¿Pablo Casado se queda sin tiempo?
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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¿Pablo Casado se queda sin tiempo?

Desde que en julio de 2018 heredó la presidencia del partido​, Casado ha pasado por varias fases, no necesariamente consecutivas

placeholder Foto: El expresidente del Gobierno José María Aznar (i) y el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)
El expresidente del Gobierno José María Aznar (i) y el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Ver a Pablo Casado reivindicar ante Aznar el pasado del Partido Popular apenas 15 días después de renegar de él puede parecer una incoherencia política. Bien rodado, sin embargo, también podría servirle a Nolan para una de sus tramas llenas de paradojas temporales. Últimamente, al PP de Casado le pasa como a las películas del cineasta inglés, que si no se presta mucha atención, de tanto romper el orden cronológico, es fácil perderse en el argumento. O el argumentario.

Desde que en julio de 2018 heredó la presidencia del partido, Casado ha pasado por varias fases, no necesariamente consecutivas. En su primer discurso como presidente, llamó a la militancia a volver a las esencias del partido. Sin embargo, del PP de Aznar y Rajoy (y de Bárcenas) decía hace unos días que era para él “pasado remoto” y no hace tanto que incluso se quitaba de en medio recordando que por entonces no era más que un diputado por Ávila.

Como debe de ser difícil sentarse junto a Aznar y que no se le pegue a uno un poco de vanidad, ayer mismo el propio Casado le cogió gusto al 'flashback' y no se resistió a recordar que él también había sido partícipe de los éxitos de su partido de las últimas dos décadas y hasta subrayó que fue jefe de gabinete de Aznar y de Manuel Pizarro. Ha pasado de querer desprenderse del pasado a reivindicarlo.

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado, con el expresidente José María Aznar. (EFE) Opinión

Tanto llevar al límite la lógica del espacio-tiempo del líder del PP me recuerda al protagonista de ‘Memento’, un hombre desubicado que sufre una incapacidad para tomar decisiones por el mal funcionamiento de su memoria. Va tatuándose en el cuerpo la información que considera necesaria para saber al mirarse al espejo de quién fiarse y de quién no, pero a su alrededor todos aprovechan su amnesia selectiva para manipularle. Como Casado siempre lleva el traje puesto, no podemos saber si bajo la camisa lleva escrito su último argumentario para no olvidarse de si esta vez el pasado le queda lejos o cerca, o si en el centro le cabe o no la extrema derecha.

Fue un acto del Instituto Atlántico el que juntó a Casado y Aznar para escenificar las paces intergeneracionales, después de que Casado desahuciara con Génova el pasado del partido. Lo que no está claro es si juntarlos logró escenificar el encuentro o dejar más patente la distancia. El marianismo no hizo acto de presencia. Ni se mencionó a Vox ni al cambio de sede. Tampoco hablaron de corrupción, porque la memoria, ya se sabe, es selectiva.

Sentado junto a Aznar, Casado se atrevió a decir que las hipotecas en política no son hereditarias. Aznar daba a entender con su frialdad que las victorias en las urnas, tampoco. El expresidente recomendó a Casado definir una estrategia, de lo que se deduce que en la actualidad no le parece que tenga una. Casado, por su parte, aprovechó para dejar caer que con el bipartidismo se vivía mucho mejor. Por lo demás, fue todo muy cordial.

Foto: El expresidente del Gobierno, José María Aznar (i), conversa con el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Más que reafirmarlo su liderazgo, juntarse con Aznar debilita a Casado. Lo hace parecer el hijo harto de los reproches del padre cansino, padrino en este caso, que todo el rato presume de lo claras que él tenía las cosas a su edad y le pide al heredero que espabile para no dilapidar la fortuna familiar. Y el heredero se defendía, como suele hacerse en estos casos, diciendo que las cosas han cambiado mucho y que en aquella época sin Twitter todo era más fácil.

Escuchando a Aznar, podría parecer que él no tiene nada que ver con los problemas judiciales que acorralan hoy al PP, aunque empezaran en su época. Pasa también en las películas de Nolan que a menudo no hay una verdad objetiva, sino que cada uno, como demuestra Aznar, se aferra a la suya propia. Más entretenido habría sido que Casado le hubiera dicho a la cara a su mentor que su legado de los ocho años no fue tan ejemplar como se empeña en recordar, ya que incluía unas grietas envenenadas de corrupción que acabaron estallándole al partido años después. Casado, sin embargo, calló.

Foto: José María Aznar y Pablo Casado, en el acto de este martes. (EFE)

Y mientras una audiencia selecta aplaudía esta puesta en escena cara a la galería de una tensa reconciliación intergeneracional, la verdadera guerra interna del PP seguía su curso. Porque la trama que tiene en vilo a la actual dirección del PP, sin embargo, no está en el pasado sino en el presente. En el partido, cada vez hay más descontento con la gestión de Casado. Los críticos llevan tiempo diciendo ‘off the record’ que se le acaba el tiempo para enderezar el partido. La novedad es que están a punto de empezar a decirlo en alto como continúe el enfrentamiento con los barones regionales por el poder del partido en Castilla y León y Andalucía. Entre los críticos, todavía los hay que defienden a Casado y aseguran que lo que está es mal asesorado, aunque también hay diputados populares que opinan que la presidencia del partido le está quedando grande, que es lo que parecía insinuar Aznar hasta la presunta reconciliación.

Quienes quieren que Casado siga al frente de su partido aseguran que necesita tiempo. Él mismo recordó ante Aznar que tanto él como Rajoy tuvieron siete años en la oposición antes de llegar al poder. Sin embargo, él mismo recordaba también que los tiempos han cambiado. Y como dicen en 'Memento', “todos necesitamos recuerdos para saber quiénes somos”.

Ver a Pablo Casado reivindicar ante Aznar el pasado del Partido Popular apenas 15 días después de renegar de él puede parecer una incoherencia política. Bien rodado, sin embargo, también podría servirle a Nolan para una de sus tramas llenas de paradojas temporales. Últimamente, al PP de Casado le pasa como a las películas del cineasta inglés, que si no se presta mucha atención, de tanto romper el orden cronológico, es fácil perderse en el argumento. O el argumentario.

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