La paradoja de la buena marcha de la vacunación en España
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La paradoja de la buena marcha de la vacunación en España

El país que encabeza el ritmo de vacunación en Europa podría convertirse en el refugio de los antivacunas si aquí siguen pudiendo disfrutar de todo aquello que en sus países se les limita

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Foto: EFE.

Desde que Portugal se sumó a los países que, como Francia, Italia y Grecia, piden certificado de vacunación (o test negativo) para entrar en hoteles, bares y restaurantes, conozco varios españoles que pensaban irse en verano a Lisboa que han cambiado de planes. Al final, se quedarán en España, o bien porque por edad no llegan a tiempo de tener la pauta completa o porque siguen sin tener intención de vacunarse contra el covid. Ni siquiera evitando aeropuertos se puede ya evitar la exigencia de vacuna o PCR para ir al extranjero.

Veranear en España no solo resulta más atractivo para los españoles que no se quieren o no se han podido vacunar. También para los europeos antivacunas a los que en sus países, para disfrutar de cualquier tipo de ocio en interiores, les piden estar vacunados. En su propio país no les dejan entrar en locales cerrados por riesgo de contagio. Aquí, todavía son bienvenidos.

Cada vez son más los países que exigen este certificado de vacunación para la hostelería y hasta el transporte público. A los ya mencionados, se van a sumar Irlanda y Bélgica y, a medida que la variante delta avanza, es probable que también lo haga la lista de países que lo exigen. Así que los antivacunas franceses, italianos, griegos, belgas van a tener en España la libertad de ocio, y de provocar contagios, que en sus países les niegan. Al menos, de momento.

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En España, solo Galicia y Canarias han empezado a exigir pasaporte covid para entrar en los interiores de hostelería. Otras comunidades como Valencia y Baleares se lo están pensando con el repunte de contagios. La medida plantea dudas legales y logísticas, lo cual no es ninguna novedad en la gestión del covid. Lo raro sería una medida que genere consenso. Así que el barullo legal que ha habido en otros momentos de la pandemia con las restricciones es probable que se repita también con medidas como esta para evitarlas. Al fin y al cabo, el pasaporte sanitario tiene entre sus funciones evitar nuevos cierres de locales a costa de garantizar una mayor seguridad en ellos. Si solo pueden entrar aquellas personas que menos probabilidad tienen de contagiar (las vacunas no lo evitan al 100%, pero reducen el riesgo tanto de contagiarse como de contagiar), también puede ayudar a los locales donde solo entran vacunados a aumentar aforos.

Reducir contagios en interiores concurridos no es la única misión del pasaporte covid. La otra motivación del certificado de vacunación, la principal en la mayoría de los países europeos, está siendo incentivar la vacunación entre la población más reticente. Tanto en Francia como en Reino Unido e Italia, hay mucha gente, sobre todo jóvenes, renuente a pedir cita para inmunizarse. El mismo día que Macron anunció que la vacunación iba a ser requisito para cines, teatros y bares, tres millones de personas pidieron cita.

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En España, sin embargo, como la gran mayoría de la gente sí quiere vacunarse y si no lo ha hecho todavía es porque no le ha llegado el turno, la exigencia de un certificado de vacunación no parece necesaria para acelerar la inmunidad de grupo. ¿O sí? Paradójicamente, el país que encabeza el ritmo de vacunación en Europa podría convertirse en el refugio de los antivacunas si aquí siguen pudiendo disfrutar de todo aquello que en sus países se les limita. Si España se convierte en un destino atractivo para no vacunados, que a lo sumo necesitarían presentar un test en la frontera y olvidarse, las ratios necesarias para garantizar una inmunidad de grupo aumentarían.

La buena noticia es que el ritmo previsto por el Gobierno para llegar al 70% de la población vacunada a mediados de agosto va camino de cumplirse. La mala es que con la variante delta ese umbral se queda corto, como muchos epidemiólogos avisaban hace dos meses. Y cuanto más tiempo siga el virus circulando, más riesgo de nuevas variantes peligrosas y nuevas restricciones. De ahí que un pasaporte sanitario para garantizar una mayor seguridad de ciertas actividades, sobre todo en interiores en los que para consumir es necesario quitarse la mascarilla, es cada vez menos descabellado.

Desde que Portugal se sumó a los países que, como Francia, Italia y Grecia, piden certificado de vacunación (o test negativo) para entrar en hoteles, bares y restaurantes, conozco varios españoles que pensaban irse en verano a Lisboa que han cambiado de planes. Al final, se quedarán en España, o bien porque por edad no llegan a tiempo de tener la pauta completa o porque siguen sin tener intención de vacunarse contra el covid. Ni siquiera evitando aeropuertos se puede ya evitar la exigencia de vacuna o PCR para ir al extranjero.

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