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El último votante de Ciudadanos
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El último votante de Ciudadanos

Se considera liberal y de centro. Insiste en lo del centro como si hablase de las naves más allá de Orión. No piensa abandonar su partido aunque esté en la UCI, pero empieza a sentirse huérfano

Foto: Inés Arrimadas votando en las elecciones autonómicas de 2019. (EFE)
Inés Arrimadas votando en las elecciones autonómicas de 2019. (EFE)
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Creo haber encontrado al último votante de Ciudadanos. Alguien dispuesto a seguir votando al partido de Inés Arrimadas aunque sea la última persona que lo haga, hipótesis que cada vez le parece más cercana. Prefiere mantenerse en el anonimato porque teme que si revela su identidad aparezca alguien del PP a darle la tabarra o, lo que es peor, ofrecerle un cargo. Tiene dos hijos y trabaja en un banco. Me pide que no dé más señas.

Se considera liberal y de centro. Insiste en lo del centro como si hablase de las naves más allá de Orión. No piensa abandonar a Cs aunque esté en la UCI, pero empieza a sentirse huérfano. Cree que un partido capaz de pactar a izquierda y derecha es necesario para huir de la polarización, el más peligroso de todos los males, que no son pocos, que le preocupan en la política española.

El último votante de Cs comparte que Arrimadas retirase el apoyo al PP murciano si tenía indicios de una red clientelar en la región y numerosas irregularidades que ha llevado hasta la UDEF. No entiende, sin embargo, lo mal que lo han gestionado. Ni que en este país este escándalo de corrupción, que incluye una lista no revelada todavía de centenares de vacunaciones irregulares, quede en segundo plano mientras la preocupación nacional se la llevan Ayuso y el reparto de poltronas. La única lealtad del que le preocupa es a la regeneración. Y si quisiera un partido que solo puede pactar con el PP, argumenta, para eso votaría al PP. Por eso le parece muy poco profesional que haya miembros de la directiva de Cs desprestigiando en Twitter a Arrimadas. Hace tiempo que lo que pasa en Cs no le parece profesional.

La única lealtad que le preocupa es a la regeneración. Y si quisiera un partido que solo puede pactar con el PP, votaría al PP

El último votante de Cs formaba parte de la mitad de los electores del partido que cuando logró 57 escaños habría preferido un pacto con el PSOE que dejar a Sánchez pactar con populistas y nacionalistas, valga la redundancia. Tampoco le pareció muy regenerador que aquella primavera Rivera le diera al PP todos los gobiernos regionales en los que pudo negociar. Pese a que no, aún no le ha perdonado frustrar aquel Gobierno que sumaba 180 diputados, no abandonó al partido naranja en aquella repetición electoral, como hicieron 2,5 millones de votantes en la debacle de los 10 escaños. Tampoco va a darle ahora la espalda al partido de Arrimadas, pese al fiasco de la moción de censura en Murcia. Afirma que la nueva líder del partido ha hecho bien en recuperar el espíritu de bisagra al que nunca debió abandonar. Cree que Cs ha sido una buena idea muy mal gestionada. Con esa frase también resume la historia de este país. España es una buena idea mal gestionada.

Al último votante de Cs le preocupa que el partido desaparezca. No por cuestiones sentimentales, sino porque ningún otro programa le convence. No quiere que le suban los impuestos ni que haya retrocesos en política social. Le preocupan los autónomos, la desigualdad y el gasto público superfluo. Del Gobierno de coalición le parece un avance la Ley de Eutanasia. Le disgusta casi todo lo demás. Sobre todo, que Sánchez haya pactado con Podemos, Bildu y ERC. Sánchez le parece un peligro, dice. Y más peligrosa que Sánchez le parece la polarización. Le preocupa que Bildu sirva de espantajo para todo, también para mirar para otro lado en las corruptelas de Murcia. Le repelen tanto Vox como Podemos. Continuamente se pregunta dónde está la Merkel que España necesita.

El último votante de Cs no recuerda haber votado al PP y preferiría no tener que volver a hacerlo. A Casado ni lo menciona, pero aclara que en las elecciones de mayo hay elecciones no votará por Ayuso. De la líder madrileña no le gustan ni sus formas populistas ni tampoco su gestión de la pandemia. ¿Y Feijóo? Hace una mueca extraña. La misma que al mencionarle a Gabilondo. El último votante de Cs tiene más cintura que ideología y está más entrenado en buscar el mal menor que en ilusionarse. Le gusta más Calviño que Sánchez, Almeida que Ayuso y prefiere a Villacís antes que a Aguado.

De la líder madrileña no le gustan ni sus formas populistas ni tampoco su gestión de la pandemia. ¿Y Feijóo? Hace una mueca extraña

Aunque las últimas encuestas no dan a Cs representación en la Asamblea, aún confía en que el partido naranja presente para la comunidad algún candidato más inspirador que el vicepresidente que en plena pandemia llamaba a las cámaras para inaugurar los geles hidroalcóholicos del metro. Un sustituto podría ser Garrido, el expresidente del PP que sustituyó a Cifuentes y luego se pasó a Cs. Es el otro que inauguró los geles.

El último votante de Cs lamenta que el partido se haya ido quedando sin cantera a medida que se desinfla en las encuestas. Es lo malo, dice, de una formación en la que la mayoría de sus dirigentes ha presumido siempre de estar en la política de paso, que pasan. Como tienen alternativa laboral, cuando vienen mal dadas, muchos aprovechan la ocasión para pirarse y demostrarlo. El último votante de Cs, sin embargo, no tiene adónde irse.

Creo haber encontrado al último votante de Ciudadanos. Alguien dispuesto a seguir votando al partido de Inés Arrimadas aunque sea la última persona que lo haga, hipótesis que cada vez le parece más cercana. Prefiere mantenerse en el anonimato porque teme que si revela su identidad aparezca alguien del PP a darle la tabarra o, lo que es peor, ofrecerle un cargo. Tiene dos hijos y trabaja en un banco. Me pide que no dé más señas.

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