Trump ataca Europa por ir contra sus valores. ¿No será contra su cuenta de resultados y la de sus amigos de Silicon Valley? Tan débiles no seremos si molestamos tanto
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Michael Kappeler/DPA)
No parece casualidad, cómo va a serlo, que Trump ataque tanto a Europa, que acuse al continente con más democracias del mundo de estar en decadencia y liderado por gente débil, justo cuando de la UE llegan las multas contra las empresas de sus amigos milmillonarios, los tecnobros dueños de las tecnológicas que le ayudaron a pagar su fiesta de investidura y su salón de baile en el Ala Este de la Casa Blanca.
Tan débil no será Bruselas si tanto molesta a esos a los que ha prometido que no va a regular la IA. Trump se debe a los dueños de las pantallas capaces de domesticar los algoritmos y, ya puestos, la CNN y hasta los Looney Toons, a cambio de echarse una mano mutuamente. Primero, las elecciones. Luego, las cuentas de resultados. Y viceversa. Que se lo digan a Larry Ellison, su amigo el milmillonario de Oracle, detrás de la opa por Paramount, al que ya ayudó a hacerse con TikTok. Por qué no controlar también las pantallas grandes ahora que ya controlaban las chicas.
No está muy claro cómo de amigos siguen siendo Trump y Musk, pero los enemigos comunes siempre unen más que las rencillas internas. Y la UE se ha convertido en el enemigo favorito de ambos. El dueño de X (antes Twitter) pedía este fin de semana, al enterarse de una multa de 120 millones de euros de Bruselas, nada menos que la abolición de la UE. Musk lo pide en un tuit. Trump, en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional con las claves geopolíticas del país. Putin, con bombas en Ucrania y bots por todas partes (lo explica Daniel Iriarte en esta Pausa sobre la geopolítica de la confusión).
Los ataques antieuropeos no son fruto de un calentón, son una estrategia coordinada. En una entrevista a Político, que le ha nombrado la persona más influyente del año en Europa, Trump habló de la UE como un grupo de naciones “en decadencia” liderado por personas “débiles” (todos salvo los que comparten su ideario, claro) y cargó contra la inmigración como el mayor problema de los europeos. El mayor problema, se dice pronto. Peor que las bombas de Putin y los intentos rusos por desestabilizar las democracias occidentales amenazando a los países de la OTAN.
No deja de ser curioso que mientras Trump critica las democracias europeas por estar “desconcertadas”, reconozca su intención de influir en ellas, señalando abiertamente en esa entrevista que respaldará a candidatos políticos europeos alineados con su propia visión para el continente. Mira, como Putin.
Trump quiere que en Francia mande Le Pen y en Alemania la AfD. Y pondrá su influencia y la de sus amigos a conseguirlo. A Putin no lo ve como un adversario ni siquiera como una amenaza. A la Unión Europea, sí. Los déspotas del mundo y los tecno oligarcas tienen mucho que celebrar al escuchar al presidente de EEUU. Y los demócratas, muchos motivos para preocuparnos, especialmente a este lado del Atlántico.
Cómo no va a andar Europa desconcertada si el que fuera su mayor aliado los últimos ochenta años de repente la trata como enemigo. Si, fingiendo hablar en nombre de la democracia y la libertad de expresión, el presidente de EEUU se muestra benévolo con la Rusia invasora y dice que apoyará a candidatos que a “muchos europeos no le gustan” pero a él sí.
La única parte del mundo donde la nueva estrategia de seguridad de la Casa Blanca ve una amenaza para la democracia y a la libertad de expresión es Europa. Por cierto, que la multa de Bruselas a la red social de Elon Musk, que fue también lo que desencadenó el fin de semana el penúltimo ataque verbal de Trump, no es un ataque a la libertad de expresión, sino al fraude al consumidor. En 2024, la Comisión Europea le envió una carta de advertencia formal para que cumpliera la legislación de la UE. En respuesta, Musk tuiteó un meme muy poco diplomático de la película 'Tropic Thunder'.
Al no hacer los cambios exigidos, la Comisión le multa por, entre otras cosas, vender verificaciones a bots, bloquear datos públicos y ocultar quién paga por los anuncios. Solo un ejemplo de a qué llaman Trump y Musk atacar la libertad de expresión. Pero de los problemas para la libertad de expresión, los que encarcelan periodistas y tuiteros en Rusia, China e Irán, de eso no dicen nada. Qué curioso, ¿no?
Trump no carga contra Pekín ni Moscú por antidemocráticos pero sí contra Bruselas. Justo el lugar del mundo que está tratando de acotar democráticamente el poder de los milmillonarios de las grandes tecnológicas. Carga contra Europa por ir contra sus valores. ¿No será contra su cuenta de resultados y la de sus amistades? Y, también, por supuesto, contra su manera intolerante de ver el mundo en la que solo cabe quien le da la razón.
Si la UE molesta tanto será que tan débil no es. Los débiles no molestan. A lo mejor le molesta porque la palabra clave de la amenaza que ve Trump no es Europa, sino Unión. Y los países europeos como bloque somos más fuertes, más difíciles de controlar. Aunque todavía no sepamos bien qué hacer con ese poder.
No parece casualidad, cómo va a serlo, que Trump ataque tanto a Europa, que acuse al continente con más democracias del mundo de estar en decadencia y liderado por gente débil, justo cuando de la UE llegan las multas contra las empresas de sus amigos milmillonarios, los tecnobros dueños de las tecnológicas que le ayudaron a pagar su fiesta de investidura y su salón de baile en el Ala Este de la Casa Blanca.