La reunión de Ayuso y Sánchez: ¿punto de inflexión o viaje a ninguna parte?

La misión de esta reunión nunca ha sido controlar la pandemia sino la agenda

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Con la pandemia, se están poniendo de moda los viajes a ninguna parte. Son ya varias las aerolíneas que venden vuelos panorámicos de estos que aterrizan en el mismo lugar de donde despegan para quienes echan de menos volar durante unas horas. Así pueden hacerlo sin tener que pasar fronteras, test ni cuarentenas. La aerolínea Qantas sacó a la venta el jueves uno de estos vuelos a ninguna parte en Australia que se agotó en 10 minutos. Ese mismo día, el presidente Sánchez anunciaba por carta que iría de viaje a la Puerta del Sol a ver a la presidenta Díaz Ayuso. El viaje de la Moncloa al kilómetro cero, igual que con los vuelos panorámicos de Qantas, no es más que un fin en sí mismo.

Oficialmente, el objetivo de ambos gobiernos es estrechar la colaboración frente al coronavirus. Sin embargo, la hoja de ruta para ambas partes apunta al mismo lugar del que parten: el de la confrontación. La de Sánchez y Ayuso es por tanto una reunión panorámica pensada para las vistas. Bien puede habérsela inspirado a Iván Redondo ese capítulo de su serie favorita en el que el presidente Bartlett sale de la Casa Blanca y llega andando hasta el Capitolio para sorpresa de los republicanos. Cuando el presidente de Estados Unidos se muestra humildemente dispuesto a negociar con ellos yendo hasta su despacho, pierden el pulso al Gobierno.


En ese capítulo del 'Ala Oeste de la Casa Blanca', el golpe de efecto funciona, porque desplazarse hasta el terreno del oponente ayuda al presidente a desplazar también la presión ante la opinión pública. En el guion de Aaron Sorkin, el problema acaba desbloqueándose cuando la falta de acuerdo deja de ser culpa de quien da el paso de acercarse. Según esto, la visita de Sánchez a Ayuso, más que un gesto de condescendencia, es una encerrona. En el guion de Iván Redondo, sin embargo, después del fundido en negro, la pandemia va a seguir aquí. Y el truco llenará telediarios, pero no va a salvar vidas.

El presidente Sánchez, que pese a tener mucha prisa por reunirse con Ayuso encontró tiempo para dar antes una entrevista en La Sexta, dijo el sábado por la noche que a la Puerta del Sol no iría “a tutelar ni a juzgar”. El tono paternalista desmentía lo primero. Las palabras al día siguiente de uno de sus ministros de mayor confianza, lo segundo. José Luis Ábalos calentaba el domingo los ánimos de la reunión declarando culpable al Gobierno de la Comunidad de Madrid de poner “la economía por encima de la salud” en una entrevista en 'El País'. Tampoco sonaba muy conciliador el Gobierno regional, por su parte, que mientras oficialmente preparaba durante el fin de semana “un espacio de cooperación” con Sánchez, acusaba a Moncloa en boca del consejero de Salud, en 'ABC', de no ir a la reunión del lunes a ayudar, sino a forzarlo a que “claudique” y pida el estado de alarma.

La escenificación de esta tregua se ha intentado plantear como un punto de inflexión que no se han creído ni sus protagonistas, con más ganas de ahondar en la confrontación que en la reconciliación. Y retrasar 72 horas una reunión que se presupone urgente les ha dejado tiempo para mandarse muchos recaditos, por si quedara alguna duda de que la misión de este encuentro nunca ha sido controlar la pandemia sino la agenda.

Mientras Ayuso trazaba el perímetro de los barrios con más contagios, que ante su inacción se siguen descontrolando también en el resto de la región, Sánchez ha estado centrado en trazar otra frontera, la que frene el contagio a su reputación del desastre madrileño. Pero por más que el presidente Sánchez ponga hábilmente todos los focos en la Puerta del Sol, la sombra del estado de alarma no solo se cierne sobre Madrid. La gobernada por Ayuso es la región más afectada (con 651 positivos por 100.000 habitantes), pero la siguen Navarra (con 501) y La Rioja (con 383) como las comunidades con mayor incidencia acumulada. También las dos Castillas y País Vasco están en serios problemas.

Al final, todo este despliegue aspira a dejar claro, por un lado, que la responsabilidad de lo que pase en Madrid es de la presidenta popular. Por otro, que el Gobierno ha dejado Madrid desatendido. Así que la prioridad de Sánchez es hundir a Ayuso, no salvar Madrid. Y la de Ayuso es exculparse ella. Pero como en todo viaje que no va a ninguna parte, también en este da tiempo a hacerse muchas preguntas. ¿Con qué credibilidad culpa el Gobierno madrileño al Gobierno central de su falta de previsión cuando se pasó todo el desconfinamiento reclamando esas mismas competencias? ¿A qué se espera Sánchez cuando promete que frente a la segunda ola de la pandemia actuará “con contundencia” al tiempo que lo delega todo en los gobiernos regionales? No hay fundido en negro que eclipse tanta contradicción.

Segundo Párrafo
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