El nuevo Gobierno de las ministras cuarentañeras
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El nuevo Gobierno de las ministras cuarentañeras

Rejuvenecer el Ejecutivo cumple la doble función de atraer un voto joven que al PSOE se le estaba atragantando y terminar de eclipsar a Podemos, no solo política, también estéticamente

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Foto: EFE.

El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez lo forman 14 mujeres y ocho hombres. No hay por qué dudar de que todos ellos estén ahí por méritos propios y no simplemente por cumplir con la cuota masculina. Pero por más que al presidente le guste presumir de haber formado el Gobierno con más ministras de Europa, no es la clara mayoría femenina el cambio más llamativo. Más simbólico es el relevo generacional que supone que los ocho nuevos nombramientos sean todos ellos nacidos en los setenta y ochenta.

El hecho de que teniendo cuarenta y tantos a las nuevas ministras se las considere jóvenes es también revelador de cómo percibimos en este país las edades y el reparto de poder. No me malinterpreten, como mujer que pasa de los 40, reconozco ciertas ventajas a que a menudo nos tomen por jóvenes aun sacándoles 20 años a los jóvenes de verdad, pero empiezo a sospechar que eso tiene más que ver con la edad de quien así nos percibe que con la nuestra. También delata cierta condescendencia de las generaciones anteriores que, mientras nos mantengan con la ilusión de que los de 40 somos tremendamente jóvenes, se reservan el prestigio de la madurez, tan útil en algunas esferas.

Este Gobierno de Pedro Sánchez está muy lejos de ser el más joven de la democracia. La media de edad del nuevo Ejecutivo, en realidad, solo ha bajado de los 55 a los 50 años. El gabinete más joven fue el de Felipe González en el 82, con una media de edad de 41 años (Almunia era entonces el más joven, con 34); seguido del de González del 86 y el primero de Suárez, cuya media rondaba los 46. Aunque por más jóvenes que fueran, la ausencia total de mujeres hace que envejezcan mal en las fotos aquellos aires tan renovadores. Igual que las imágenes de sus señorías fumando en el Congreso, qué obsoleto resulta ese monopolio masculino del poder, que no se rompió hasta el 89 con las primeras ministras de la democracia.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el expresidente del Gobierno, José María Aznar. (EFE)

En los noventa, tanto en los últimos gobiernos de González como en el primero de Aznar, la media de edad se mantuvo en los 47 años (en 2000, el mayor era Jesús Posada, con 55). No creo que ninguno de aquellos haya pasado a la historia como gobiernos especialmente jóvenes, porque por entonces con cuarenta y tantos no se pasaba ni por joven ni por inexperto.

Zapatero subió la media, primero a 49 y luego a 52. En 2004, el ministro de más edad era Solbes, con 62. Luego, con Rajoy, el Ejecutivo llegó a rondar los 55. Lo superó el primer Sánchez que, tras la moción de censura, formó el Ejecutivo más envejecido en 40 años de democracia.

Si ahora un Gobierno con una media de edad de 50 años parece tan joven es porque lo que ha envejecido es España. Al fin y al cabo, la juventud no es más que una percepción subjetiva que únicamente depende de con quién se compare uno. Por eso Podemos, pese a poner al más longevo de los ministros, Castells (79), tenía hasta ahora el monopolio de la juventud en el Consejo de Ministros, con Irene Montero (33), Ione Belarra (33) y Alberto Garzón (35). A diferencia de estos tres, las nuevas ministras socialistas añaden a su presunta juventud una experiencia de la que estos tres carecían al llegar al cargo.

Hay tres exalcaldesas (Raquel Sánchez, Isabel Rodríguez y Diana Morant), e igual que la expresidenta del Senado (Pilar Llop) y la exdelegada del Gobierno (Pilar Alegría), todas suman más experiencia en gestión pública de la que tenía el propio presidente Sánchez al llegar a Moncloa, quien no había sido más que concejal y diputado raso, o de la que tiene Pablo Casado, líder de la oposición, que tampoco ha gestionado ni equipos ni presupuestos en cargo público alguno.

