La mujer que no pudo ver la final de la Supercopa en Arabia Saudí

Se llama Loujain al-Hathloul y no pudo ver la final de la Supercopa. Tampoco pudo ver un abogado cuando la detuvieron. Lleva en prisión desde mayo de 2018

Foto: Luis Rubiales y el príncipe Abdulaziz bin Turki Al-Faisal, con el trofeo de la Supercopa. (EFE)
Luis Rubiales y el príncipe Abdulaziz bin Turki Al-Faisal, con el trofeo de la Supercopa. (EFE)

Se llama Loujain al-Hathloul y no pudo ver la final de la Supercopa en Arabia Saudí. Tampoco pudo ver un abogado cuando la detuvieron. Lleva en prisión desde mayo de 2018, acusada de querer desestabilizar el reino por reivindicar el derecho de las mujeres a conducir y denunciar el sistema de tutela masculina que restringe sus derechos.

Loujain al-Hathloul no vivía en Riad ni estaba sometida a la dictadura en la que carecería de derechos fundamentales. Ella era una mujer libre que estudiaba en Canadá. Sin embargo, regresó a Arabia Saudí para participar en una campaña feminista contra la prohibición de conducir que sufrían las mujeres. Su padre la recogió en el aeropuerto, le prestó las llaves de su coche y filmó con orgullo a su hija conduciendo hasta casa. El vídeo se viralizó y la convirtió en la imagen de la campaña #Women2Drive. Desde entonces, se convirtió en un símbolo para las mujeres saudíes que reivindicaba en redes el machismo del régimen.

La presión de estas movilizaciones feministas tuvo sus frutos. Y justo un mes antes de que el Gobierno saudí concediera a las mujeres (cómo les gusta el verbo 'conceder' a los tiranos cuando les arrebatan algo) la autorización de conducir, Al-Hathloul fue detenida por la policía saudí en mitad de la noche. Cuando su hermana Lina, que vive en Bruselas, se enteró de que su hermana estaba en la cárcel, pensó que era una broma. No se lo creía porque, en mayo de 2018, se suponía que las cosas ya estaban cambiando en Arabia Saudí.

El príncipe Bin Salman, el mismo que celebró la Supercopa junto a lo más granado del fútbol español, presumía ya entonces de estar liberalizando el país. Antes de levantar la prohibición de conducir, sin embargo, las autoridades saudíes detuvieron a Al-Hathloul y a otra docena de activistas que habían peleado por ese derecho. No querían que ellas pudieran reivindicarlo como logro después de años de lucha y, lo más peligroso, no fuera que cundiera su ejemplo y una vez logrado el de conducir, les diera por seguir exigiendo más derechos.

Loujain al-Hathloul lleva más de 600 días en prisión por reivindicar lo que su campaña consiguió que se hiciera realidad y se arriesga a penas de hasta 20 años de cárcel. Amnistía Internacional denuncia que en la cárcel ha sido víctima de abusos sexuales y malos tratos. Su familia primero guardó silencio, pero al ver que nada cambia, han pasado a buscar el apoyo internacional.

En agosto, Arabia Saudí ofreció a Al-Hathloul un trato para salir de prisión a cambio de que negara públicamente que hubiera sido torturada. Su familia contó a la CNN, que ella rechazó el trato. No quería encubrir a Saud Al-Qahtani, ex asesor principal del príncipe heredero Mohammed bin Salman, al que acusa de haber supervisado las torturas. Al-Qahtani, por cierto, fue destituido de su cargo por su presunta implicación en el asesinato de Jamal Khashoggi, el periodista del 'The Washington Post' al que ser crítico con el régimen saudí le costó la vida. Tampoco él pudo ver ayer la final de la Supercopa española.

Hace un par de meses, el Gobierno saudí, al que la Federación Española de Fútbol está ayudando a presumir de lo mucho que se está modernizando, emitió un vídeo en el que comparaba poner bombas con el feminismo, el ateísmo y la homosexualidad (estas dos últimas, penadas allí con la muerte). Lo promovía la Dirección General para Combatir el Extremismo. Porque en Riad tienen una Dirección General para Combatir el Extremismo. Incluye todo lo que desafíe la monarquía absoluta. Tras la polémica internacional por el vídeo, el Gobierno saudí lo retiró porque contenía “varios errores”. La buena noticia es que a Riad le importa la presión internacional. La mala, que apenas la sufre.

No hay más que ver lo mucho que celebrar la Supercopa en Arabia Saudí ha ayudado al régimen a presumir de sus presuntos avances y maquillar la tiranía. Hasta Luis Rubiales se felicitó porque en el estadio de fútbol de Yeda se pudieran ver juntos hombres y mujeres, al menos mientras las cámaras estuvieran allí. Lo dijo como si fuera mérito de la Federación Española de Futbol que preside. Olvida Rubiales que faltaban Loujain al-Hathloul y el resto de activistas encarceladas que se han dejado la piel para hacerlo posible y ahora el cruento régimen saudí trata de silenciar. Un grupo de mujeres de Amnistía Internacional se manifestaron en Madrid frente a la embajada de Arabia Saudí para recordárselo. Las que protestaron en Riad siguen en la cárcel.

Segundo Párrafo
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