El as en la manga de Nadia Calviño
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El as en la manga de Nadia Calviño

Ser tecnócrata puede ser un problema para ganar un concurso de popularidad o un barómetro del CIS sobre los líderes mejor valorados, pero resulta muy útil para meterse la Comisión Europea en el bolsillo

Foto: La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (EFE)
La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (EFE)

Nadia Calviño tiene una enorme ventaja con respecto a Yolanda Díaz. Bueno, tiene varias.

Pero hay una que puede ser definitiva para inclinar la balanza del pulso que ambas vicepresidentas mantienen a cuento de la reforma laboral. La gran ventaja de Calviño, quién nos lo iba a decir, es su fama de tecnócrata.

En un país en el que ser la primera de la clase no tiene buena prensa, la vicepresidenta que llegó de Bruselas, la que habla cuatro idiomas y nunca habla de sus cuatro hijos, la que renunció a más de la mitad de su sueldo como alta funcionaria al entrar en el Gobierno, la que habla más del PIB que de la empatía, tiene un as en la manga y vale 140.000 millones. La vicepresidenta primera y ministra de Economía tiene en su mano la confianza de la Comisión Europea para el fondo de recuperación.

Díaz liderará la mesa de diálogo, pero el Gobierno defiende la participación de Calviño

Ser tecnócrata puede ser un problema para ganar un concurso de popularidad o un barómetro del CIS sobre los líderes mejor valorados, pero resulta muy útil para meterse la Comisión Europea en el bolsillo. Y con la de veces que España está teniendo que revisar últimamente a la baja sus indicadores macroeconómicos, conseguir que este Gobierno todavía inspire credibilidad en Bruselas sí que es un superpoder.

Calviño también tiene la ventaja de que no planea presentarse a presidenta del Gobierno. Eso le ahorra mucho tiempo, entre tuits y canutazos, para ponerse a trabajar. En las generales, fue la única que rechazó ir en las candidaturas, y no está afiliada al PSOE. Su relación con el presidente del Gobierno dicen que es fría, siempre lo ha sido, pero muy práctica y, sobre todo, dicen que leal. No llevarse especialmente bien con Sánchez, viendo cómo han acabado algunos que creían ser íntimos, también es una ventaja. Solo negocios.

No llevarse especialmente bien con Sánchez, viendo cómo han acabado algunos que creían ser sus íntimos, también es una ventaja

Ni Calviño hace nada sin el apoyo del presidente, ni el presidente va a hacer nada que ponga en riesgo los 140.000 millones que manda la Comisión Europea. No de momento. Eso pasa por cuidar a Calviño, que no gana todas las negociaciones, pero sí que va a ganar todos los pulsos. Una cosa es ceder en el salario mínimo, lo que le sirvió a Podemos para anotarse un tanto y ganar una visibilidad que necesitaba, y otra poner en riesgo lo prometido a Bruselas. Una cosa es ceder protagonismo al socio y otra ceder poder. Ahí, Sánchez es inflexible.

Hasta ahora, en el pulso por el control de la reforma laboral, Moncloa mantiene el apoyo a Díaz. Ponerse de parte de Calviño es ponerse de parte de lo prometido a la Comisión Europea y por eso Pedro Sánchez quiere que la vicepresidenta primera coordine la reforma laboral, para evitarse líos con Bruselas (y Fráncfort), que es del único sitio de donde vienen las buenas nuevas. Gentiloni habla de “equilibrio”, Calviño también. Calviño habla de “modernizacion”, Sánchez también. Entre todas las promesas que Sánchez está dispuesto a incumplir esta legislatura, no parece que esté el plan de reformas presentado a la Comisión por Calviño. Al menos, no a corto plazo. Si este Gobierno tuviera un enfrentamiento con la UE, Podemos sí que saldría ganando, porque cuando se rompe la baraja sale ganando el que peor mano lleva.

Foto: El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

En Moncloa, no dan credibilidad al amago de Yolanda Díaz de cesar si se frenase la derogación de la reforma laboral de Rajoy. Dan por hecho que es un farol porque calculan que no va a forzar un adelanto electoral sin siquiera tener partido todavía. Más miedo tienen en las filas socialistas a cuántas locuras puede hacer Podemos en lo que llaman su proceso de desintegración. Les tranquiliza que Yolanda Díaz necesite el coche oficial para llegar a las próximas elecciones y que para darle fuerza a su plataforma necesite del caché de la institucionalidad, que es lo que la diferencia del simple activismo. Los socialistas temen más los órdagos de la parte de Podemos que no comparte estrategia con Díaz.

Puede entonces que el problema de Yolanda Díaz no sea tanto con Nadia Calviño, sino con la parte de su partido, el que encabeza sin dirigir y en el que tampoco milita, al que su estrategia no convence. Hay un Podemos que no opina como Díaz y como Pablo Iglesias, que la nombró sucesora sin consultar con la militancia. En el partido morado hay una facción que piensa que desde la oposición tendría mejores resultados. De ahí que Yolanda Díaz aproveche el follón de la reforma laboral para tapar el otro follón de la pérdida del escaño de Alberto Rodríguez y marcar distancia con la parte socialista del Gobierno para no parecer subordinada del PSOE.

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE) Opinión

La ministra de Trabajo necesita dejar claro que llevará la negociación de la reforma laboral. La ministra de Economía accede, pero tiene truco. Calviño dijo el martes, en las Jornadas de Periodismo de la Asociación de Periodistas Europeos, que no tiene ningún inconveniente en que el Ministerio de Trabajo lidere esa mesa. “Lo importante”, añadió, “es que tengamos una buena coordinación”. De la coordinación, en Moncloa lo dan por hecho, se encargará ella.

Calviño también insistió en que no hay ningún tipo de debate en la sustancia estos días. “Estamos sobre todo hablando de la metodología de cómo vamos a organizarnos”, matizó. Para una tecnócrata, llevar las disputas al terreno de la metodología es jugar en casa.

Calviño habló de la reforma laboral, pero también de la educativa y hasta de las 'startups' y los ordenadores cuánticos. Venía a decir que los problemas de Yolanda Díaz son solo una pequeña parte de todos los que tienen en el Ministerio de Economía. Puede que verbalizar que no tenía inconveniente en que el Ministerio de Trabajo se encargue de la mesa de la reforma laboral estuviera pensado como gesto de reconciliación, pero cuando añadió que eso de las mesas es cosa de los secretarios de Estado, la vicepresidenta sonó demasiado condescendiente. Es lo que tienen los tecnócratas.

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