política (y periodismo), se requiere hablar en público. Ahí, tener confianza en uno mismo está mejor considerado que la inteligencia. En profesiones donde lo que más se valora es esta, sin embargo, cambiar de opinión sí que puntúa al alza (citan como ejemplo las ingenierías). Al final, todo depende del contexto y parece que política e inteligencia no deben de compartir necesariamente el mismo.

El citado estudio publicado en 'Harvard Business Review', pensado para gerentes y líderes empresariales, les recomienda, para favorecer que sus equipos tomen las mejores decisiones, que la gente pueda cambiar de opinión discretamente en las reuniones. Votar en privado, según sus experimentos, favorece la sinceridad de quienes se han dejado convencer por nuevos argumentos. Tomen nota en política los comités ejecutivos de los partidos acostumbrados a aprobar las decisiones por una sospechosa unanimidad que curiosamente siempre coincide con lo que vota su líder.

Cambiar de opinión está mejor o peor visto según a qué se dedique cada uno, porque lo vergonzoso no es rectificar, sino tener que hacerlo públicamente

Cuando hay evidencias de que la postura inicial del líder era incorrecta, pongamos, por ejemplo, porque el partido político que lidera sufre un desplome en las encuestas (la estimación de IMOP da a Cs la quinta posición tras Vox), las expertas de Harvard proponen algo que puede sonar revolucionario en la política española: rectificar diciendo, en voz alta y clara, “estaba equivocado". Quién lo hubiera imaginado. Resulta mucho más convincente reconocer un error públicamente que andar fingiendo que decir blanco y después negro era parte de un plan preestablecido ininteligible al común de los mortales.

No basta con rectificar

Lo malo de la rectificación de Rivera tal vez no sea que el líder de Cs haya cambiado una vez más de idea, algo que, francamente, también están haciendo los demás partidos, cada uno a su manera, en esta precampaña en la que ya nadie quiere ser visto como causante del bloqueo. Es que, en vez de rectificar un error, parece que el de Cs solo busque evitar 'in extremis' su desplome en las encuestas.

No se le ha oído a Rivera reconocer que se equivocó al cerrarse en banda a un pacto con el PSOE cuando ambos partidos sumaban mayoría absoluta, algo que a tenor de las encuestas es altamente improbable que se repita el 10-N. Negarse durante cinco meses a negociar con Sánchez le llevó también a perder varios de los miembros más reputados de su partido, los que le pedían hacer eso a lo que ahora parece dispuesto, cuando tal vez sea demasiado tarde. No basta con rectificar. Hay que explicárselo bien a los votantes o el volantazo puede servirle de poco a Cs para enderezar su ‘España, en marcha’.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (i), junto a la portavoz nacional del partido, Lorena Roldán. (EFE)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (i), junto a la portavoz nacional del partido, Lorena Roldán. (EFE)

Al final, los grandes beneficiados de que Rivera haya actuado de forma tan torpe y tardía están siendo sus dos rivales directos, a derecha e izquierda. Gracias a él, están pasando más inadvertidos los virajes de Pablo Casado, que aparece esta precampaña reconvertido en un moderado centrista que se postula líder del “desbloqueo”, y los de Pedro Sánchez, que para el 10-N trabaja la pose de azote del independentismo y de pronto confiesa que pactar con Podemos le quita el sueño. En realidad, todos han rectificado sus posiciones respecto a las anteriores elecciones y, se ponga Harvard como se ponga, no es inteligencia lo primero que se nos viene a la cabeza.

Ahora bien, puede que no esté de más dejar de demonizar a los políticos cuando cambian de parecer. Ya que tenemos que conformarnos con votar a los mismos líderes que hace cinco meses, verlos rectificar es lo más parecido a una renovación política (con permiso de Errejón) que tendremos las próximas elecciones. Claro que si los políticos pueden cambiar de idea, los votantes, faltaría más, también.

Segundo Párrafo
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