Cómo el Congreso se convirtió en el Parlament

Si el bloque independentista se ha roto o no en Cataluña, está por ver. De lo que no hay duda es de que se ha roto el bloque constitucional

Foto: Santiago Abascal, dirigente de Vox, y el diputado de ERC Gabriel Rufián. (EFE)
Santiago Abascal, dirigente de Vox, y el diputado de ERC Gabriel Rufián. (EFE)

A punto de formarse el nuevo Gobierno, a la espera de que el martes Pedro Sánchez salga investido presidente en segunda votación, se anticipa una legislatura bronca en lo parlamentario y yerma en lo legislativo. Todo apunta a que vamos a pasarnos los próximos años sin un Ejecutivo capaz de aprobar reformas de calado a falta de mayorías que lo avalen. Pero mucho más incierto que aguantar un Gobierno que no legisla —en esto, ya tenemos años de experiencia— es el desgaste que tendrá en la política española un nuevo Congreso que nace quebrado en dos bloques antinatura que se deslegitiman mutuamente.

Sumar los apoyos para su Gobierno de coalición está llevando a los socialistas a hacer un esfuerzo a ratos obsceno que pase por alto todas las contradicciones que encierran algunos de sus socios. Se ha pasado Adriana Lastra los primeros dos días de la investidura apelando al “diálogo con el que piensa diferente” para justificar el acercamiento a Bildu y ERC, al tiempo que acusa a la derecha española de ser “antidemocrática”. PP, Cs y Vox también piensan diferente, pero con ellos no tiene nada que hablar. No parece que la portavoz socialista vea la contradicción. En esta, también hace la vista gorda. Así que ya nadie en el PSOE replica a Gabriel Rufián cuando dice que en España hay “represión” y “presos políticos”. Cómo van entonces a afeárselo a Pablo Iglesias, que desde la tribuna dijo que hay catalanes “en el exilio”. No le van a rechistar los socialistas a su futuro vicepresidente del Gobierno.

La portavoz 'abertzale', Mertxe Aizpurua, tampoco tuvo apenas réplica de Sánchez durante el debate de investidura. La diputada de EH Bildu acusó al Estado de autoritarismo y “crueldad extrema” por la dispersión de presos. Su apoyo a PSOE-Unidas Podemos lo condicionó a cambio de avanzar en lo que llamó "agenda de democratización" y, ya que estaba, cargó contra el rRey. Pedro Sánchez prefirió obviar en su turno de réplica cualquier defensa de Felipe VI y del orden constitucional del 78. Aprovechó, eso sí, para agradecer a la formación de Otegi su compromiso en la lucha contra el cambio climático. A esas alturas, a la presidenta de la Cámara, Meritxel Batet, el pleno ya se le había ido de las manos. Ciudadanos y PP protestaron porque no se hubiera llamado al orden a la diputada vasca por las descalificaciones al Estado y desde los escaños de la derecha se escucharon gritos de “asesinos, fascistas y terroristas”.

Cómo el Congreso se convirtió en el Parlament

Lastra acusó más tarde a Casado de “echarse en manos de la ultraderecha neofranquista”, en referencia a Vox, que a su vez había acusado al Gobierno PSOE-Podemos de ser “ilegítimo” y “fraudulento”. Hasta las acusaciones mutuas de estar perpetrando un golpe de Estado también se han vuelto un arma arrojadiza frecuente entre las diferentes formaciones. Están los partidos nacionales polarizándose tanto que empiezan a normalizar que se califique de antidemocrático todo lo que no esté de su parte. El independentismo catalán lleva años utilizando esa estrategia en su argumentario. No en vano, durante el debate de investidura el nuevo Congreso de los Diputados recordaba asombrosamente al Parlament catalán.

En el parque de la Ciutadella saben bien cuánto desgasta las instituciones esa manera irresponsable de hacer política que empieza a estilarse en la carrera de San Jerónimo. Se empieza dividiendo el Parlamento en bloques de buenos y malos y se acaba dividiendo la sociedad. Una parte del PSOE defiende la estrategia de este Gobierno de coalición PSOE-UP como una manera de romper el bloque independentista. Acercar ERC al pacto, suponen que lo alejará de la vía unilateral. Es una lectura arriesgada del ambiguo acuerdo que el PSOE ha firmado con el partido de Oriol Junqueras a cambio de su apoyo y que nadie del PSOE ha aclarado estos días ante sus señorías en el Congreso de los Diputados. Según Gabriel Rufián, basta tener wifi para saber de qué va el pacto. Y solo con esa gracieta ya dio el diputado de Santa Coloma más explicaciones del pacto en la tribuna que las que ofreció Pedro Sánchez.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE)
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE)

Si el bloque independentista se ha roto o no en Cataluña, está por ver. De lo que no hay duda es de que se ha roto el bloque constitucional. Sánchez ya solo tendrá que esperar al martes para salir investido con mayoría simple, lo que no está tan claro es cuánto tendrá que esperar este país para que el presidente aclare a ERC, Bildu y compañía que España es un país democrático. Como también lo serán su Gobierno y su oposición. Y esto sí que resulta sorprendente, que haya que aclarárselo a sus señorías.

Segundo Párrafo
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