¿Qué pasaría si pagamos 20 euros a los que faltan por vacunarse?
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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¿Qué pasaría si pagamos 20 euros a los que faltan por vacunarse?

Un estudio demuestra que ofrecer dinero a los que no se han animado aún a inmunizarse podría aumentar sustancialmente las tasas de vacunación

Foto: Una mujer se vacuna de la gripe y del covid-19 en Madrid. (EFE/David Fernández)
Una mujer se vacuna de la gripe y del covid-19 en Madrid. (EFE/David Fernández)

A medida que avanza una nueva oleada de covid que vuelve a poner en jaque Europa, en España se nos están pasando las semanas de ventaja que nos da tener una mayor tasa de vacunación en discutir si es efectivo o no el pasaporte de vacunación o si, de aumentar los ingresos hospitalarios, habría que imponer restricciones a todos o solo a los que no se han vacunado todavía. Y en lo que discutimos qué hacer llega otra ola. Y van seis.

Mientras Sanidad fija nuevos umbrales para las restricciones si siguen aumentando los contagios y los gobiernos autonómicos andan pendientes de lo que decida un juez en Bilbao o en Valencia sobre el pasaporte covid, tal vez sea el momento de probar algo nuevo. Un grupo de investigadores ha llegado a la conclusión de que hay otra manera de incentivar la vacunación que puede ser más efectiva que las campañas de concienciación al uso. Sostienen que ofrecer 20 euros a los que no se han animado aún a inmunizarse podría aumentar sustancialmente las tasas de vacunación. Es la conclusión de un estudio coordinado por Pol Campos-Mercade, investigador de la Universidad de Copenhague, experto en economía del comportamiento.

placeholder Pol Campos-Mercade, investigador de la Universidad de Copenhague, experto en economía del comportamiento.
Pol Campos-Mercade, investigador de la Universidad de Copenhague, experto en economía del comportamiento.

El estudio reclutó a 8.286 participantes de entre 18 y 49 años de una muestra representativa de la población sueca. A algunos les dieron información de las vacunas para animarles a vacunarse; a otros, les destacaron el impacto social y solidario, insistiéndoles en la importancia de hacerlo para proteger a los demás; a un tercer grupo les insistieron en que las vacunas eran seguras. Sin embargo, el incentivo que mejor funcionó fue ofrecer a los participantes 200 SEK (20 euros) si se vacunaban en los siguientes 30 días. Esto incrementó la vacunación en cuatro puntos porcentuales. Es decir, convenció a un 15% de los que no se pensaban vacunar.

“Es interesante que solo 20 euros puedan ayudar a convencer a tanta gente”, me explica Pol Campos-Mercade por Zoom desde Suecia. “Es un incentivo realmente barato en comparación al coste que generan al Estado los no vacunados. Lo bueno de pagar a la gente por las vacunas es que este dinero no se pierde, son transferencias del Gobierno directamente al consumo. La efectividad del dinero que se gastan en las campañas de concienciación, sin embargo, es mucho más difícil de medir”.

Foto: Imagen: Irene Gamella.

Varios países ya han probado incentivos económicos. Este verano, Grecia dio un cheque de 150 euros a los jóvenes que se vacunaran para gastarlos en vacaciones o en cultura y un mes gratis de datos telefónicos para ponerse su primera dosis. En Ohio se probó con una lotería de un millón de dólares entre los que se vacunaran para motivar a los indecisos. En Nueva York tenían viajes en Uber gratis y hasta les invitaban a hamburguesas si iban a por la dosis. Sin embargo, los gobiernos y las organizaciones tienen una capacidad limitada para evaluar adecuadamente el impacto de estos incentivos porque, a diferencia de este estudio sueco, carecen de grupos de control para establecer causa y efecto. En el caso de la lotería de Ohio, por ejemplo, un estudio posterior de la Universidad de Boston descartó que el incentivo basado en lotería hubiera sido realmente eficaz y atribuyó el aumento en la vacunación a otros factores.

Campos-Mercade reconoce que hace falta más evidencia de qué funciona y qué no, y no defiende que los incentivos económicos sean la panacea. Ni siquiera hay por qué elegir entre el palo y la zanahoria. No es excluyente dar un incentivo económico a pedir el pasaporte covid, que tampoco es la solución mágica, solo una barrera más de transmisión. Los incentivos podrían ser una herramienta más para fomentar la vacunación que hasta ahora ha sido poco probada.

Foto: La eurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop. (EFE)

Según este estudio, el incentivo de los 20 euros funciona en todos los tramos de edad, pero algo más en los jóvenes, y sobre todo con la gente que no está totalmente convencida, pero que no son ni antivacunas ni conspiracionistas. Moviliza a los que pasan, a los que creen que no les va a afectar muy gravemente. “Son gente que pasa del trámite de ir a vacunarse, pero si se les ofrece algo se animan y lograr que lo hagan puede salvar muchas vidas”, advierte el experto.

¿Palo o zanahoria?

