¡Pobre Madrid!

En Madrid, los anuncios no solo se confunden con realidades en los bolardos vestidos de balón

Foto: La presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
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Para celebrar el arranque de temporada, a LaLiga se le ocurrió disfrazar los bolardos de piedra del centro de Madrid como si fueran balones de fútbol. Y sin sospechar que el esférico con el logo de Puma era en realidad hormigón armado recubierto de una tela de colores, muchos transeúntes solo descubrían el trampantojo después de darle una patada.

En Madrid, los anuncios no solo se confunden con realidades en los bolardos vestidos de balón. También la presidenta de la comunidad anunció un refuerzo del personal sanitario en mayo que aún no ha contratado. Isabel Díaz Ayuso anuncia ahora que será a mediados de octubre cuando tengamos los 1.500 rastreadores, que son los que, según los estándares internacionales, hacen falta para una población como la madrileña para seguirle la pista al coronavirus, cada vez más descontrolado. Llevan cuatro meses haciendo falta. Y hubieran sido más útiles antes de que la Atención Primaria volviera a colapsarse.

Solo en los primeros 10 días de septiembre, se han contagiado por coronavirus en la región más madrileños que en mayo, junio y julio juntos. En las últimas 24 horas, Madrid ha sumado 1.207 casos (cuatro veces más que Navarra, la siguiente en la lista de mayores contagios). El problema está saturando los hospitales y la ocupación de camas UCI vuelve a aumentar de manera alarmante sin que hayan llegado los refuerzos prometidos. En otras comunidades autónomas, la tendencia es igualmente preocupante, pero Madrid va en cabeza de contagios en España, como España lo va en Europa.

En medio de las protestas de los sanitarios por la falta de personal y la precariedad en que atienden a los pacientes, Ayuso ha anunciado en el debate del estado de la región que invertirá 80 millones de euros en tres años para reforzar el personal de la Atención Primaria. Otro anuncio que da lugar a confusión. En realidad, es una inversión menor de los 30 millones anuales a los que se comprometió el PP en el acuerdo de gobierno que firmó con Cs en 2015. ¿No es extraño que en medio de una pandemia que la desborda sea menor que antes la inversión que precisa? Es el riesgo de fiarse de los anuncios.

Ayuso, que ya habla de sí misma en tercera persona, está convencida de que el Gobierno de Pedro Sánchez se “ensaña” contra ella: "El virus lo inventó Ayuso y todo lo que sucede en España y en el planeta con el coronavirus es culpa de Ayuso". Seguramente la presidenta madrileña tenga razón y en Moncloa han estado intentando que parezca ella la líder de la oposición, porque da mucho más juego de archienemiga que Pablo Casado. En Madrid, igual que en el resto de España, la oposición no es más que un trampantojo.

De todo lo reprochable a la presidenta Ayuso, lo que no se le puede recriminar es que se le olvide que su oposición no es Pedro Sánchez sino Ángel Gabilondo. El líder de los socialistas madrileños se ofreció en la Asamblea al vicepresidente Aguado, entre citas de Kant, a cambiar “el Gobierno fallido” de Ayuso. Lo hizo con tanta desgana que no contar con el apoyo de Cs seguramente le haya supuesto un alivio. Peor es lo de Errejón, que cuando estaba en la Asamblea de Madrid quería hacerse un hueco en la política nacional y ahora sueña con ser la oposición de Ayuso.

Madrid no tiene suerte en sus gobernantes, pero tampoco en su oposición. En vez de candidatos, los partidos solo colocan trampantojos. Como el de Pepu Hernández en el ayuntamiento. Si en vez de al exentrenador, el PSOE tuviera un bolardo como portavoz del grupo municipal, muchos madrileños no notarían la diferencia.

En Madrid hay que tener mucho cuidado con las apariencias hasta cuando dando un paseo uno se encuentra un balón. Una pena que la indignación en las redes forzara la retirada de aquella campaña de Puma. Los madrileños necesitamos señales que nos recuerden constantemente de que no debemos fiarnos de las apariencias, aunque el recordatorio a veces duela.

Teniendo en cuenta que siguen sin llegar los refuerzos prometidos para educación y sanidad, el balón que escondía un bolardo no es el anuncio más peligroso que hemos tenido últimamente.

Segundo Párrafo
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