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De fábrica de 'indepes' a fábrica de 'fachas'
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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De fábrica de 'indepes' a fábrica de 'fachas'

Entre el 'España nos roba' y 'los inmigrantes nos roban' no hay, después de todo, tanta diferencia

Foto: La diputada de Aliança Catalana, Silvia Orriols. (Europa Press/Lorena Sopêna)
La diputada de Aliança Catalana, Silvia Orriols. (Europa Press/Lorena Sopêna)
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En tiempos del 'procés' solo uno de cada ocho catalanes se consideraba de derechas y, de repente, hay dos partidos de extrema derecha en Cataluña en auge. ¿De dónde han salido? Aliança Catalana (AC) pasaría de 2 a 20 escaños, los mismos que el de Puigdemont, que se desploma; y Vox ya supera al PP, según la tercera oleada del barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO).

Cataluña, siempre tan europea, tiene ya no uno, sino dos partidos de extrema derecha, como en Italia, en Francia y Países Bajos. Y si juntamos Aliança Catalana y Vox, la extrema derecha sería ya la segunda opción de los catalanes, por detrás del PSC.

En el independentismo hay problemas para explicar cómo hasta hace bien poco ser facha era algo netamente español y de repente cada vez más catalanes apoyan partidos de derecha y extrema derecha (independentistas o no).

Oriol Junqueras insinuaba el otro día en 'Salvados' que Silvia Orriols, líder de Aliança Catalana, podría ser un instrumento del CNI. Ella respondió al líder de ERC en Twitter: "Qué bien que hablas el castellano, Junqueras, ¿no debes de ser tú el del CNI?" La también alcaldesa de Ripoll añadió al líder del 'procés': "¿Quizás por eso te entregaste a los tribunales españoles tan deprisa y quizás por eso te han indultado? No lo sé, pregunto... Farsante".

Foto: inmigracion-y-extrema-derecha-la-republica-catalana-era-esto Opinión

Tiempos aquellos en los que el independentismo era el pegamento que unía los anticapitalistas de la CUP con la burguesía de Convergència. Entre tanto, Junts, que es el más damnificado por el auge de Orriols, niega credibilidad a las encuestas que hablan del auge de Aliança, como en el PP niegan el auge de Vox. Aunque alguna credibilidad le deben de estar dando unos y otros para estar orientando cada vez más sus políticas al discurso antiinmigración de Orriols y Abascal.

Fábrica de 'fachas'

Cuando el independentismo tocó techo, en tiempos de Mariano Rajoy, se instaló la idea de que un Gobierno del PP en Madrid era una fábrica de independentistas en Cataluña. ¿Y ahora que la extrema derecha se está disparando en Cataluña es el Gobierno de Sánchez el que lo alimenta?

Foto: entorno-puigdemont-radicaliza-auge-alianca-catalana

Veamos por qué dicen los catalanes que votarían al partido de Orriols. El votante de Aliança no tiene una edad o unos factores socioeconómicos claros. Pero sí hay un rasgo distintivo: son los que concentran más valoraciones negativas hacia el Gobierno de España y el presidente Sánchez.

La oposición a la inmigración es la otra clave, también el discurso islamófobo (un 95% de los votantes de Aliança opina que hay demasiada inmigración), el 85% de sus votantes piensa que se están perdiendo tradiciones que definen su cultura y un 72% cree que el país antes funcionaba mejor. Ese ‘antes’ no parece que sea con Puigdemont, que se hunde en las encuestas.

¿Pero qué significa ‘antes’ para los votantes de Orriols? ¿Antes de Sánchez? ¿Piensan los votantes de la extrema derecha independentista catalana que con Rajoy vivíamos mejor? Es improbable. En tiempos de Rajoy, apenas una de cada ocho personas en Cataluña se definía de derechas. Ese porcentaje, en el año 1991, era el doble, según el politólogo de la UAB, Oriol Bartomeus, autor de El terremoto silencioso.

Según el politólogo Víctor Lapuente, catedrático de la Universidad de Gotemburgo, el auge de Aliança Catalana hay que encontrarlo en tres factores. El primero, un contexto europeo al alza para este tipo de partidos: "Si la antiinmigración habla inglés con Trump y Farage, francés con Le Pen, húngaro con Orbán, pero también alemán, holandés o noruego, ¿por qué no va a hablar catalán?".

Aunque Lapuente añade otro factor específico de la singularidad catalana: "Un sistema electoral que, diseñado por CIU para sobrevivir premiando el voto rural, puede ser la tumba electoral de su heredera, Junts. Todo apunta a que será barrida por AC en la Cataluña rural".

Y, en tercer lugar, otro factor que es general y específico a la vez de las regiones con espíritu soberanista: "Los independentistas catalanes se revolvían con furia cuando, hace una década, les recordabas que los movimientos secesionistas suelen mutar en xenófobos", añade Lapuente, que cita como caso paradigmático a Salvini en Italia: "Que pasó de liderar la independentista Lega Norte y gritar ‘Roma ladrona’ a ser el líder de la lucha contra la ‘invasión’ de Italia por parte de los inmigrantes. En Bélgica, tres cuartos de lo mismo con el flamenquismo de extrema derecha. El racismo es un efecto secundario del soberanismo ¿Por qué Cataluña iba a ser diferente?"

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El antisanchismo une, también la antiinmigración. Según las últimas encuestas, un 32% de los que dicen que votarán a Aliança no son independentistas y se sienten cómodos en España. Los hay que se están yendo de Junts a Aliança (los que no quieren pactos con el PSOE, ni con el PSC) y los hay que se están yendo del partido de Abascal al de Orriols. A lo mejor por eso Ignacio Garriga, diputado de Vox en Cataluña, está empezando a hablar catalán en el Parlament.

Quién se lo iba a decir a Abascal, al que tanto ayudó la indignación por el 'procés' a crecer en intención de voto en las elecciones del 19, que en Cataluña su partido viviría una fuga de votos hacia un partido que defiende el referéndum ilegal del 1-O.

Silvia Orriols ha prometido a sus votantes que si gobierna volverá al mandato del 1-O, con república y todo, que no saldrán corriendo como hizo Puigdemont. Si eso está consiguiendo atraer votantes de Vox es porque el eje de independentismo ya no es lo que define la política catalana. Es más bien el eje antiinmigración. Orriols cuenta además con la ventaja para capitalizar el hartazgo del votante descontento que es nueva en esto, frente a los líderes independentistas desgastados, pero también frente a Abascal, que lleva ya más de una década prometiendo ser el cambio que no termina de llegar.

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No deja de ser curioso que fuera el auge del independentismo en Cataluña lo que impulsó al nacionalismo español y la extrema derecha. Y ahora, paradójicamente, es el auge de la extrema derecha lo que está fagocitando el independentismo y hundiendo a Puigdemont. Entre el ‘España nos roba’ y ‘nos roban los inmigrantes’ no hay, después de todo, tanta diferencia.

En tiempos del 'procés' solo uno de cada ocho catalanes se consideraba de derechas y, de repente, hay dos partidos de extrema derecha en Cataluña en auge. ¿De dónde han salido? Aliança Catalana (AC) pasaría de 2 a 20 escaños, los mismos que el de Puigdemont, que se desploma; y Vox ya supera al PP, según la tercera oleada del barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO).

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