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Malversación del feminismo
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Malversación del feminismo

A ver si vamos a caer ahora en la cuenta de que nombrar cargos de máxima responsabilidad a acosadores, machistas y/o puteros tiene una onda expansiva en las organizaciones en las que estos ejercen su poder

Foto: El diputado José Luis Ábalos durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. (Europa Press/Ricardo Rubio)
El diputado José Luis Ábalos durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. (Europa Press/Ricardo Rubio)
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El efecto es fácil de detectar. Cuando llega un nuevo jefe a una empresa, un gran jefe, y a ese jefe le gusta el pádel, de repente en el comité de dirección proliferan sospechosamente las palas. Pasa lo mismo cuando al nuevo directivo lo que le va es el running, que de repente los que aspiran a medrar llegan al trabajo con zapatillas en la bolsa por si se tercia salir a entrenar un rato. Y si lo que le va es la ópera o los toros, habrá que conseguir un abono al Real o a Las Ventas como sea. Porque a menudo los cargos de confianza no los consiguen los mejores, sino los que más cerca están del poder. Pues ahora imaginemos que lo que le gusta al jefe que decide los ascensos es irse de putas.

Así que el machismo está por todas partes, sí, pero en unas más que en otras. Y conviene recordarlo, ahora que cada día salta un caso nuevo de acoso en el PSOE. Porque por más que el presidente del Gobierno, y buena parte de este, se empeñen ahora en convencernos de que lo que hiciera José Luis Ábalos con las mujeres cuando era secretario de Organización pertenece al ámbito privado y solo le representa a sí mismo, no cuela. Pasa lo mismo con Paco Salazar, el alto cargo de Moncloa que casi sustituye a Santos Cerdán, hasta que elDiario.es reveló los casos de acoso que frustraron su ascenso, con sus predecesores ya imputados por razones que nada tienen que ver con su vida privada.

Por más que el presidente del Gobierno haga como que esto del machismo no va con él, alguna responsabilidad tendrá por haber repartido poder entre quienes entienden sus relaciones con las mujeres con estándares muy alejados del feminismo que predica su partido. Y alguna consecuencia habrá tenido tanto machirulismo en cómo estos repartían luego el poder por toda España. Todos los hombres de mayor confianza del presidente, a los que más poder dio hasta que la prensa o la UCO le avisaron, eran por lo visto grandes desconocidos para el presidente, pero seguro que no lo eran en las federaciones socialistas.

Y, siguiendo la regla del pádel, ¿quiénes serían dentro del partido, en cada provincia, los encargados cada fin de semana que Ábalos visitaba las agrupaciones, de acompañar al ministro y secretario de Organización en sus hobbies? ¿Quiénes se ganaban su confianza en su particular núcleo de poder? A ver si vamos a caer ahora en la cuenta de que nombrar cargos de máxima responsabilidad a acosadores, machistas y/o puteros tiene una onda expansiva en las organizaciones en las que estos ejercen su poder y en las dificultades extra para las mujeres de ascender en esos contextos.

Foto: el-psoe-admite-ahora-que-se-ha-actuado

Las funciones que tiene en el partido un secretario de Organización, para que quede claro qué influencia podía tener alguien como Ábalos, van desde intervenir directamente en la elaboración de las listas electorales hasta coordinar las agrupaciones, federaciones y toda la intendencia de la sede central, así como la convocatoria de las reuniones de la Comisión Ejecutiva Federal.

Quién iba a imaginar que años después proliferaría un batallón de señoros desconcertados que se sorprenden, como dijo José Tomé, el ya expresidente de la Diputación de Lugo pero todavía alcalde de Monforte de Lemos, de que lo denuncien por acoso porque quién "no le ha hecho alguna vez una broma" a una compañera. Si es que ya no se puede decir nada. Buaj.

Foto: sanchismo-psoe-feminismo-acoso-mujeres-1hms Opinión

Las denunciantes acusan a Tomé de presuntos tocamientos, mensajes y llamadas obscenas e incluso puestos de trabajo a cambio de favores sexuales. También ha habido casos en el PSOE de Torremolinos (Málaga) y Belalcázar (Córdoba). Esto solo la semana pasada. Este martes el PSOE ha vuelto a recibir una denuncia en Galicia por doble acoso que señala al alcalde de Barbadás (Ourense), Xosé Carlos Valcárcel, y a un exconcejal en este municipio.

Esta otra militante gallega denuncia, apoyada por varios testigos, que ha sufrido acoso laboral por parte del alcalde en represalia por su denuncia de acoso sexual contra un exedil de este ayuntamiento. ¿Por qué salen ahora y no antes? Porque denunciar a los que tienen el poder no es fácil, sobre todo, si se tapan entre sí. De algunas de las denuncias que están saliendo ahora, el líder del partido en Galicia, José Ramón Gómez Besteiro, ya tenía constancia y no hizo nada porque algunos de los afectados eran hombres de su máxima confianza. Ay, la confianza.

A ver cómo le piden desde Ferraz a Besteiro que dimita por haber dejado las denuncias en un cajón cuando fue exactamente eso lo que hizo Ferraz con los casos de acoso de Salazar. El Gobierno presume de contundencia contra el acoso, pero siguen sin explicar cómo es que en cinco meses no hicieron nada con lo que tenían en casa hasta que elDiario.es volvió a retomar el caso Salazar. Y, mientras presumen de protocolos, siguen brotando casos de mujeres que hasta ahora no se atrevieron a decir nada por miedo a represalias.

Pero qué tendrá que ver lo que pasa en Monforte de Lemos con el Gobierno, decía el martes el ministro Óscar Puente en una entrevista en RTVE. Aprovechó también para explicarnos a las mujeres que el machismo está por todas partes, que va de arriba a abajo. En efecto. Por eso es tan importante a quién nombras secretario de Organización.

Sin embargo, hay mujeres hablando mucho más claro en el PSOE. Se preguntaba Inés Rey, la alcaldesa de A Coruña, dónde están los hombres de su partido que no alzan la voz. Y la socialista andaluza Ángeles Férriz, que hace unos días decía estar "hasta el moño de 'puteros' y de acosadores". Es la mejor síntesis de cómo se siente mucha gente en el PSOE. No hay como oír a alguien hablar claro para que se note qué poco se entiende a otros. Esos que evocan el legado feminista del PSOE como coartada, mientras lo están malversando.

El efecto es fácil de detectar. Cuando llega un nuevo jefe a una empresa, un gran jefe, y a ese jefe le gusta el pádel, de repente en el comité de dirección proliferan sospechosamente las palas. Pasa lo mismo cuando al nuevo directivo lo que le va es el running, que de repente los que aspiran a medrar llegan al trabajo con zapatillas en la bolsa por si se tercia salir a entrenar un rato. Y si lo que le va es la ópera o los toros, habrá que conseguir un abono al Real o a Las Ventas como sea. Porque a menudo los cargos de confianza no los consiguen los mejores, sino los que más cerca están del poder. Pues ahora imaginemos que lo que le gusta al jefe que decide los ascensos es irse de putas.

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