Sánchez quiere convencernos a la vez de que no se enteraba de nada y de que lo tiene todo controlado. Si lo sabrá él, que lo desconocía todo. Y, mira, no. O lo uno o lo otro
El exministro José Luis Abalos, a su llegada al Tribunal Supremo. (Europa Press/Eduardo Parra)
Dice ahora el presidente que Ábalos “era un gran desconocido” para él. No le consta nada al presidente del que fuera su mano derecha. Ni de la mano derecha de su mano derecha. Sánchez no conoce ni a sus más estrechos colaboradores. No conocía bien a Ábalos, dice tan pancho. Ni a Cerdán, sucesor de Ábalos en Ferraz y antecesor en Soto del Real. Ni sospechaba de Paco Salazar, que era el que iba a sustituir a Cerdán, hasta que lo denunciaron por acoso.
Qué mal ojo tiene el presidente. Los hombres que han manejado el Partido Socialista los últimos ocho años han acabadoen la cárcel. Los dos. ¿Por qué iba a conocer él a sus secretarios de Organización? Si él es solo el presidente del Gobierno. ¡Ni que fuera una dependienta de El Corte Inglés! Ellas sí que sabían, según la UCO, el dinero que se manejaba en casa de Paqui, la mujer de Cerdán. Desconocía lo putero que era uno y el ático recién amueblado del otro.
Lo del tercero, Salazar, no es una trama criminal en manos de la UCO, como lo de Ábalos y Cerdán, pero no es anecdótico. De su bragueta, sabemos ahora, gracias a la investigación de elDiario.es, que tampoco se han molestado en el PSOE en investigar mucho por qué la llevaba bajada delante de las trabajadoras de Moncloa que lo denunciaron hace cinco meses. Cómo va a ser anecdótico si pasaba en Moncloa sin que, según la versión oficial, se enterase nadie del partido ni del Gobierno. Y, lo que es peor, sin que nadie lo investigara después.
El presidente quiere convencernos a la vez de que no se enteraba de nada y de que en su partido no hay nada irregular. Insiste mucho en que no hay financiación ilegal. Ni la hubo en los ocho años en los que los dos que mandaban están acusados de organización criminal. Vamos, en los años que no se enteraba de nada. Sánchez quiere convencernos a la vez de que no sabía qué pasaba y de que lo tiene todo controlado. Claro, que de quien no conoce siquiera a la gente de su máxima confianza, la que más cerca tiene, cabe preguntarse si conoce su partido y, de paso, el país que dice gobernar.
El presidente sigue insistiendo también en que siempre ha actuado rápido contra la corrupción. Le ha dicho a Gemma Nierga en la última entrevista que ha dado en RTVE que “tenía una confianza política en Ábalos, pero desde el punto de vista personal era un gran desconocido”. Y que “desconocía estas facetas suyas”. Así ha respondido cuando la periodista le ha preguntado qué sintió cuando vio entrar en la cárcel al que fuera su hombre de máxima confianza.
¿Ábalos? Ese putero del que usted me habla, le faltó decir al presidente. Cuando uno se va quedando sin ideas, no le queda más remedio que copiar a los clásicos. Sánchez cree también que “ha asumido responsabilidad” apartándolos rápidamente del cargo a todos. Como si se pudiera asumir responsabilidades subrogando la dimisión en los subalternos de los que uno es el responsable. Como si no hubiera ratificado a Cerdán en el cargocuando ya se sabía lo de Koldo, del que fue mentor. Y como si no hubiera invitado a cenar a la Moncloa a Paqui y a Santos poco antes de que saliera el informe de la UCO, aunque ya había un fuerte runrún de irregularidades, que el presidente acusaba de fachosfera.
Ahora dice el presidente que nunca conoció a Ábalos “en lo personal”, como si fuera lo personal lo que le ha llevado a prisión. No es por putero que su exsecretario de Organización está en Soto del Real. Está acusado de seis delitos, entre ellos cohecho, tráfico de influencias y malversación. Ser putero no es delito, aunque el PSOE quería que lo fuera mientras Ábalos era su secretario de Organización y ministro de Transportes, al tiempo que colocaba a Jessicas y se enrollaba con Carlotas.
Su compañera del Consejo de Ministros, Carmen Calvo, reconoció hace unos días en laSexta que avisó en Moncloa de “los rumores de Ábalos sobre mujeres”. Lo trasladó, se entiende, a su superior. Y siendo ella vicepresidenta del Gobierno está claro a quién. Pero Sánchez dice que desconocía todo eso.
¿Cuándo se enteró? Eso no lo ha aclarado el presidente. ¿Lo destituyó por putero? ¿O por corrupto? Porque esa no fue la versión oficial. La versión oficial es que siempre ha actuado rápido contra la corrupción. Y que Ábalos era un gran desconocido. Él nunca se ha enterado de nada. Y no hay nada más de lo que haya que enterarse. Si lo sabrá él, que lo desconocía todo. Y, mira, no. O lo uno o lo otro.
Dice ahora el presidente que Ábalos “era un gran desconocido” para él. No le consta nada al presidente del que fuera su mano derecha. Ni de la mano derecha de su mano derecha. Sánchez no conoce ni a sus más estrechos colaboradores. No conocía bien a Ábalos, dice tan pancho. Ni a Cerdán, sucesor de Ábalos en Ferraz y antecesor en Soto del Real. Ni sospechaba de Paco Salazar, que era el que iba a sustituir a Cerdán, hasta que lo denunciaron por acoso.