Otra desescalada fallida: por qué hay que cerrar las discotecas
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Otra desescalada fallida: por qué hay que cerrar las discotecas

Una vez más, una nueva oleada de contagios del coronavirus ha pillado por sorpresa. Y van cinco

placeholder Foto: Reapertura del ocio nocturno en Madrid. (Alejandro Martínez Vélez)
Reapertura del ocio nocturno en Madrid. (Alejandro Martínez Vélez)

Hace poco más de 15 días que abrió el ocio nocturno y ya está teniendo que volver a cerrar en varias comunidades ante el aumento desbocado de contagios de covid entre la población no vacunada. Dos semanas es justo el plazo que tardan los rebrotes en manifestarse, por el efecto retardado de los síntomas del virus. Es también el tiempo que ha pasado desde que la mascarilla dejó de ser obligatoria al aire libre y ya hay comunidades, como Cataluña, que están pidiendo que vuelva a ser necesario llevarla (hace apenas un mes que el Govern exigía su retirada). En esta comunidad, las hospitalizaciones han crecido más de un 30% en los últimos 10 días.

Las dos semanas que al virus le han bastado para disparar los contagios entre los menores de 30 años es lo que han tardado en caer en la cuenta las autoridades de que con menos de la mitad de la población vacunada puede haber sido prematuro lanzar el mensaje de que el virus estaba controlado. La marcha atrás en la desescalada, sobre todo la nocturna, delata que todos estos rebrotes no estaban previstos. Una vez más, una nueva oleada de contagios del coronavirus ha pillado por sorpresa. Y van cinco. Una vez más, una desescalada más, toca rectificar.

Foto:  Asistentes a la última jornada del Vida'21, el primer festival multitudinario que se celebra en España tras la pandemia. (EFE)

Varias comunidades, como Cantabria y Cataluña, han decretado el cierre del ocio nocturno, y Castilla y León plantea un nuevo toque de queda. Es verdad que al ser jóvenes la mayoría de los contagiados no están saturando las UCI, pero sí los centros de salud y el rastreo, así como desbaratando la carta de presentación para el turismo como destino seguro. Hay otros riesgos. Con la propagación de la variante delta, aumenta el peligro de enfermar especialmente para los mayores que solo tienen una dosis, como quienes todavía esperan la segunda de AstraZeneca. También para los inmunizados con Pfizer, ya que, según un estudio israelí, esta variante de origen indio merma la efectividad de otras vacunas.

Lo de echarle la culpa a los jóvenes de esta marcha atrás en la desescalada no cuela, sobre todo si de lo que se les acusa es de salir de fiesta en lugares autorizados. Tanto tiempo insistiendo en que los que corrían peligro no eran ellos sino sus padres y abuelos que, ahora que sus familias están vacunadas, ya no quieren quedarse en casa.

Todo esto se podía haber previsto, muchos epidemiólogos y algunos países lo hicieron, si se hubiera tomado un poco más en serio la amenaza de las nuevas variantes antes de acelerar el fin de las restricciones con vistas a la temporada turística. Es precisamente el turismo lo que más perjudicado puede salir de esta explosión de contagios, cuyo tope no hemos visto todavía.

Foto: Lugar donde Samuel falleció en A Coruña tras recibir una paliza. (EFE)

En junio, cuando Reino Unido estaba retrasando su propia desescalada hasta avanzar más la vacunación y pedía a los británicos restringir los viajes por la variante delta, en España Fernando Simón relativizaba su riesgo asegurando que no era ni más transmisible ni más mortal. Fue en esos días cuando España abrió el ocio nocturno y se eliminó la obligatoriedad de la mascarilla. Todo a la vez. Ahora estamos viendo los efectos de transmitir aquella falsa sensación de seguridad, así como de no haber esperado a tener más avanzada la vacunación de los jóvenes antes de reabrir el ocio esencialmente dirigido a ellos. En vez de regañarlos tanto, ¿no habría sido más efectivo inmunizarlos? Con ese objetivo, Madrid, País Vasco y Castilla-La Mancha se suman a las CCAA que adelantan las vacunaciones de los mayores de 16 años.

La incidencia entre los no inmunizados se desboca porque no se calculó bien el riesgo que corrían de contagio con el fin de las restricciones y el inicio de las tentaciones. Cómo imaginar que nada más reabrir las discotecas, tantos meses después de su cierre, se iban a llenar precisamente de jóvenes no vacunados a los que no se pedía ni un test negativo para entrar, como han exigido en otros países en la reapertura del ocio nocturno. Cómo prever que al autorizar de nuevo fiestas multitudinarias, justo para el final de curso, iban a juntarse tantos veinteañeros y que eso aumentaría el riesgo de multiplicar los brotes. La explosión de contagios que estamos viendo ahora es todavía la réplica de la noche de San Juan, así que todo apunta a que esta mala racha acaba de empezar.

Foto: Estudiantes aislados en el hotel de Palma de Mallorca. (Reuters)

Es verdad que uno se puede contagiar lo mismo en una terraza con aforo limitado a la hora de comer que en una macrodiscoteca con miles de personas de madrugada. La diferencia es que el brote que se origina en una mesa de ocho es más fácil de controlar que otro en un garito de Salou donde miles de personas pueden llevarse a casa el virus a la vez.

Haber calculado mal los riesgos de otra desescalada no solo causa nuevos contagios. También puede frustrar la recuperación económica y anímica. La buena noticia es que hay alternativas para repensar una apertura de ocio más seguro. Hay empresarios negociando que sean las discotecas las que realicen test de antígenos a los clientes antes de entrar, asumiendo que por edad la mayoría no van a estar vacunados. En Francia, donde han esperado hasta este viernes para reabrir discotecas, esta va a ser una de las medidas que se exija a todos los locales nocturnos. Para entrar en una 'boîte', los franceses tendrán que presentar un test negativo reciente o un certificado que pruebe que han completado la vacunación o que han pasado el covid en los últimos seis meses. La mala es que así no está claro que les compense abrir.

Hasta que sepamos la magnitud de los rebrotes del desmadre de estas dos semanas, sin embargo, aumentan las dudas de que el ocio nocturno pueda ser viable en las condiciones actuales. Algunos establecimientos están cerrando voluntariamente para evitar la estigmatización. Es probable que los próximos días sigan aumentando las restricciones e incluso haya hosteleros que presionen para ello, porque no en todos los tipos de establecimientos se corre el mismo riesgo de contagio. Y frenar los rebrotes no solo es un problema sanitario, también un requisito imprescindible para salvar la recuperación de la temporada turística.

Hace poco más de 15 días que abrió el ocio nocturno y ya está teniendo que volver a cerrar en varias comunidades ante el aumento desbocado de contagios de covid entre la población no vacunada. Dos semanas es justo el plazo que tardan los rebrotes en manifestarse, por el efecto retardado de los síntomas del virus. Es también el tiempo que ha pasado desde que la mascarilla dejó de ser obligatoria al aire libre y ya hay comunidades, como Cataluña, que están pidiendo que vuelva a ser necesario llevarla (hace apenas un mes que el Govern exigía su retirada). En esta comunidad, las hospitalizaciones han crecido más de un 30% en los últimos 10 días.

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