Podemos empieza a naturalizar el fracaso

Lo de Podemos es un desastre sin paliativos. Tras ser el partido más votado en Galicia y Euskadi en 2016, ha quedado fuera del Parlamento gallego y ha perdido la mitad de los escaños en País Vasco

Foto: El secretario general de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)
El secretario general de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)

Podemos es un partido donde reina un hiperliderazgo individualista que se esfuma en las derrotas. Los éxitos son del líder, pero tanto colectiviza Pablo Iglesias los batacazos que cuando se suceden no es que no sean cosa suya, es que ya ni siquiera lo son del partido, lo son del “espacio político”. Así, en general. Eso escribió el líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno al conocer los resultados de las elecciones gallegas y vascas del 12-J.

Lo de Podemos es un desastre sin paliativos. Tras ser el partido más votado en Galicia y Euskadi en las elecciones de 2016, ha quedado fuera del Parlamento gallego y ha perdido la mitad de los escaños en País Vasco, e Iglesias promete autocrítica. Pero también prometió integrar el errejonismo tras Vistalegre II. Si el futuro del partido le importara, debería empezar por aplicársela a sí mismo. Pero como Iglesias está acostumbrado a que cuanto peor le va a Podemos en las urnas más prospera él, no está acostumbrado a responsabilizarse de ninguna derrota. Al fin y al cabo, es vicepresidente del Gobierno tras haber perdido 1,5 millones de votos en las generales

Juan Carlos Monedero va más allá. Para el único de los fundadores del partido que mantiene la lealtad a Iglesias tras las innumerables purgas de los últimos años, el problema del hundimiento de Podemos el 12-J lo tienen los demás. Acusa en su análisis a la izquierda nacionalista tanto vasca como gallega de haberse “podemizado”. De ahí que le vaya tan bien al BNG (triplica sus resultados), según el politólogo, porque les han copiado. No aclara por qué entonces los que se hunden son ellos.

Si esta es la autocrítica que está dispuesto a hacer Podemos, mejor que vayan aprendiendo a naturalizar la derrota. Esa insinuación de que los que se equivocan son los votantes por votar a los partidos que sacan mejores resultados que el propio, no suele gustar mucho a los votantes. Ya lo intentó Rosa Díez, que en 2015 achacó su derrota electoral a haberse equivocado de votantes e incluso de país por haber creado “un partido para Dinamarca en vez de para España”. En Galicia, Podemos ya tiene los mismos escaños que UPyD.

En las bases de Podemos, en las que después de cuatro años solo quedan los pablistas, están pidiendo renovación y caras nuevas. También la piden los purgados. “Esta noche, el batacazo hay que apuntárselo a una dirección de partido que ha querido controlarlo todo a costa de convertir Podemos en un solar sin nadie que les moleste”, se despachaba en Twitter el exsenador Ramón Espinar, que desde que dejó el partido morado y dice lo que piensa suena mucho más sensato. “No se puede hablar de plurinacionalidad y dirigir una campaña en Galicia y Euskadi desde Madrid”, añadía también en su recado a Iglesias, aunque sin mencionarlo: “Endogamia, incapacidad para llegar a acuerdos, sectarismo, agresividad indiscriminada con los medios, expulsión sistemática de la disidencia y el talento, burocratización que impide desarrollar iniciativas locales, autoritarismo…”.

A Podemos no le está ayudando en las urnas estar en el Gobierno. Seguramente haya acrecentado más aún la imagen del hiperliderazgo madrileño del partido, algo perjudicial, especialmente en dos territorios en los que el nacionalismo goza de mucha fortaleza y las bases territoriales de su partido están totalmente desdibujadas. El problema venía de antes. Las candidaturas de Podemos tanto de Galicia como del País Vasco fueron las que Iglesias quiso que fueran. En febrero, tras las primarias, la dirección de Podemos Euskadi dimitió en pleno tras la victoria de la candidata nacional. Las listas electorales protagonistas las controló Iglesias. Y a los mítines victimistas de Iglesias quejándose de las cloacas se sumaba en Euskadi una estrategia electoral que como plato fuerte consistía en unos vídeos con una especie de Power Rangers. Viéndolo todo junto, tal vez no sea tan sorprendente el resultado.

El partido que más poder pierde es Podemos. ¿Resistirá el hiperliderazgo de Iglesias esta debacle electoral como aguantó las anteriores?

La derrota de Podemos, sin embargo, no tiene paliativos. Los demás, incluso los que no han ganado, al menos, tienen algo que celebrar. El PSOE sigue siendo necesario para formar el Gobierno de Urkullu, que vuelve a ganar las elecciones vascas aumentando su apoyo. Eso sí, la prima de la mayoría que suele asociarse a los partidos que gobiernan no ha beneficiado en absoluto a Podemos, pero tampoco al PSOE, que ni siquiera ha sabido captar los votos que perdía su socio de gobierno. El partido de Pedro Sánchez no mejora sus resultados en el País Vasco (Idoia Mendia se mantiene) ni en Galicia (donde lo adelanta el BNG).

El PP, por su parte, celebra la cuarta mayoría absoluta en Galicia, que demuestra que Feijóo es inmune al covid (no aumentó la abstención, como se temía), y sigue siendo inmune a Vox y a Cs (ambos fuera del Parlamento gallego). El líder gallego optó por ningunear a Vox en la campaña y le ha salido bien. Por el contrario, Carlos Iturgaiz, nombrado por Pablo Casado como un revulsivo, ha resultado ser un disolvente. Sin embargo, a diferencia de Podemos, el PP vasco, pese al batacazo de su lista conjunta con Cs, tiene algo por lo que alegrarse, aunque sea en la otra comunidad autónoma. El (todavía) líder del PP vasco recibió el aplauso más caluroso de la noche al mencionar a Feijóo. El resultado electoral en Euskadi da motivos para la alegría incluso a Vox (logra entrar en el Parlamento de Vitoria con un escaño por Álava) y a Cs (que se estrena con dos escaños y es el único que sale ganando con el experimento de la lista conjunta con el PP). Bildu y BNG logran el mejor resultado de su historia.

El partido que más poder pierde es Podemos. ¿Resistirá el hiperliderazgo de Iglesias esta debacle electoral como aguantó las anteriores? Desde que sacó más de cinco millones de votos en 2016, no ha parado de perder votantes y ganar poder. Con Iglesias en el Gobierno, el partido se va desintegrando hasta quedarse en la raspa madrileña. De momento, parece que le compensa. Veremos si su hiperliderazgo es capaz de zafarse también de esta derrota.

Segundo Párrafo
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