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La regla es política (y no es azul)
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La regla es política (y no es azul)

El apoyo, o la falta de apoyo, a los problemas que pueden derivarse de la menstruación es una cuestión política. Y los tabúes no han desaparecido ni de los anuncios de compresas

Foto: La periodista y escritora feminista, Gloria Steinem. (EFE/Eloy Alonso)
La periodista y escritora feminista, Gloria Steinem. (EFE/Eloy Alonso)
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Gloria Steinem escribió su icónica sátira "Si los hombres pudieran menstruar" en 1978. Esta feminista estadounidense reflexionaba sobre el tabú de la menstruación con una fantasía humorística que todavía funciona: "¿Qué pasaría si de repente, por arte de magia, los hombres pudieran menstruar y las mujeres no?" Bromeaba Steinem en este famoso ensayo que "la menstruación se convertiría en un evento envidiable, digno y masculino. Los hombres se jactarían de cómo y cuánto. Los jóvenes hablarían de ello como el envidiado comienzo de la virilidad. Regalos, ceremonias religiosas, cenas familiares y fiestas marcarían el día". Su manera de cuestionar que la menstruación siguiera ocultándose como algo vergonzoso era bromear sobre ella.

Steinem vivía en el futuro. Su sátira sigue vigente ahora que mucha gente anda desconcertada con que en el borrador de una ley se esté negociando el modo de adaptar la legislación para que las mujeres con reglas muy dolorosas puedan mejorar su derecho a una baja laboral. También resulta humorístico, aunque seguramente de forma involuntaria, que haya quienes niegan que exista un tabú en torno a la menstruación para a continuación pedir que se deje ya de hablar de ella. Les resulta tan inoportuno como desagradable. Qué problema va a haber, alegan, si hubo una vez un marido, un padre o un hermano que fue al súper a por Tampax. Parece el 'remake' del clásico "tengo un amigo gay". Si tanta gente se espanta porque esta semana se discuta de la menstruación en el Consejo de Ministros, no descartemos que algo de tabú quede. Y teniendo en cuenta de dónde venimos no puede extrañarnos demasiado.

Cómo no iba Steinem a vivir en el futuro si fue en 1978, el mismo año en que publicaba su ensayo humorístico, se oía por primera vez en España la palabra "regla" en un anuncio de la televisión. Aparecía una mujer cambiando la rueda pinchada de un Dos Caballos. El spot no decía "regla" sin más. El eslogan era más disimulado: "Evax, la que cumple todas las reglas". Un juego de palabras era lo más transgresor que entonces se podía permitir la piel fina del buen gusto.

El tabú siguió mutando en las siguientes décadas. En los 90 doy fe de que seguía ahí

Si ni siquiera en los anuncios de compresas estaba normalizado hablar de la regla, cómo iba a estarlo en el trabajo. Es fácil de entender por qué para varias generaciones de mujeres que se incorporaron al mercado laboral en la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en entornos que hasta entonces habían sido masculinos, la menstruación era algo de lo que entonces era mejor no hablar. Bastante tenían con convencer a sus madres y abuelas de que con la regla no había ningún problema en ducharse y hacer vida normal, como para hablar de sus dolores con los jefes. El tabú y la desinformación de generaciones anteriores con la menstruación había sido mucho mayor. Lo moderno en los 70 y 80 era demostrar que una mujer podía cambiar la rueda de un coche teniendo la regla. Y allá cada una con sus dolores si los tenía. Lo mejor era quitarle importancia al periodo, hacer como que no existía, para evitar estigmas.

El tabú siguió mutando en las siguientes décadas. En los 90 doy fe de que seguía ahí. Las nietas de las últimas mujeres que tuvieron que ir al río a lavar los trapos aún nos pasábamos las compresas en el instituto con más disimulo que los que trapicheaban con hachís. Por entonces, un anuncio de Isabel Coixet, en el que todas las chicas reían y vestían de blanco, se preguntaba a qué huelen las nubes. Tener la regla se representaba siempre como indoloro, inodoro y, sobre todo, incoloro. A principios de este siglo lo más parecido a la menstruación que mostraban los anuncios de compresas era un líquido azul y hacer volteretas con pantalones blancos, el mensaje más vanguardista.

