La gran coartada de Pablo Iglesias 
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La gran coartada de Pablo Iglesias 

"Estar en el Gobierno no significa tener el poder". Se ha convertido en la principal coartada de Iglesias para justificar su incapacidad para legislar acorde con sus promesas electorales

placeholder Foto: Concentración de protesta por el ingreso en prisión de Pablo Hasél, en Valencia. (EFE)
Concentración de protesta por el ingreso en prisión de Pablo Hasél, en Valencia. (EFE)

¿Contra quiénes protestan los jóvenes que se manifiestan por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél? La respuesta tal vez explique la negativa del partido de Pablo Iglesias a condenar la violencia callejera en Madrid y Barcelona en que han derivado por tercera noche consecutiva estas protestas, escenario de la última fisura entre los socios de gobierno.

Mientras de buena mañana los barrenderos terminaban de recoger los cascotes de los disturbios de la noche anterior, que provocaron medio centenar de detenidos, la vicepresidenta Carmen Calvo dejaba claro el jueves en la SER que “la manifestación no procedía, no estaba comunicada”, y que los destrozos y los heridos “no tienen que ver con la libertad de expresión”.

Foto: Protesta en Madrid por la detención de Pablo Hasél. (Sergio Beleña)

Horas antes de las declaraciones de Calvo, el portavoz parlamentario de Podemos, Pablo Echenique, había apoyado a los manifestantes sin condenar los incidentes. Y horas después de las declaraciones de Calvo, por si quedaba alguna duda, el coportavoz Rafa Mayoral seguía negándose a reprobar esa violencia callejera pese a la insistencia de los periodistas en el Congreso. Preguntado por los destrozos de comercios, los incendios de contenedores y los agentes heridos a botellazos, el diputado morado aclaró que, a su entender, aquello no se trataba de “un problema de orden público”.

Bronca política tras el tuit de Echenique

Si la formación de Pablo Iglesias no condena los altercados de los manifestantes violentos, no parece que sea por una desavenencia ideológica, sino estratégica, con su propio Gobierno. A lo largo del día, otras formaciones de izquierdas sí que condenaron sin tapujos la violencia callejera. Lo hicieron la alcaldesa Ada Colau en Barcelona y la edil madrileña Rita Maestre, portavoz de Más Madrid, que calificó de “profundamente desafortunado” el tuit de Echenique.

Se puede estar a favor de la libertad de expresión incluso para un rapero mediocre y en contra de la violencia de los manifestantes que lo dicen defender. Es más, cuanto más a favor se esté de la libertad de Hasél, más en contra se debería estar de la violencia en su nombre, que puede ser contraproducente para la tramitación de su indulto que acaba de solicitar Podemos. En este partido, sin embargo, la única violencia condenada hasta ahora son las cargas policiales contra los manifestantes, olvidándose como quien no quiere la cosa de que la actuación de las Fuerzas de Seguridad depende del Gobierno del que forman parte. El Ministerio del Interior, por su parte, se ha limitado a un tuit en apoyo a los agentes heridos. Solo faltaba.

A medida que los disturbios se recrudecen, mayor es el cisma del Gobierno. Sería curioso que su mayor enfrentamiento se produjera por un asunto en el que ambos partidos están esencialmente de acuerdo. Los dos socios de la coalición coinciden en que es desproporcionado que todavía haya delitos de opinión que lleven penas de cárcel en España. Qué oportuno que su trabajo sea precisamente el de legisladores, porque para evitar que los excesos verbales se castiguen con penas privativas de libertad, solo tendrían que cambiar el Código Penal. Es más, PSOE y Podemos podrían haberlo resuelto ya en el año que llevan en el poder. Lo que nos lleva a la pregunta inicial, ¿contra quiénes se manifiestan los jóvenes que protestan por el encarcelamiento de Pablo Hasél? En la sentencia de Pablo Hasél, el juez aclara que se ha limitado a cumplir la ley vigente y que las campañas a favor del rapero no pueden evitar la aplicación del Código Penal, algo que depende de “su eventual modificación por el Parlamento”. Los que se manifiestan en Barcelona, Madrid y Valencia, también en Durango y Salamanca, bajo el lema 'Libertad Pablo Hasél', se la exigen, obviamente, al Gobierno.

