Es tanta la España que se ha quemado este verano que en vez de en ‘Bernabéus’ hay que contarla en ciudades: cinco ‘Madrides’; dos ‘Londres’... Deberían ponerlo así en su currículum los responsables de la gestión de los incendios para entender mejor la magnitud del desastre. Echen cuentas los presidentes a cuántas hectáreas quemadas toca cada uno por legislatura. Lo justo sería que apareciera también en su programa electoral.
Qué lejos parece ahora aquella polémica con la que empezaba agosto. La de los currículums falsos. Parecía un asunto menor. Un bochorno más. ¿Se acuerdan? Varios cargos dimitieron por decir que tenían un título del que carecían. ¿Y por las 400.000 hectáreas quemadas este verano no dimite nadie? También es un problema de currículum.
Además del cambio climático, el abandono rural y la falta de prevención, habrá que sumar el currículum, o la falta de él, de muchos de los responsables de gestionar los incendios para entender su gravedad. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con el consejero que presumía de que "mantener el operativo de incendios todo el año es absurdo y un despilfarro"? Palabra de Juan Carlos Suárez-Quiñones, consejero de Medio Ambiente de Castilla y León desde hace una década. ¡Una década!
Quiñones es el mismo que con Mañueco prometió hace tres años, tras los terribles incendios de la Sierra de la Culebra,aumentar las dotaciones de las brigadas forestales, mejorar la gestión de las zonas de alto riesgo de incendio y la coordinación de administraciones. Nada de esto ha sucedido. Es más, la inversión en prevención de incendios en Castilla y León, la comunidad con más superficie calcinada, ha disminuido bajo su gestión. Apuntemos eso en su currículum también. Porque en el currículum no solo debería aparecer lo que se hace, también lo que no se hace.
Las olas de calor estaban anunciadas, había informes técnicos venían alertando de la necesidad de tomar medidas urgentes. No se hizo. Mientras ardían Las Médulas, la Junta buscaba en InfoJobs bomberos sin experiencia para contratarlos a toda prisa. Y pedía medios al ejército mientras seguía sin movilizar a todos los propios. Un descontrol.
En lo peor de los incendios en Cistierna (León) se preparó un pabellón polideportivo con 180 camas y raciones de comida durante los incendios. La Junta exigía más medios,pero allí no llevaron nadie; en Valdeorras (Orense) había varias autobombas inutilizadas porque faltaban conductores disponibles; en Salamanca hubo bomberos junto al incendio de Jarilla (Cáceres) a los que no les dejaban ayudar porque no tenían competencias en Extremadura.
Es en las grandes tragedias cuando mejor se le venlas costuras a la incompetencia. No se requiere mucha experiencia ni titulación para la lealtad, que es lo que prima en el reparto de cargos políticos. Quiñones es juez, pero con títulos no se apagan los incendios. Es fácil cortar cintas e inaugurar pabellones sonriendo. Evitar que luego se inunden o quemen precisa de otras competencias.
Lo vimos también con la dana. Pero aquellas inundaciones de octubre fueron un desastre repentino. Los incendios están siendo un laboratorio mucho más crudo de la incompetencia, exhibida en un escaparate trágico de frustración durante días, semanas ya. Una constatación a cámara lenta de que tenemos administraciones incapaces de coordinarse entre sí; falta de medios, de maquinaria y de personal con experiencia en la gestión de incendios a los que no se maltrate con condiciones laborales precarias.
Al PSOE le queda tan poquito poder territorial, que salvo Asturias, el PP gobierna en todas las comunidades que han ardido. Las competencias de la prevención y la gestión de los incendios son autonómicas. ¿De quién es la culpa? A ojos del PP, de Sánchez, claro. Y de los pirómanos (aunque supongan un 6,6% de los intencionados y un 0,5% del total). No de sus políticas medioambientales (o la falta de ellas), que son de competencia autonómica.
A ojos del Gobierno de Sánchez, la culpa de los incendios es del PP y del cambio climático.
Sin embargo, en Andalucía, donde también gobierna el PP, allí los incendios que se iniciaron durante el verano se apagaron enseguida. La Junta de Andalucía sí ha aumentado su inversión en recursos y prevención de incendios. A ver si la gestión va a tener algo que ver.
Tampoco Sánchez ayuda proponiendo como un pacto de estado para la emergencia climática como solución estrella, sabiendo que si la llama así diluye los incendios en un desafío mucho mayor, casi inabarcable, y que, además, dificulta el consenso.
Para utilizar políticamente las tragedias sí que están todos capacitados. Es en lo único que parecen coordinarse, oye. Unos negando que el cambio climático juegue un papel principal en el agravamiento de los fuegos y centrando el problema en un supuesto ‘terrorismo incendiario’ que los datos no corroboran; otros, atribuyéndole la tragedia al cambio climático, como si la despoblación, el abandono rural y la descoordinación entre administraciones no hubiera echado más leña a los incendios.
Entre tanto, habría que ir declarando zona catastrófica la Conferencia de Presidentes, el órgano de máximo nivel político al que se le supone la cooperación entre el Estado y las comunidades autónomas. La cúspide de la cooperación multilateral de la que tanto presumía Sánchez ha demostrado ser un fracaso para muchas cosas, también para coordinar las diferentes autonomías en la gestión de catástrofes.
Tener las administraciones llenas de gente tan leal como incapaz, cuesta vidas, arrasa pueblos y hábitats enteros. Acabamos de vivir en la segunda quincena de agosto -seguimos viviendo- una de las mayores catástrofes medioambientales del siglo. Y aún queda verano.
Es tanta la España que se ha quemado este verano que en vez de en ‘Bernabéus’ hay que contarla en ciudades: cinco ‘Madrides’; dos ‘Londres’... Deberían ponerlo así en su currículum los responsables de la gestión de los incendios para entender mejor la magnitud del desastre. Echen cuentas los presidentes a cuántas hectáreas quemadas toca cada uno por legislatura. Lo justo sería que apareciera también en su programa electoral.