A la conquista de los jóvenes

Rejuvenecer el Ejecutivo cumple la doble función de atraer un voto joven que al PSOE se le estaba atragantando y terminar de eclipsar a Podemos, no solo política, también estéticamente. Por eso, a la euforia en Ferraz por la salida de Iván Redondo del Ejecutivo se suma también la celebración de este relevo generacional, así como que el presidente haya apostado para ello por la cantera del partido que fortalece las estructuras territoriales.

Que las seis nuevas ministras sean mujeres y cuarentañeras es uno de los mensajes más celebrados por la federación socialista. Fuentes del partido dan abiertamente por superado el cliché de ‘señoro’ que encarnaba Ábalos (61), seguramente más por actitud que por edad, y con el que muchos socialistas también identifican a algunos de los barones como Page y Lambán, a los que las nuevas ministras anticipan la sucesión en las próximas autonómicas.

El PSOE hace tiempo que había detectado la necesidad de recuperar el voto joven de izquierdas que se le había ido yendo a Podemos o a la abstención. Un tirón generacional que en la derecha ya ha demostrado tener Isabel Díaz Ayuso. La presidenta madrileña suma entre sus logros haber rejuvenecido sustancialmente el voto al PP madrileño. El 4-M, ese voto joven se fue para PP y Más Madrid, mientras PSOE y Cs eran los únicos que bajaban en la franja de 18 a 24.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE) Opinión

Está por ver si al PSOE le funciona la estrategia. En realidad, la mayoría de los estudios demoscópicos dice que los jóvenes no se identifican necesariamente con los candidatos jóvenes a la hora de votar. O, al menos, no es lo más determinante para atraerlos a las urnas. Sí puede funcionar para movilizar a la gente joven poco politizada, pero, por lo general, para movilizar a los menores de 30 años, sociólogos y politólogos abogan más por promover políticas rupturistas que estos perciban que los tienen en cuenta.

En el caso del Gobierno de coalición, una de esas políticas con las que podría movilizar el voto joven es una política de vivienda rupturista, que compensaría la descompensada batalla generacional detrás de la reforma de las pensiones. Esta puede ser otra de las razones de la salida de Ábalos, que fue quien frenó el anterior intento de reforma del alquiler. Por más que la haya abanderado Podemos desde el comienzo de la coalición, en el PSOE esperan apuntarse también este tanto.

Desde la salida de Iglesias, acertadamente o no, en Ferraz dan a su rival a la izquierda por amortizado. Los socialistas celebran también la falta de renovación de los ministros de Podemos en la crisis de Gobierno como otro síntoma de la debilidad del partido morado, perdido desde la marcha de Iglesias en una confusa bicefalia entre las ministras Ione Belarra y Yolanda Díaz. La falta de entendimiento interno impide un acuerdo para decidir de momento cualquier cambio entre los ministros de Podemos, a los que, por jóvenes que sean, desgasta la falta de renovación. Ni siquiera su juventud es ya un rasgo diferenciador.

Con esta crisis de Gobierno, el PSOE aspira a la desaparición de Podemos por implosión propia, sin generar ninguna tensión externa que los pueda unir en un frente común. Sánchez no quiere ser verdugo de Podemos para no enfadar a su votante. Tampoco necesita enfadar a sus líderes. De tanto ningunearlos en el Consejo de Ministros, ya ni siquiera necesita prescindir de ellos.

El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez lo forman 14 mujeres y ocho hombres. No hay por qué dudar de que todos ellos estén ahí por méritos propios y no simplemente por cumplir con la cuota masculina. Pero por más que al presidente le guste presumir de haber formado el Gobierno con más ministras de Europa, no es la clara mayoría femenina el cambio más llamativo. Más simbólico es el relevo generacional que supone que los ocho nuevos nombramientos sean todos ellos nacidos en los setenta y ochenta.

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