Sin embargo, una nueva generación de mujeres feministas, en parte gracias a que con las redes sociales los anuncios de la tele ya no son la única representación cotidiana de las menstruaciones, han normalizado una discusión pública sobre la menstruación mucho más realista. La Generación Zeta y buena parte de las Milennials ya no conciben que la regla sea algo que ocultar ni mucho menos avergonzarse. Y mientras sus madres aspiraban a que no se notara que tenían la regla en el trabajo para no ser discriminadas, las nuevas generaciones plantean que la discriminación actual radica en invisibilizar las necesidades específicas que genera.

Una nueva generación de mujeres feministas han normalizado una discusión pública sobre la menstruación mucho más realista

Buena parte del tabú sigue sin estar superado. Ni siquiera en los anuncios. Si lo estuviera, no habría resultado polémico un spot de la marca Kotex de hace un par de años porque, por primera vez, el líquido que utilizaba para demostrar lo absorbentes que eran sus productos era rojo en vez de azul. Creó mucho revuelo el rojo: "La sangre es sangre. No hay nada que ocultar", explicaba en 'The Wall Street Journal' Sarah Paulsen, directora creativa de Kimberly-Clark. Su explicación deja constancia de que en 2020 aún era necesario explicarlo. En la televisión australiana, hace no mucho otra empresa mostró sangre en una toalla y también hubo cientos de quejas de espectadores ofendiditos. Una cosa es mostrar en la tele la sangre de una operación, un disparo o un accidente y otra la del periodo. Facebook e Instagram incluso retiraron un anuncio porque anunciaba sus productos de higiene femenina con un líquido rojo. A quién se le ocurre recordarle a los espectadores el color de la menstruación.

Así que sigue habiendo mucha gente que no tiene ningún problema con la regla siempre y cuando no se hable de ella públicamente. Seguramente no sean conscientes de hasta qué punto ese estigma daña la economía, la salud y la educación. Menstruar es algo perfectamente natural para la mitad de la población, sin embargo, se ha investigado muy poco. Sigue habiendo pocos datos sobre los trastornos menstruales, como no los hay del efecto que puede tener en el mercado laboral una baja para menstruaciones especialmente dolorosas como la que se plantea desde el Ministerio de Igualdad.

Se calcula que cerca de un 15% de las mujeres padece dolores menstruales intensos que pueden ser incapacitantes, pero en muchos trabajos sigue estando mal visto ausentarse por dolores de regla. Un estudio, publicado en el 'British Medical Journal', muestra que el 14% de las mujeres encuestadas se había tomado un tiempo libre del trabajo o la escuela por dolores menstruales. Sin embargo, solo el 20% de ellas comunicó la verdadera razón. La Universidad de Sidney está estudiando si los permisos menstruales pueden ayudar en un proyecto titulado "The Body at Work".

Bien gestionada, una medida como esta no debería plantear problemas sino resolverlos

Si el proyecto de ley sale adelante, España sería pionera en la Unión Europea en legislar una baja menstrual. De momento ya es un avance que el tema entre en el Consejo de Ministros y en el debate público. La menstruación no es solo un asunto privado. El apoyo, o la falta de apoyo, a los problemas que pueden derivarse de la menstruación es una cuestión política. Como lo es reducir el IVA de los productos de higiene femenina, facilitar el acceso gratuito a los productos menstruales en centros educativos, que son tan esenciales como el papel higiénico, y para las mujeres en riesgo de exclusión. Todo esto aún está pendiente de resolverse y también aparece en el borrador de la ley que prepara el Gobierno.

Sin embargo, mejorar la forma en que las mujeres que sufren un dolor menstrual agudo tengan acceso a una baja labora necesita hacerse de forma coordinada entre ministerios, y no con filtraciones interesadas ni confusión, como ha sido el caso estos días. Bien gestionada, y bien explicada, una medida como esta no debería plantear problemas sino resolverlos. Al menos, en teoría. A veces la práctica es otra cosa. Pasa también con la regla. Nunca es como en los anuncios.

Gloria Steinem escribió su icónica sátira "Si los hombres pudieran menstruar" en 1978. Esta feminista estadounidense reflexionaba sobre el tabú de la menstruación con una fantasía humorística que todavía funciona: "¿Qué pasaría si de repente, por arte de magia, los hombres pudieran menstruar y las mujeres no?" Bromeaba Steinem en este famoso ensayo que "la menstruación se convertiría en un evento envidiable, digno y masculino. Los hombres se jactarían de cómo y cuánto. Los jóvenes hablarían de ello como el envidiado comienzo de la virilidad. Regalos, ceremonias religiosas, cenas familiares y fiestas marcarían el día". Su manera de cuestionar que la menstruación siguiera ocultándose como algo vergonzoso era bromear sobre ella.

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