El gran problema para la España de 2050
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El gran problema para la España de 2050

Rebosamos tanta crispación en la política que, como la deuda, la vamos hipotecando para que las generaciones futuras nos ayuden a pagarla a plazos

placeholder Foto: El director del Gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo. (EFE)
El director del Gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo. (EFE)

La mejor prueba de que esta manía tan española que tenemos de politizarlo todo se nos está yendo de las manos es que ya va por 2050. Rebosamos tanta crispación en la política que, como la deuda, la vamos hipotecando para que las generaciones futuras nos ayuden a pagarla a plazos. Y como de la España presente ya lo hemos politizado todo, hasta los bares, ahora toca enfrentarse por la España del futuro, antes incluso de haberla imaginado.

El problema de politizar el futuro no viene de la creación de una Oficina de Prospectiva y Estrategia, la Foresight Unit, por decirlo en dialecto consultor, sino de no entender bien para qué sirve un departamento como este. Tenerla nos equipara con los grandes países de nuestro entorno, donde hace años que tienen estos departamentos al servicio del Gobierno de turno analizando tanto las grandes tendencias que están transformando el mundo como las consecuencias que pueden tener. Tener por fin un organismo encargado de pensar los desafíos del largo plazo podría haberse celebrado como una buena noticia si en este país no fuéramos incapaces de juzgar cada iniciativa independientemente del partido que la ponga en marcha. Es de suponer que de haber sido idea de un Gobierno del PP los que ahora la critican la estarían defendiendo. Y viceversa, claro.

Foto: Pedro Sánchez, en Ceuta. (EFE) Opinión

Los organismos de este tipo no tratan de predecir el futuro, sino que plantean diferentes escenarios de lo que está sucediendo, lo que sería deseable que pasara y lo que conviene evitar. La oficina alemana de Foresight analiza los desarrollos técnicos y sociales factibles para los próximos 15 años, con expertos de prestigio en ciencia, cultura y empresa (cuya lista es pública). En Francia existe France Strategie, dependiente directamente de la oficina del primer ministro, cuyos informes analizan desde cuáles serán los trabajos con más futuro a la política agraria. En marzo de este año, The National Intelligence Council publicó un informe con las tendencias globales para 2040 que aborda los intereses de Estados Unidos frente a los desafíos políticos, económicos y climáticos. También la Comisión Europea tiene su división de Prospectiva Estratégica y la OCDE ayuda a los gobiernos a anticipar y planificar el futuro. No solo los países, también las grandes empresas, sobre todo ellas, dedican cada vez más recursos a identificar estas ‘megatendencias’ para poder adaptarse a ellas, precisamente porque el futuro cada vez es más imprevisible.

Falta aún por conocer el primer informe ‘España 2050’, que se publicará el jueves, y tiempo habrá de analizarlo una vez que conozcamos su contenido. Si estuviera a la altura de lo que Moncloa lleva un año prometiendo, servirá de antídoto al cortoplacismo y para mejorar las políticas públicas del presente, que de eso se trata. También puede que el resultado sea francamente mejorable, pero qué menos que esperar a que se publique para saber si merece ser despellejado párrafo a párrafo al amanecer, como algunos pretenden antes incluso de saber qué pone. Afirmar a ciegas que hacer predicciones no servirá para nada no deja de ser una predicción que, si fuera cierta, se desacreditaría a sí misma.

Foto: El presidente, Pedro Sánchez (i), y su jefe de gabinete en Moncloa, Iván Redondo. (EFE)

No es que no haya motivos para la crítica. La Oficina de Prospectiva no se está librando de la tentación del presidente del Gobierno de usarla en cada discurso como instrumento de propaganda, aprovechando el futuro como coartada de los desafíos más urgentes. Si el objetivo es convertir esta oficina en una herramienta institucional que desarrolle una visión de país a largo plazo, al margen de partidismos, flaco favor le hace esta instrumentalización tan cortoplacista.

Seguramente no haya contribuido a dar mayor credibilidad al proyecto la decisión de mantener en el anonimato al centenar de expertos que han participado en la elaboración del primer informe, al menos hasta el día de su presentación. Cuando hace un año Moncloa la puso en marcha, explicó que participarían las firmas de mayor prestigio de distintos campos e ideologías, desde 'think tanks' empresariales a investigadores académicos de ideologías diversas. El objetivo era plantear un debate plural, que falta nos hace.

Seguramente no haya contribuido a darle mayor credibilidad la decisión de mantener en el anonimato al centenar de expertos

Sin embargo, a falta aún de conocer los expertos que han desarrollado el trabajo y sin poder valorar su pluralidad, es fácil caricaturizarla como otra idea de Iván Redondo, jefe de Gabinete de Sánchez, que fue quien la impulsó. De él lo mismo dependen ‘España 2050’ que las campañas electorales del PSOE. Y en un país en el que nos cuesta tanto diferenciar lo partidista de lo institucional, esto, claro, no contribuye a transmitir que la Oficina de Prospectiva está al servicio de todos. Tampoco ayuda que la presentación del informe que lleva un año elaborándose vaya a hacerse justo en un momento en que el PSOE cae en las encuestas después del batacazo electoral del 4-M y al Gobierno se le multiplican los problemas. En su defensa, cabe argumentar, sin embargo, que en este país, en el que cada tres meses se sucede un adelanto electoral distinto, es imposible desvincular un informe de este tipo del momento político.

En España, faltaba una Oficina de Prospectiva. Que sea útil o no dependerá de la calidad del análisis y del uso que de ellos hagan el Gobierno y los distintos ministerios, pero también la oposición y las empresas. Para que estos informes sirvan para algo no basta con hacerlos, también tiene que haber quien se los lea. Y si realmente han estado elaborados con grandes expertos del país y reflejan una pluralidad de puntos de vista muy necesaria, puede incluso que funcione. Resultaría para ello conveniente evitar la demonización del organismo tanto como su apropiación para fines propagandísticos. Al final, el gran problema del futuro de España va a ser la tentación de imaginarlo para echárselo a la cabeza los unos a los otros. Se veía venir.

La mejor prueba de que esta manía tan española que tenemos de politizarlo todo se nos está yendo de las manos es que ya va por 2050. Rebosamos tanta crispación en la política que, como la deuda, la vamos hipotecando para que las generaciones futuras nos ayuden a pagarla a plazos. Y como de la España presente ya lo hemos politizado todo, hasta los bares, ahora toca enfrentarse por la España del futuro, antes incluso de haberla imaginado.

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