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El engaño de convivir con el virus
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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El engaño de convivir con el virus

Una cosa es tener que convivir con el coronavirus y otra con la incompetencia de su gestión. A lo primero podríamos llegar a acostumbrarnos, a lo segundo no hay por qué

Foto: Personas caminando por la calle Preciados en Madrid. (EFE/Juanjo Martín)
Personas caminando por la calle Preciados en Madrid. (EFE/Juanjo Martín)

Ha vuelto a pasar. Hace cinco semanas, cuando algunos países europeos empezaron a tomarse en serio la amenaza de ómicron, el presidente Pedro Sánchez lanzaba un mensaje optimista y presumía en un mitin en Galicia de que “España volvería a ser un ejemplo al mundo”. La clave, según Sánchez, era seguir haciendo las cosas como hasta ahora. En efecto, la historia se repite: España ha empezado 2022 igual que empezó el verano del 21, a la cabeza en Europa de contagios de covid.

Fue a las mascarillas y a la vacunación a las que el Gobierno insistió en que fiaba toda su estrategia, frente al aumento de contagios que ya empezaba a sufrirse en España cuando la sexta ola era incipiente. La mayoría de comunidades autónomas tampoco quisieron en Navidad nuevas restricciones. “Somos el espejo en el que se miran muchos países”, presumía el presidente el mes pasado. El espejo español en enero, sin embargo, muestra 10 veces más casos que la primera semana de diciembre y una presión hospitalaria en riesgo alto. La sexta ola se está yendo de las manos. En Cataluña, los pacientes covid ocupan el 41% de las camas UCI, y en el País Vasco, un 32%. En Madrid, Cantabria y Comunidad Valenciana, superan ya el 20%.

España ha empezado 2022 igual que empezó el verano del 21, a la cabeza en Europa de contagios de covid

El elevado número de contagios no solo está suponiendo un colapso de los centros de salud, así como una mayor presión hospitalaria que arrincona a pacientes de otras patologías y retrasa tratamientos no urgentes pero necesarios. La sexta ola también está causando muertes evitables de personas vulnerables que con las altas tasas de contagio tienen más difícil esquivar el virus, así como un aumento de las secuelas de covid persistente (que afecta al 10% de contagiados). Tampoco será posible esquivar los perjuicios económicos por la avalancha de bajas laborales y planes cancelados que acompañan a unas tasas récord de contagios.

No tomar medidas para frenar la curva de contagios tiene un alto coste, no sé si político, pero sí sanitario, social y económico. La OMS está insistiendo en que no debe banalizarse la variante ómicron, capaz de causar enormes estragos por su altísima contagiosidad. Lo que sabemos tras las 1.500 muertes por covid en las últimas tres semanas es que se han minusvalorado los riesgos de la estrategia de convivir con el covid.

Tanto el Gobierno como las comunidades autónomas tiraron hace semanas la toalla para frenar la explosión de contagios ómicron, confiando en que las altas tasas de vacunación en España serían suficientes para evitar un colapso hospitalario. Dejar que el virus circule libremente es una apuesta delicada, que ni siquiera Gobierno y comunidades reconocen abiertamente, y que ya veremos cómo acaba.

Año tres de la pandemia y seguimos teniendo que convivir con la misma imprevisión

Sin embargo, una cosa es tener que convivir con el coronavirus y otra con la incompetencia de su gestión. A lo primero podríamos llegar a acostumbrarnos, a lo segundo no hay por qué. El verdadero engaño de hacernos convivir con el aumento de contagios de la ómicron como si fuera algo inevitable, ante la incapacidad de los gobiernos central y autonómicos de frenar la curva de contagios, es la constatación de que no se han hecho los ajustes necesarios en el sistema para que esa convivencia no sea una temeridad.

Ni se reforzó a tiempo la Sanidad, ni se ha adaptado la legislación para poder reaccionar rápidamente a los repuntes de contagios, ni se ha mejorado el rastreo y el acceso a los test, ni se ha obligado a mejorar la ventilación de lugares cerrados públicos y privados para reducir el riesgo con la vuelta del frío. Ni siquiera todo el que quiera ponerse una dosis de refuerzo puede hacerlo todavía. De ahí que merezca la pena volver a aquellas declaraciones de Sánchez presumiendo hace cinco semanas de que esta ola se iba a gestionar como las anteriores. En eso no se equivocó. Año tres de la pandemia y seguimos teniendo que convivir con la misma imprevisión.

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