Pablo Iglesias tenía razón

Podemos ha ganado las elecciones en diferido con este preacuerdo con el que lleva tanto soñando. Y a quien más puede beneficiar un pacto de apoyos tan precarios, después de a Iglesias, es a Vox

Foto: El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, comparece ante los medios de comunicación para analizar los resultados en las elecciones. (EFE)
El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, comparece ante los medios de comunicación para analizar los resultados en las elecciones. (EFE)

No ha dado tiempo a preguntarse si el líder de Unidas Podemos podría correr la misma suerte que Albert Rivera, ni si Pablo Iglesias vería cuestionado su liderazgo tras perder siete escaños el 10-N y tres millones de votos -se dice pronto- en una ininterrumpida sangría morada cada vez que se han abierto las urnas desde 2015. Al final no ha tenido que hacer autocrítica porque ya la ha hecho toda Pedro Sánchez por él haciéndose una enmienda a la totalidad. Podemos ha ganado las elecciones en diferido.

El presidente del Gobierno en funciones, sin que sirva de precedente, ha cumplido su palabra. Dijo que tendría una propuesta de gobierno a las 48 horas de las elecciones y vaya si la tenía. Aunque la del plazo es prácticamente la única promesa que Sánchez honra en el preacuerdo firmado por sorpresa con Podemos, porque con él traiciona casi todas las demás. Darle a Pablo Iglesias la vicepresidencia de un gobierno de coalición desacredita todo lo prometido a los votantes socialistas por el presidente en funciones durante el debate electoral (¡hace una semana!) cuando dijo que no podría admitir en el Consejo de Ministros “un partido que defiende la autodeterminación en Cataluña” y en el que sus dirigentes “llaman presos políticos” a los condenados del 'procés', además de pedir para ellos los indultos.

Pablo Iglesias tenía razón

Afirmó también en campaña el presidente en funciones que no podría dormir tranquilo gobernando con un partido sin experiencia de Gobierno y que por tanto la coalición con Unidas Podemos sería “inviable”. Al final, se ha tenido que tragar todas sus palabras “sí o sí”, el nuevo eslogan favorito de Sánchez que le viene más al pelo a Pablo Iglesias, porque fue este quien advirtió que su apoyo pasaba impepinablemente por entrar en el Gobierno. Sí o sí..

El preacuerdo que Pedro Sánchez ha firmado con el líder de Unidas Podemos no solo marca una hoja de diez puntos para un pacto de legislatura que ambas partes denominan “progresista”. También rubrica solemnemente todas las mentiras de Sánchez en los últimos seis meses a todos los españoles y en especial a sus votantes. Así habría sido si las encuestas en verano no le hubieran sido tan favorables al PSOE ante una repetición electoral que luego le salió por la culata. Este nuevo pacto confirma que lo que más le quitaba el sueño al líder socialista no era necesitar el apoyo de los independentistas ni tener a Podemos metido en su Gobierno, sino quedarse sin él.

Dijo Sánchez en la comparecencia sorpresa en el Congreso de los Diputados, en la que además de firma hubo abrazo, que “lo que nunca cabrá en el espíritu del futuro Gobierno será el odio y la confrontación entre españoles". Lo suyo sería pensar que esas palabras excluyen forzosamente a Bildu y ERC de la ecuación, pero no parece que sea el caso. Sin estas dos formaciones, expertas en el odio y la confrontación al orden constitucional, las cuentas no salen. Un apoyo que ERC ya ha aclarado que no va a salirles gratis a UP-PSOE. Es de suponer que cántabros, turolenses, gallegos y canarios también querrán pasar la gorra a cambio de su escaño. De Errejón no consta ningún pero.

¿Y las derechas? Darle la vicepresidencia del Gobierno al líder de la extrema izquierda (sí, Podemos en España es la izquierda más extrema), la que quiere nacionalizar la banca, la energía y lo que se pueda, complica cualquier entendimiento con PP y Cs para pedirles una abstención técnica o un gran pacto de Estado. El PSOE no ha hablado de pacto alguno desde la noche electoral ni con Pablo Casado ni con lo que queda de Ciudadanos. Si habría sido o no posible un acuerdo para formar otro tipo de Gobierno más estable con el centroderecha no lo sabemos, pero como seguro no va a serlo es con Iglesias dentro.

El preacuerdo con Podemos tiene para Pablo Casado la ventaja de librarlo de la presión para abstenerse, pero le obliga a lidiar con divisiones internas como la que evidencia Cayetana Álvarez de Toledo pidiendo un pacto “de concentración constitucional”. Iglesias es también el que menos tendría que perder si la coalición se frustra antes de tiempo porque el preacuerdo que aspiran a que dure cuatro años solo durase unos meses. Y aunque ni siquiera lograsen sacarlo adelante, Iglesias ya saldría ganando. Solo la demostración de que Sánchez está dispuesto a tenerlo en el Consejo de Ministros tras una negociación de menos de 36 horas ya es una victoria para él.

Al siguiente partido que más beneficia este preacuerdo PSOE-UP de apoyos tan precarios, después de a Iglesias, es a Vox.Sobre todo si Podemos y el PSOE cuentan con el independentismo para sacarlo adelante. Porque al partido de la extrema derecha (sí, Vox es la derecha más extrema) no solo se lo frena con más políticas sociales que frenen la desigualdad, como explicó Iglesias en la presentación del preacuerdo. El ascenso del nacionalismo populista de Vox en territorios que tradicionalmente han votado izquierdas se alimenta del miedo a la incertidumbre económica, sí, pero también como reacción al odio a España que fomentan los independentistas. Los nacionalismos se retroalimentan. Y si para sumar la mayoría que Sanchez e Iglesias necesitan acaba siendo fundamental el apoyo de los que desafían la Constitución, también estarán de enhorabuena los que aspiran a desestabilizarla. Sí o sí.

Segundo Párrafo
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