Tres dudas y un plan para el 8-M
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Tres dudas y un plan para el 8-M

¿Están nuestros gobiernos, centrales y regionales, haciendo todo lo que pueden para evitar que en España la maternidad penalice las carreras laborales del 70,6% de las mujeres?

placeholder Foto: Manifestación del 8-M de 2020 en Zaragoza. (EFE)
Manifestación del 8-M de 2020 en Zaragoza. (EFE)

Este 8-M tengo varias dudas y, la verdad, ninguna es si salir o no a manifestarme. De todas las preguntas sobre cómo podemos avanzar hacia un mundo más justo, que inevitablemente pasa por ser más igualitario, esa no la veo tan relevante. Tampoco es lo que más preocupa a las mujeres con las que he hablado últimamente de feminismo. Y créanme que entre todas sumamos muchas preocupaciones. Juntarnos como otros años a manifestarnos por el 8-M hace tiempo que la mayoría lo teníamos descartado por la pandemia. Cómo no van a tener las mujeres presente el riesgo de contagio de covid-19 si luego son ellas quienes normalmente se encargan de cuidar de la familia cuando alguien enferma.

Antes de que hace semanas la ministra de Sanidad desaconsejara rotundamente las manifestaciones del 8-M, antes de que la ministra de Igualdad se resignara también a descartarlas, antes de que Delegación de Gobierno las prohibiera en Madrid, la mayoría de mujeres a las que había preguntado por el 8-M ya tenían asumido que este año nos tocaría visibilizar la lucha por la igualdad de otra manera. Algunas saldrán hoy a las 20:00 para apoyar el 8-M desde sus ventanas y portales. Otras van a colgar de sus balcones pancartas que han estado preparando con sus hijas. Las hay todavía dudando en sus grupos de WhatsApp de qué manera simbolizar los muchos avances por la igualdad que celebrar y, sobre todo, los que faltan por lograr. No dudo que encontraremos la manera de hacer ruido.

Foto: Una enfermera se dispone a inyectar una vacuna. (EFE) Opinión

Cabe dudar, en todo caso, de por qué esta es la primera manifestación en la que Delegación de Gobierno ha visto riesgo para la salud y, sin embargo, ha autorizado tantas otras en los últimos meses, incluidas la de negacionistas del virus que se manifestaban abiertamente sin mascarilla. Prefiero pensar que es porque a aquellas iban cuatro gatos, mientras que el feminismo es el movimiento social más abrumadoramente multitudinario que tiene este país. El 8-M es la cita que más cientos de miles de personas ha sacado a la calle en los últimos años. De ahí el temor a que pudiera desbordar a las convocantes, pese a su plan para restringir aforos y cumplir todas las normas sanitarias, especialmente con Madrid a la cabeza en la incidencia por coronavirus. Prefiero pensar que es por esto que se han prohibido estas manifestaciones y otras no para centrarme en las preguntas importantes.

Aunque dudo de que convertir la suspensión de las movilizaciones en un arma arrojadiza contra el Gobierno tenga alguna utilidad para avanzar en las reivindicaciones del 8-M, entiendo que haya feministas que duden de que la sanitaria sea la única motivación para prohibir las marchas del 8-M en Madrid. Algunas están pensando en salir a la calle igualmente desafiando la prohibición. Bromean que no les pondrán pegas si sacan pancartas del 8-M reivindicando más derechos para las mujeres trabajadoras siempre y cuando sean sobre las trabajadoras de la hostelería, sector que tantas protestas ha protagonizado últimamente. Al fin y al cabo, las mujeres de la hostelería son precisamente las personas que más están pagando en España la pérdida de empleo durante la pandemia, por ser un ámbito especialmente feminizado y precario en el que abundan los contratos a tiempo parcial. Además de por los cierres y confinamientos, la pandemia les ha provocado a ellas una mayor pérdida de empleo y salario porque han absorbido las necesidades del cuidado familiar, ante la falta de servicios públicos suficientes.

La falta de medidas para favorecer la conciliación no solo refuerza la brecha de género, también lastra la recuperación

Y eso me lleva a la duda fundamental que tengo este 8-M: ¿están nuestros gobiernos, centrales y regionales, haciendo todo lo que pueden para evitar que en España la maternidad penalice las carreras laborales del 70,6% de las mujeres? El dato es de un estudio de la organización empresarial Forética, que también destaca la relación que tiene la maternidad con que sean las mujeres las que ocupan tareas de baja cualificación y remuneración.