Más antecedentes que canciones

Con más antecedentes que canciones, el historial delictivo de Pablo Hasél incluye agresiones a un periodista, amenazas de muerte a un testigo, además de una investigación por el intento de asalto a la Subdelegación del Gobierno en Lleida. Aunque son más conocidas las frases en las que rima ladrones con Borbones, tiene otras lindezas en las que habla de “tiro en la nuca al pepero”, o “que alguien clave un piolet en la cabeza a José Bono” y pide (¿canta?) “que explote el coche de Patxi López”. Difícilmente Pablo Hasél parece merecedor de convertirse en un mártir ejemplar de la defensa de la libertad de expresión que tanto malversa en sus letras. Sin embargo, la libertad de expresión cabe defenderla hasta para un descerebrado como este. Incluso con una reforma del Código Penal, puede que Hasél acabara igualmente en prisión por sus múltiples causas violentas, pero al menos no lo haría por sus tuits.

Foto: El rapero, durante su detención. (Reuters)

Si PSOE y Podemos no estuvieran tan entretenidos llevándose la contraria en sus batallas internas, podrían haber hecho prosperar ya una reforma legal en la que están de acuerdo con lo que piden tanto los manifestantes en defensa de Hasél como numerosas voces en defensa de la libertad de expresión, que llevan tiempo reclamándolo. Con la petición del indulto de Hasél y la negativa a condenar la violencia, Podemos busca disimular lo poco que Pablo Iglesias pinta en el Gobierno. Aunque últimamente hasta él mismo se encarga de remarcar lo poco que manda. De ahí que la nueva consigna de moda en Podemos sea que “estar en el Gobierno no significa tener el poder”. Lo repite Iglesias siempre que tiene ocasión, también lo dicen sus diputados. Se ha convertido en su principal coartada para justificar su incapacidad para legislar acorde con sus promesas electorales. Así justifica que en una España con Podemos se meta a un rapero en la cárcel por injurias a la Corona, que el ingreso mínimo vital no esté llegando a los más vulnerables, que la factura de la luz alcance subidas récord…

Si Podemos no estuviera en el Gobierno, la culpa de todo lo que no funciona sería del Gobierno de turno, claro. Como es vicepresidente, la culpa es del sistema, que no hay manera de cambiarlo. Otorga últimamente tanto poder a los medios de comunicación que, si lo que quería era cambiar el mundo, lo raro es que Pablo Iglesias renunciara a ser tertuliano para hacer carrera política.

El rapero al que defienden estos jóvenes manifestantes llamaba a este partido, ya en 2015, "vividores de mierda, que venden a la clase obrera"

Muchos de los jóvenes que se manifiestan en contra de la encarcelación de Pablo Hasél no recuerdan al Iglesias tertuliano ni tenían uso de razón cuando se produjo el 15-M. El líder de Podemos lleva siendo diputado desde antes de que a esos manifestantes, los pacíficos y los que no, les dejaran montar solos en metro por primera vez. El rapero al que defienden estos jóvenes manifestantes llamaba a este partido, ya en 2015, "vividores de mierda, que venden a la clase obrera". Y en su último rap, escrito sabiendo que le tocaba entrar en prisión, Pablo Hasél acusa a Iglesias de estar “domesticado”. Y hay algo que Iglesias lleva peor que no mandar en el Gobierno tanto como le gustaría. Arriesgarse a perder la calle. No parece consciente de que la calle ya se ha desmarcado de él.

¿Contra quiénes protestan los jóvenes que se manifiestan por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél? La respuesta tal vez explique la negativa del partido de Pablo Iglesias a condenar la violencia callejera en Madrid y Barcelona en que han derivado por tercera noche consecutiva estas protestas, escenario de la última fisura entre los socios de gobierno.

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