El mediador que necesita Cataluña

El PSOE quiere que la respuesta sea una especie de nuevo Estatut. Los partidos independentistas esperan que sirva para convocar una consulta sobre la independencia

Foto: Quim Torra, en una imagen de archivo. (EFE)
Quim Torra, en una imagen de archivo. (EFE)

A Quim Torra le ha sentado mal que el Gobierno de Sánchez decida la fecha de la mesa de diálogo con la Generalitat “unilateralmente”. En serio. Eso dijo. Y esto sí que es una novedad: a JxCAT le molesta la unilateralidad. El partido que estaba al frente de la Generalitat cuando esta trató de separar Cataluña del resto de España sin contar con el apoyo de la mayoría de los catalanes, ni mucho menos del resto de los españoles, ni por supuesto de la ley, se queja ahora de unilateralidad. ¿Acaso no querían un diálogo entre iguales?

La mesa de diálogo, que nace de la exigencia de Esquerra para apoyar la investidura de Sánchez y es requisito para que este partido apoye los Presupuestos del Gobierno de PSOE-UP, aspira, teóricamente, a avanzar en la búsqueda de una solución para la crisis catalana. El PSOE quiere que la respuesta sea una especie de nuevo Estatut. Los partidos independentistas, por su parte, esperan que sirva para convocar una consulta sobre la independencia. Es improbable que se materialice ningún acuerdo claro. Pero a ninguna de las partes le preocupa ahora el resultado que salga de la mesa, sino su escenificación.

Como el 'president' de la Generalitat —de salida después de anunciar una convocatoria electoral en diferido— ya no se puede quejar de la disponibilidad del Gobierno de España a negociar (o al menos a que lo parezca), necesita indignarse por las formas. Que si no me habéis avisado de lo del lunes, que si no he mirado la agenda, que si mejor lo dejamos para otro día con más calma. Las típicas excusas que se ponen en un grupo de WhatsApp cuando se quiere sabotear una quedada.

ERC tiene prisa por que se formalice la mesa para demostrarle a su electorado independentista antes de las elecciones catalanas que la estrategia de acercamiento a Moncloa da sus frutos; también al PSOE le interesa sentarse cuanto antes para que sus socios de investidura le aprueben los Presupuestos en marzo, imprescindible para que dé tiempo a que entren en vigor en la segunda mitad del año y asegurarse de paso la legislatura; pero a JxCAT, como los Presupuestos de Sánchez le dan igual, no le viene bien que se celebre la mesa antes de que Puigdemont reaparezca el día 29 en Perpiñán en un macroacto reivindicativo, no sea que le quite protagonismo al 'expresident'. La prioridad de JxCAT no es dialogar, ni que lo parezca, sino desmarcarse de Esquerra, que es con quien el Gobierno lleva días negociando los detalles de la puesta en escena de la mesa de diálogo, valga la redundancia.

Así que no son los intereses de los catalanes, ni de los españoles, ni siquiera los intereses de los independentistas, lo que está en juego en la reunión que el Gobierno de Sánchez ha propuesto que se produzca el lunes 24 de febrero en la Moncloa. Lo que se está peleando son los intereses electorales a cortísimo plazo de los partidos independentistas que se sientan a ella y la aprobación de los Presupuestos del Gobierno de coalición.

Para justificarse

La mejor prueba de que cada reunión de esta mesa no parece que vaya a servir para nada más que para justificarse a sí misma es que ni siquiera antes de empezar las partes están dispuestas a cumplir lo acordado. Tras reunirse el presidente Sánchez con el presidente de la Generalitat en Barcelona el pasado 6 de febrero, anunciaron que el acuerdo de “la negociación bilateral” empezaría antes de que acabe este mes de febrero y que las partes acordarían los detalles. Ni el PSOE-UP parecen haber consensuado la fecha más que con Esquerra, ni a JxCAT le parece ya imprescindible que sea en febrero. Insisten los de Torra en que la figura del mediador es imprescindible. A ERC no se lo parece.

La duda ahora entre los partidos independentistas es a cuál de los dos beneficiará el paripé negociador. Si al entusiasmo republicano o a las renuencias neoconvergentes. No hay visos de que Esquerra y JxCAT vayan a hacer frente común, al menos antes de las elecciones catalanas. Así que tal vez tenga razón Torra cuando dice que urge un mediador en esa mesa de diálogo. Pero no para ayudar a la Generalitat a entenderse con el Gobierno de España, sino para que intermedie entre los independentistas. La otra duda, que al Gobierno de Sánchez debería preocuparle más que sus propios Presupuestos, es si estas reuniones servirán para enfriar la tensión separatista o si la azuzarán.

Segundo Párrafo
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