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Acércate al drama
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Marta García Aller

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Acércate al drama

Mientras miles de vecinos desesperados están siendo evacuados con lo puesto para salvar al menos su vida, ya hay turistas reservando un pasaje en ferry para verlo de cerca

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

“Acércate al drama”. Eso decía el folleto de promoción del crucero. Ofrecía una visita guiada por un volcán activo y un lago de ácido humeante de belleza sin igual. A los turistas se les recordaba antes de subir al barco que los llevaba a esa isla volcánica que no olvidasen llevar su cámara de fotos porque contemplarían de cerca un paisaje espectacular, lleno de los tonos vívidos de amarillo y naranja que deja el azufre. A bordo, les proporcionaban una máscara antigás para poder acercarse más. Y se acercaron.

Una veintena de turistas perdieron la vida en aquella trágica visita guiada de hace un par de años en la isla Wakatan, ante el mayor volcán activo de Nueva Zelanda. Otros tantos fueron hospitalizados con graves quemaduras. Las visitas al volcán no estaban restringidas porque estaba estimado un riesgo bajo. Sin embargo, resultó más arriesgado de lo que reconocía aquel folleto turístico y de lo que las autoridades supieron anticipar. Los volcanes, y ahí radica gran parte de su capacidad de destruir y fascinar, son imprevisibles. Y hacerse un selfi junto a un cráter humeante para ver de cerca los vapores del núcleo hirviendo puede tener mucho éxito en Instagram, pero también mucho peligro.

Segunda noche de temblores y erupciones en La Palma

Hay cientos de volcanes activos en todo el mundo que reciben anualmente millones de turistas, de Japón a Estrómboli, de Islandia al Congo. Visitar volcanes ha pasado de ser un viaje de aventura a una actividad empaquetada al por mayor. Atrae su belleza salvaje, a veces también el riesgo. Así que tiene razón la ministra Reyes Maroto en que los volcanes activos son un buen reclamo para atraer turistas. Tanto, que algunos ni siquiera están esperando a que se enfríe la lava del volcán que acaba de entrar en erupción en La Palma, y que avanza inexorable por la isla tragándose sus casas, sus barrios y sus plataneros. Mientras miles de vecinos desesperados están siendo evacuados con lo puesto para salvar al menos su vida, resulta que ya hay turistas reservando un pasaje en ferry para verlo cerca. Mientras los equipos de rescate están ayudando a huir del peligro a las familias que tienen que dejarlo todo atrás, otros están impacientes por acercarse al drama.

Algunas compañías navieras han informado de conexiones extraordinarias entre Tenerife y La Palma por el aumento de demanda. Muchos pasajeros son efectivos de refuerzo para ayudar a las víctimas o geólogos y vulcanólogos que analizan el fenómeno, pero también viajan hacia la isla canaria curiosos y turistas. Se quieren acercar a lo que el lunes la propia ministra de Turismo llamaba “maravilloso espectáculo de la naturaleza”. Ese mismo día, según contaba en '20minutos' Ignacio Liaño, director de la flota de Fred Olsen, su empresa de ferris empezó a detectar un aumento de clientes que les llaman para saber si pueden viajar un fin de semana a La Palma para ver el volcán en erupción.

Foto: turismo-islandia-de-crisis-financiera-a-erupciones-volcanicas

La ministra no solo metió la pata al hablar de potencial turístico en medio de la tragedia con esa falta de tacto que la llevó a sonar como la promotora de una compañía de cruceros, en vez de como miembro de un Gobierno preocupado por los miles de canarios evacuados que lo están perdiendo todo bajo la lava, las cenizas y los gases tóxicos. Tampoco parece prudente promocionar el turismo de volcanes en La Palma precisamente en un momento en que las autoridades están pidiendo a la gente que se aleje de la zona de peligro. Protección Civil está alertando de que es mejor no salir de casa donde hay cenizas en suspensión. Además, la llegada del magma al mar provocará nubes tóxicas de un alcance difícil aún de calcular.

Los vulcanólogos llevan tiempo advirtiendo de que hay que tener más respeto por estos fenómenos naturales que no se pueden controlar. La percepción general del riesgo, sin embargo, no siempre coincide con el criterio de los expertos. Desastres como el de la Isla de Wakatan se olvidan rápido. No hay más que ver este sorprendente interés en hacerse una escapadita en ferry para ver el río de lava cayendo en el volcán Cumbre Vieja y disfrutar más de cerca su poder destructor. Ni siquiera saber que está en plena erupción un manto imprevisible de lava de 1.075 grados disuade a los mirones del morbo. Vivimos tiempos tan impacientes que turistas y víctimas se solapan en las fotos de las tragedias.

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