Teniendo en cuenta la gravedad de la crisis de natalidad en España, que está empeorando con la pandemia, la falta de medidas para favorecer la conciliación en España no solo refuerza la brecha de género, también lastra la recuperación. El coste de esta injusticia no solo lo pagan las mujeres, sino el país entero. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cifra en 30.700 millones de euros los beneficios que aportaría a la economía española acabar con la desigualdad.

placeholder La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)

En esta dirección va el nuevo Plan Corresponsables, del Ministerio de Igualdad, que el Gobierno espera aprobar este martes en Consejo de Ministros, para crear una red pública de cuidadores a domicilio para familias con menores de 14 años a su cargo. No dudo de que esta medida vaya por el buen camino, pero dudo que con los 200 millones de euros presupuestados sea suficiente. Como tampoco lo es la importancia que en el debate público está teniendo este asunto.

También tengo esa duda con otros anuncios interesantes justo antes de este 8-M. Como el nuevo Plan de Corresponsabilidad de la Comunidad de Madrid para apoyar a las empresas con menos de 100 trabajadores. Estas ayudas públicas recién anunciadas buscan completar el salario tanto de los hombres como de las mujeres que hayan tenido que reducir su jornada laboral por el cuidado de sus hijos o de familiares dependientes. Tampoco dudo de que una medida como esta vaya por el buen camino. Sí dudo que destinarla solo a quienes cobren menos de 13.300 euros brutos anuales sea suficiente. Apenas un millar de familias madrileñas puede optar a esta medida, a la que se van a destinar algo menos de seis millones de euros (para que nos hagamos una idea de lo que son seis millones para un presupuesto como el madrileño, solo entre junio y agosto, Madrid gastó 1,3 millones en una pequeña campaña de 'marketing' en marquesinas y cuñas para promocionar el turismo de proximidad).

Foto: Imagen: Laura Martín.
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María Zuil Michael Mcloughlin Diseño: Laura Martín

Y puestos a plantear dudas para este 8-M, dudo mucho también de que esté avanzando lo suficiente el compromiso de PSOE y Podemos de impulsar las escuelas infantiles de cero a tres años. Su universalización y gratuidad estaban en el acuerdo de gobierno de la coalición y, pese a lo mucho que discuten últimamente de la letra pequeña de este acuerdo, no parece que la gratuidad de guarderías protagonice muchos debates. Se supone que la ley Celaá debería servir para avanzar en ampliar la Educación Infantil, tan urgente para que disminuya la brecha laboral y de cuidados. ¿No sería este otro buen debate para este 8-M?

Mientras a ellos vivir en pareja les favorece laboralmente, a ellas les perjudica

Puestos a dudar, hay muchas dudas de que la desigualdad en la carrera laboral empiece con la maternidad. Un estudio muy interesante de la economista Sara de la Rica, directora de Iseak, revela que las españolas sin hijos que viven en pareja sufren una mayor caída en el número de horas trabajadas que sus homólogos hombres y que aquellas que viven con sus padres. La ocupación a tiempo completo de las mujeres cae al vivir en pareja (incluso sin hijos), en gran medida por el reparto desigual de las tareas del hogar. El informe de la catedrática de la Universidad del País Vasco destaca también que desde 2007 esta diferencia ha ido cayendo y ellas van teniendo menos dificultades. Sin embargo, el problema sigue ahí: mientras a ellos vivir en pareja les favorece laboralmente, a ellas les perjudica.

Cómo no dudar entonces de que todas estas desigualdades aún presentes se solucionen solo con políticas públicas. En el ámbito de lo privado, en la mentalidad misma, hay aún mucho que hacer para seguir desterrando el machismo. Afortunadamente, la sociedad ha ido cambiando muchísimo en los últimos 20 años. No hay más que ver el documental 'Nevenka' en Netflix para estremecerse al recordar esa España en la que a principios de este siglo miles de personas salían a la calle a abuchear a la primera mujer que se atrevió a denunciar a un político por acoso sexual. Los tribunales le dieron la razón, la calle la condenó. Parece mentira que fuera a principios de los dos mil. Recuerdo que ya entonces, cuando estaba en la facultad, había quien decía que en España ya habíamos logrado la igualdad. Por eso ver este documental es un buen plan para este 8-M. Sobre todo para quienes duden de que el feminismo sirva para algo.

Este 8-M tengo varias dudas y, la verdad, ninguna es si salir o no a manifestarme. De todas las preguntas sobre cómo podemos avanzar hacia un mundo más justo, que inevitablemente pasa por ser más igualitario, esa no la veo tan relevante. Tampoco es lo que más preocupa a las mujeres con las que he hablado últimamente de feminismo. Y créanme que entre todas sumamos muchas preocupaciones. Juntarnos como otros años a manifestarnos por el 8-M hace tiempo que la mayoría lo teníamos descartado por la pandemia. Cómo no van a tener las mujeres presente el riesgo de contagio de covid-19 si luego son ellas quienes normalmente se encargan de cuidar de la familia cuando alguien enferma.

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