La bomba radioactiva de Madrid y el Cuponazo de Ayuso
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La bomba radioactiva de Madrid y el Cuponazo de Ayuso

Las hileras de docentes haciendo cola recordaban a aquel anuncio ochentero del lanzamiento del Cuponazo en el que miles de personas esperaban en una fila y no se sabía bien a qué

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Apenas una semana más tarde de asegurar muy seria que “los colegios van a ser los entornos más seguros” para los niños y que la vuelta a las clases no es momento de sembrar “ni pánico ni alarma”, Isabel Díaz Ayuso afirmó con su desenfado habitual que “es probable que casi todos los niños se contagien del coronavirus” a lo largo del curso porque el covid está "en todas partes". Y eso que no era momento de crear alarma. La primera frase, la que aspiraba a garantizar a los padres la seguridad de sus hijos, la leyó a finales de agosto en la Asamblea en un discurso que llevaba escrito. La segunda la improvisó anteayer en una entrevista, que es cuando Ayuso dice sin pensar las cosas que realmente reflejan cómo piensa.

Será que a medida que se aproxima la apertura del curso escolar, viendo todo lo que no les ha dado tiempo a organizar en la región que lidera la tasa de contagios de covid-19 en toda Europa, en el gobierno madrileño han pensado que lo mejor es ir rebajando aquellas expectativas con las que volvieron del verano diciendo que estaba todo controlado. O a lo mejor es que no han pensado.

No le conviene al Ejecutivo madrileño seguir insistiendo en que llevan desde mayo preparando todo esto, porque viendo el desbarajuste provocado por tratar de testar a 100.000 profesionales en cuatro días, avisándoles con pocas horas de antelación y sin poner los recursos sanitarios necesarios para atenderlos, se entendería mejor si solo fuera una ocurrencia a la que con las prisas no le hubieran dado muchas vueltas. ¿O de verdad llegaron a la conclusión de que tenía sentido de apiñar a los profesores de secundaria cuyas clases empiezan a finales de mes testándolos al tiempo que a los de infantil que han empezado ya? ¿Y reflexionaron la conveniencia de contratar una empresa que hace a los maestros del sur de Madrid desplazarse a la otra punta de la ciudad para hacerse el test (en vez de reforzar los recursos de los centros de salud más cercanos) solo unos días después de que el alcalde pidiera expresamente que en esos barrios se salga a la calle lo menos posible? Mucha gente en poco tiempo con medios escasos no podía salir bien. Y si realmente hubieran dedicado cuatro meses a planear semejante despropósito tendría más delito que haberlo improvisado, porque las prisas tienen mejor arreglo que la incompetencia.

"Tan evidente ha sido el último desatino que no se entiende que el impulso del equipo de Ayuso haya sido acusar a los docentes de no llegar a su hora"

Las hileras interminables de docentes haciendo cola por las calles de Madrid recordaban a aquel viejo anuncio ochentero del lanzamiento del Cuponazo en el que miles de personas esperaban en una fila y no se sabía muy bien a qué. Solo que lo que esta imagen anunciaba era una alarmante deficiencia en la gestión de la pandemia en una región cuya tasa de contagio no deja ya más margen para el error. Tan evidente ha sido el último desatino que no se entiende que el primer impulso del equipo de Ayuso haya sido acusar a los docentes de no haber llegado a su hora. Enrique Ruiz Escudero, consejero de Sanidad, incluso calificó de "hazaña" tratar de hacer 100.000 los test en cuatro días.

Lo decía, mientras la tele mostraba la aglomeración de docentes al sol, como si los participantes del experimento debieran encima estar agradecidos porque se contara con ellos para semejante gesta. Como si les hubiera tocado el Cuponazo en vez de una extracción de sangre para un test serológico con fines más populistas que epidemiológicos que le ha salido al Gobierno madrileño por la culata. La misma presidenta regional que advirtió al Gobierno de Sánchez en un Pleno de la Asamblea durante el confinamiento que en cuanto “la gente salga a la calle lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”, pide a los maestros lealtad cuando amenazan con huelgas y protestas. Solo acertó el Ejecutivo de Ayuso cuando por la tarde rectificó y pidió disculpas ante las quejas de los profesores que habían aguantado colas de más de dos horas.

Foto: Imagen de Fernando Simón, este lunes. (EFE)

Por eso no podía haberle hecho mejor favor al Gobierno madrileño el presidente Emiliano García Page que ese mismo día dedicarle a Díaz Ayuso una salida de tono, que es como dedicarle un toro a Manolete. “Un 80% de los casos de contagios de Castilla-La Mancha nos han llegado de la bomba radioactiva vírica", dijo el barón socialista en referencia a la capital buscando coartada a los rebrotes en su región en lo que llamó “el efecto Madrid”. Efecto que por cierto él mismo buscaba, con otros fines, cuando a principios de verano su Gobierno puso en marcha un programa para promocionar la hostelería y el comercio manchego para atraer turistas a la región.

Nada puede venirle mejor a Ayuso en este momento que acabemos discutiendo por las salidas de tono político del tarambana de turno en vez de centrarnos en las carencias de la gestión de cada uno de ellos frente a la pandemia. Llamar a Madrid “bomba radioactiva” es el asidero perfecto para desviar un par de telediarios una atención mediática más acostumbrada a poner en el enfrentamiento político que en la gestión. Afortunadamente para Ayuso nunca falta un Page o un alcalde de Valladolid que saque algún tuit del tiesto para alimentar el discurso victimista de que quien rebate todas las críticas a su gestión con la coartada de que le tienen manía. Ya no a ella, sino a todo Madrid, en una especie de metonimia populista.

En vez de tratar de convencernos a los madrileños de que fuera nos tienen manía, ya es hora de que se pongan a gestionar

Pero el virus está apretando demasiado fuerte en la capital para que podamos permitirnos perder más el tiempo en flipar con declaraciones desafortunadas. En Alemania, las regiones decretan confinamiento forzoso a partir de los 50 casos por cada 100.000 habitantes (allí Merkel, a diferencia de Sánchez, sí ha sido capaz de fijar un criterio común para todo el país). Madrid ha tenido que llegar a una ratio de más 467 casos por 100.000 para que reaccione el Gobierno regional, que es quien ostenta las competencias, y anuncie este viernes nuevas medidas contra el coronavirus, como las restricciones de aforo y el refuerzo del transporte público. En vez de tratar de convencernos a los madrileños de que fuera nos tienen manía, ya es hora de que se pongan a gestionar.

Apenas una semana más tarde de asegurar muy seria que “los colegios van a ser los entornos más seguros” para los niños y que la vuelta a las clases no es momento de sembrar “ni pánico ni alarma”, Isabel Díaz Ayuso afirmó con su desenfado habitual que “es probable que casi todos los niños se contagien del coronavirus” a lo largo del curso porque el covid está "en todas partes". Y eso que no era momento de crear alarma. La primera frase, la que aspiraba a garantizar a los padres la seguridad de sus hijos, la leyó a finales de agosto en la Asamblea en un discurso que llevaba escrito. La segunda la improvisó anteayer en una entrevista, que es cuando Ayuso dice sin pensar las cosas que realmente reflejan cómo piensa.

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