Cuando Grecia empezó a ofrecer en junio ese cheque de 150 euros, solo un tercio de la población se había vacunado. Casi medio año más tarde, un 61% de los 11 millones de griegos se ha puesto la segunda dosis de la vacuna y el país está endureciendo la exigencia de pasaporte covid ante la nueva ola. Los no vacunados ya no podrán acceder al interior de los restaurantes, cines, teatros, museos, gimnasios y edificios públicos en el país. Desde que ha ido endureciendo las medidas restrictivas para los no vacunados, el interés de los griegos por la vacuna se ha disparado (en los últimos 30 días, se han concertado 444.000 citas para la primera dosis y 1,2 millones para la tercera, la de refuerzo, ya que a los mayores de 60 sin ella les caduca el pasaporte covid). Cuando Macron anunció el pasaporte covid en julio, Francia era uno de los países europeos con menos adultos vacunados. Ahora roza el 80% y supera en 10 puntos a los alemanes, que lo han implantado este otoño.

Foto: El puerto de Tel Aviv. (Reuters)

El estudio sueco sobre los incentivos monetarios tiene varias limitaciones. No es concluyente sobre si dar más dinero (o menos) tendría algún cambio sustancial o si sería diferente si en vez de un grupo de investigadores fuera el Estado quien lo ofreciera; además, aún están investigando cuáles serían los efectos en el largo o medio plazo. El problema podría ser que luego la gente no se vacuna si no se le paga y puede tener un efecto rebote. “Estamos estudiándolo”, explica el investigador. “Nuestra intuición es que al haber pagado tan poco no hay efectos negativos ni positivos en el medio plazo, pero ya estamos estudiando las actitudes con la tercera dosis, si han ganado confianza en las vacunas o si la han perdido”.

El equipo de Campos-Mercade ha recibido a raíz de publicar este estudio muchas solicitudes de información de varias agencias de salud pública sueca, del Ministerio de Sanidad de Dinamarca y de otros gobiernos europeos, interesados en la letra pequeña del estudio, para estudiar su aplicación. El economista reconoce que hay mucho interés en toda Europa, pero está sorprendido de que no haya habido solicitudes por parte de las administraciones españolas. Le cuento que es que aquí estamos todavía muy entretenidos discutiendo qué dicen los jueces y los gobiernos autonómicos sobre la conveniencia del pasaporte covid, que ya está implantado en numerosos países como Italia, Países Bajos, Grecia y Francia.

Foto: Una adolescente se hace una foto tras vacunarse. (EFE/Manuel Lorenzo)

A los políticos y funcionarios que le contactan, Campos-Mercade les recomienda que esperen a los resultados finales del estudio, una vez que confirmen que no hay efectos en el medio plazo. “A veces es problemático ser prudente”, matiza, “porque la gente percibe la cautela como inseguridad, pero no es eso, es prudencia científica”. También anima a combinar este tipo de incentivos monetarios con otras fórmulas, como el pasaporte covid o llamar a gente que no se ha vacunado para citarla personalmente a una hora y un día.

Mientras Europa sigue buscando cómo incentivar la vacunación y lidia con una nueva ola que puede ser más peligrosa que las anteriores, España tiene dos ventajas muy importantes que aún está a tiempo de aprovechar. La primera es que la vacunación ha funcionado aquí mejor que en otros países y ya hay un 80% de la población vacunada. Sin embargo, los cuatro millones de españoles que siguen sin inmunizarse son suficientes para no descartar el riesgo en los hospitales. Ahí es donde la segunda ventaja es crucial: el tiempo extra que estamos teniendo para prepararnos.

Foto: Un joven recibiendo una dosis de la vacuna del covid-19 (EFE) Opinión

Los expertos tienen estudiado que cuando aumentan los ingresos hospitalarios aumenta también el miedo a enfermar y esto anima a más escépticos a vacunarse, pero para cuando llega la nueva ola ya es tarde, porque muchos ya han enfermado o han infectado a otros. La OMS advierte de que Europa podría sumar 700.000 muertes antes de marzo, es un momento crucial de acelerar el incremento de la vacunación antes de que esa ola llegue a España. A diferencia de lo que pasa en países con tasas de vacunación más baja, donde como en Países Bajos, Austria y Alemania los hospitales ya están saturados, aquí eso aún se puede prevenir.

El Gobierno de España tiene motivos para estar orgulloso de cómo ha funcionado la campaña de vacunación, pero también para no ser demasiado optimistas. Ya sabemos que fue un error mostrarse triunfalistas con aquella cuenta atrás para alcanzar el umbral del 70% y luego del 80% de la vacunación, porque con las variantes más contagiosas hace falta superar el 90% para estar tranquilos. Cuatro millones de españoles sin vacunar son muchas personas en riesgo de enfermar y morir por covid. Dos años de pandemia no han sido suficientes para que aclaremos el marco legislativo ni lleguemos al acuerdo de qué medidas tomar. Más descabellado que probar algo nuevo es volver a confiarse.

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