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Cómo robar dinero público sin meterse en líos
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Cómo robar dinero público sin meterse en líos

Si gastar dinero público en una actividad política a sabiendas de que es ilegal no es "corrupción política", que baje el Supremo y lo vea

Foto: El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Chema Moya)
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Chema Moya)
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Un abriguito de entretiempo, seis pares de medias y un Sonotone para la portera. Eso es lo que le pide Gracita Morales a José Luis López Vázquez, mientras este toma nota y va echando cuentas en la mítica Atraco a las tres. Planear un robo dedicándole más tiempo a pensar en qué gastar el dinero que en cómo robarlo es una buena escena de comedia, pero se convierte en drama cuando de lo que se trata es de reformar el Código Penal.

Para reconocer que está ya buscando cómo reformar el delito de malversación a la medida de lo que pide ERC, el presidente del Gobierno eligió el día de la Constitución. Habrá pensado que no hay como dar el golpe a vista de todos para que pase inadvertido.

Foto: El presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE/David Borrat)

Si las negociaciones para reformar el delito de malversación tuvieran un buen guionista, saldría Rufián haciendo de Manuel Alexandre pidiéndole a Sánchez “cuatro o cinco trajes, un abrigo y un billetero de cocodrilo, ¡con un billete de mil pesetas!”. Nada de eso sería para él, claro. Ya ha explicado Rufián que el objetivo es que la malversación pase a ser delito solo para casos de enriquecimiento personal.

Si sale adelante esta reforma del delito de malversación, que va asociada al de sedición, lo importante no será si se ha sustraído o no dinero público, sino en qué se gasta. Sin embargo, no va a serle fácil tipificar este atraco en el Código Penal. Dice el presidente Sánchez que quiere reformar el delito de malversación, pero sin que afecte a la corrupción. Es tal el oxímoron que a ver qué jurista de guante blanco nos aclara esto. Porque si gastar dinero público en una actividad política a sabiendas de que es ilegal no es “corrupción política”, que baje el Supremo y lo vea.

Foto: El presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE/Alberto Estévez)

Será interesante ver a los corruptos del futuro sacar en el juicio la lista de en qué tenía cada uno previsto gastarse el botín. Para no meterse en líos, lo más prudente antes de dar el golpe será tener alguna causa justa a la vista. Mejor dicho, una que a ERC le parezca justa.

Pero una cosa es que Rufián lo vea claro y otra que lo esté. Si la reforma sale adelante, va a ser un lío aclarar cuándo es o no corrupción robar dinero público. Hasta los socios del PSOE han pedido cautela al Gobierno, conscientes de que no va a ser fácil explicar una concesión a los independentistas que puede abrir la puerta a que queden indemnes casos de corrupción.

Foto: José Antonio Griñán conversa con Manuel Chaves durante el juicio de los ERE. (EFE/Julio Muñoz)

Han desfilado suficientes ladrones de lo público por la Audiencia Nacional para saber que los políticos y los partidos a menudo confunden salvar la patria con salvarse a sí mismos. Regar de ERE y prejubilaciones las empresas afines, como hizo el PSOE en Andalucía, o usar fondos públicos para destruir pruebas contra el PP, como en la Kitchen, demuestran que hay muchas maneras de meter mano en la caja para diversos fines.

Como Gracita Morales cuando pide el Sonotone para la portera, Rufián no está pidiendo para él, sino para que a Junqueras le reduzcan las penas de inhabilitación. No es José Luis López Vázquez, sino Sánchez, el que toma nota para cuadrar las cuentas. Y más sorprendente que los independentistas se crean con derecho a pedir una reforma a la carta del Código Penal que dote de legitimidad lo que toda la vida ha sido robar, ya sea para salvar la patria, el culo o el partido, es que el Gobierno les haga caso.

Además de la reforma de la malversación, si se empeñan, seguro que también le sacan a Sánchez el abriguito de entretiempo. Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo.

Un abriguito de entretiempo, seis pares de medias y un Sonotone para la portera. Eso es lo que le pide Gracita Morales a José Luis López Vázquez, mientras este toma nota y va echando cuentas en la mítica Atraco a las tres. Planear un robo dedicándole más tiempo a pensar en qué gastar el dinero que en cómo robarlo es una buena escena de comedia, pero se convierte en drama cuando de lo que se trata es de reformar el Código Penal.

Gabriel Rufián
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