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Otro día normal al borde del abismo
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Otro día normal al borde del abismo

Lo que dice Trump ha dejado de captar la atención del mundo. Y eso puede ser una mala noticia

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Nathan Howard)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Nathan Howard)
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El presidente de EEUU ha vuelto a lanzar otro ultimátum que podría cambiarlo todo. Otra vez. El fin de semana, Trump anunció inesperadamente que Estados Unidos impondría a la Unión Europea aranceles drásticos del 30% a sus productos a partir del 1 de agosto. Mucho más altos de lo esperado. Esto haría inviable el comercio entre la UE y EEUU. El ultimátum sigue ahí, pero no está en las portadas.

Estar al borde del colapso ya no es lo que era. Y eso que esta última amenaza es mucho más grave de lo anunciado el 2 de abril, porque triplicaría el arancel del 10% del Día de la Liberación que ya supuso un batacazo histórico en las bolsas. ¿Se echará Trump atrás? ¿Cumplirá su promesa arancelaria esta vez? ¿Por qué las bolsas no registran grandes cambios ni los medios abren con la noticia del miedo al caos de la economía mundial?

A medida que el mundo se ha ido acostumbrando a Trump, cuesta cada vez más darle relevancia a lo que dice, a la espera de lo que haga. Que se haya retractado ya tantas veces hace que pierdan interés mediático sus amenazas, aunque la incertidumbre que genera no salga gratis.

Esta nueva amenaza de aranceles podría dar paso a un mundo totalmente desconocido. No solo en la UE. A Brasil le amenaza con un 50%, a Laos con un 40%, Tailandia el 36%, el 25% a Japón y Corea del Sur… El objetivo no es acabar con los desequilibrios de la balanza comercial (algo que Trump se empeña ver como negativo, como si fuera extraño que Laos le comprase más cosas a EEUU que viceversa), sino utilizarlo como palanca de presión aleatoria según le plazca en cada momento. En el caso de Brasil, por ejemplo, utiliza la amenaza como represalia por los juicios a su amigo Bolsonaro, nada que ver con la balanza comercial.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Yves Herman)

Eso no quiere decir que no corramos el riesgo de que esta vez Trump vaya en serio con su 30% contra la UE. Solo significa que nos hemos acostumbrado a vivir al borde del abismo. Paradójicamente, que el mercado ande ignorando estas amenazas puede ser lo que anime a que se vuelvan realidad. Fue el batacazo de los mercados lo que le hizo reconsiderar su plan descabellado en primavera. Que ahora sus palabras ya no asusten, podría incitarle a seguir adelante creyendo que los mercados las consideran viables, cuando lo que hay es reticencia a creerle capaz.

Y si a las continuas burlas en redes de la efectividad de sus planes (prometió 90 acuerdos en 90 días y apenas lleva dos), le sumamos que ahora los mercados no están reaccionando a sus amenazas, el resultado podría darle un empujón al plan de Trump, que por descabellado que resulte ni las bolsas no están tomando en serio.

Foto: sefcovic-30-aranceles-trump

De hecho, cada vez más analistas empiezan a considerar en serio la posibilidad de que al presidente Trump los aranceles no solo le parezca una herramienta de presión, sino una buena idea. Cerrar en serio el mercado norteamericano al comercio extranjero, supondría un efecto dominó de consecuencias difícilmente calculables.

Maroš Šefčovič, comisario de Comercio de la UE, dijo que un arancel del 30% haría “casi imposible continuar” el comercio transatlántico actual, de unos 4.400 millones de euros al día. Parece loco, por arbitrario e inasumible, pero no por ello descartable.

Aunque la estrategia europea sigue siendo la moderación, desde Bruselas, París y Berlín han dado señales de prepararse por si esta vez Trump va en serio. A pesar de que la UE sigue apostando por “soluciones razonables”, así las ha llamado Merz, el canciller alemán, y la versión oficial es seguir intentando un acuerdo para evitar una guerra comercial en la que ambas orillas saldrían perdiendo, esta vez la Comisión Europea está optando por mostrarse más firme.

Foto: bruselas-cabeza-fria-trump-respuesta

En abril, la UE tenía un plan para imponer aranceles a productos estadounidenses por valor de 21.000 millones de euros que no se aplicó. Fue una muestra de buena voluntad. El objetivo era negociar. Tres meses después, no se ha llegado a ningún acuerdo y Trump redobla la amenaza.

Normal que la UE empiece a cundir la sensación de que para negociar con Trump funciona mejor la mano dura. Bruselas ha preparado 72.000 millones de euros en productos estadounidenses en una posible segunda ronda de represalias comerciales. En la lista negra estarían los aviones Boeing, componentes de automóviles y bourbon Kentucky.

La UE insiste en que prefiere llegar a un acuerdo, pero si no lo hubiera, tiene además una especie de botón nuclear comercial. Un instrumento anticoerción que permitiría a la UE atacar a grandes compañías estadounidenses y empresas de servicios. La mera hipótesis da escalofríos porque el escenario que plantea es de colapso del comercio tal y como lo conocemos en el último siglo.

El plazo que se ha autoimpuesto Trump es el 1 de agosto. Si siete meses de Trump de vuelta en la Casa Blanca nos han enseñado algo es que es imprevisible, voluble e irracional. Justo lo que más asusta a los mercados. Solo que como su imprevisibilidad empieza a ser rutinaria, el mundo ha optado por evitar sobresaltos por cada cosa que dice y esperar a ver qué hace. Vivir al borde del abismo se ha vuelto lo cotidiano.

El presidente de EEUU ha vuelto a lanzar otro ultimátum que podría cambiarlo todo. Otra vez. El fin de semana, Trump anunció inesperadamente que Estados Unidos impondría a la Unión Europea aranceles drásticos del 30% a sus productos a partir del 1 de agosto. Mucho más altos de lo esperado. Esto haría inviable el comercio entre la UE y EEUU. El ultimátum sigue ahí, pero no está en las portadas.

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