Está visto que los años procrastinan y se dejan cosas para más adelante. Y lo que ha quedado pendiente puede definir tan bien un año como lo que ha ido sucediendo, además de ayudar a entender mejor qué pasará el año nuevo
Losbalances de año suelen contener un inventario de lo sucedido. Pero para asimilar este año vertiginoso en el que han pasado tantas cosas, tal vez debamos fijarnos más bien en lo que no ha terminado de pasar, pero que en algún momento del año pareció que estaba a punto de suceder. ¿Cuáles son las cosas más importantes que no han pasado en 2025?
Pues ni Sánchez ha convocado elecciones, ni la economía mundial colapsó por los aranceles de Trump ni llegó la paz a Ucrania. Está visto que los años procrastinan y se dejan cosas para más adelante. Y lo que ha quedado pendiente puede definir tan bien un año como lo que ha ido sucediendo, además de ayudar a entender mejor qué pasará el año nuevo.
Anda que no ha hecho cosas el nuevo presidente de EEUU en este año escaso que lleva de vuelta en La Casa Blanca. Y, como cuenta Argemino Barro, mira que nos lo avisó, aunque muchos prefirieron no creerle. Avisó de las deportaciones masivas y las está cumpliendo, aunque por el camino eso suponga dejar de cumplir la ley; ha militarizado las fuerzas de orden público y amenazado con mandar el ejército a ciudades gobernadas por demócratas. También ha cumplido su promesa de aplicar aranceles a gran escala, por más que la mayoría de economistas avisaran de que esos gravámenes podrían arruinar el comercio global y encarecer drásticamente los precios. ¿Entonces, por qué no ha pasado esto último?
Trump subió los aranceles hasta niveles no vistos desde los años 30. Los efectos adversos sobre la inflación, el empleo y las relaciones internacionales parecían inevitables. Las bolsas se dieron un batacazo en abril, cuando anunció aquel delirante ‘Liberation Day’ esgrimiendo una tabla de países y cifras totalmente aleatorias. Hubo incluso islas habitadas únicamente por pingüinos, recordémoslo, que también recibieron castigo. Eso también pasó.
Pero luego los mercados se han ido calmando. Aunque los precios han subido y el coste de la vida es cada vez mayor en EEUU, el IPC no se disparó como se esperaba (se mantiene en el 2,7%, como a finales de 2024). ¿Por qué los efectos de los aranceles que se esperaban no llegaron?
TACO: lo que (menos mal) que no pasó
Ni han sucedido los milagros económicos que prometía Trump (ni se ha creado más empleo y el crecimiento económico se ha desacelerado) ni tampoco el catastrofismo de los agoreros (entre los que, por supuesto, estuve). Entre las razones de por qué no pasó lo que se esperaba que pasase, según Jeffrey Frankel, profesor de formación y crecimiento de capital en la Universidad de Harvard, hay tres razones principales.
La primera, no sabemos lo que ha pasado realmente porque las estadísticas oficiales todavía están pagando el pato del cierre gubernamental (y Trump ya despidió este verano a la persona responsable de las estadísticas de empleo cuando reveló que estaba cayendo a raíz de los aranceles) y ni siquiera están disponibles los datos del PIB del tercer trimestre. En segundo lugar, muchos de los aranceles que anunció Trump no han entrado en vigor o se han pospuesto (tan aleatoria fue su implantación como la gestión de excepciones), como en la industria del motor, a las que habría que añadir subsidios por ejemplo a agricultores para compensar las pérdidas. Uno de los neologismos del año, de hecho, es TACO (acrónimo de Trump siempre se acobarda por sus siglas en inglés).
Por último, muchas empresas han absorbido el coste o buscado cómo esquivarlos. Cuando Trump fue elegido en noviembre del año pasado, y sabiendo que el nuevo presidente de EEUU consideraba aranceles la palabra más bonita del diccionario, muchos minoristas hicieron acopio de productos que les han permitido aguantar el tipo y evitar repercutir costesa los clientes. En 2025, las que más músculo tenían han aceptado erosionar sus márgenes. Sin embargo, como destaca Frankel, si los aranceles se mantienen en 2026, empezarán a pasar los efectos secundarios que han estado conteniéndose. Y todo eso que no pasó en la economía, sobre todo en la estadounidense, empezará a aflorar.
La paz que no llega
De todas las cosas que no han pasado este año, hay algunas promesas incumplidas de Trump. Uno es la publicación de los archivos de Epstein, un escándalo que desestabiliza la política estadounidense (con cada escándalo, un bombardeo nuevo). Pero en Europa nos afecta más directamente aquella promesa suya de que al llegar a la Casa Blanca conseguiría la paz en Ucrania en 24 h. También declaró a Europa como su adversario y estrechó lazos con Putin. Esto último claramente sí ha sucedido, lo primero, no.
El presidente de EEUU lleva todo el año prometiendo que la paz en Ucrania está cerca. Por el camino ha insultado a Zelenski, ensalzado a Putin, y viceversa, según le diera el día. Lo que permanece constante, sin embargo, es la promesa de una paz inminente que no termina de llegar. También el desprecio a Europa y la toma de conciencia de que a partir de ahora el Viejo Continente va a tener que defenderse solo. El proceso de paz, que Trump insistió en que debía completarse para el Día de Acción de Gracias y luego para Navidad, sigue sin materializarse amago tras amago. La paz no llega, pero la quiebra de la confianza transatlántica es un hecho irrefutable.
Entre tanto, Putin no ha cedido nada. Ni en territorio invadido ni en victimismo ni en pretensiones imperialistas. Y el año acaba con el presidente de EEUU asegurando que el ruso está “listo para la paz”, algo que ningún otro país occidental principal ha reconocido. Más allá de la paz que no termina de llegar a Ucrania, lo que tampoco ha pasado en 2025 es que la UE se ponga de acuerdo en un plan de Defensa que pueda disuadir a Rusia. Y será otro de los desafíos fundamentales del año nuevo.
La gran incógnita española
Completa el podio de lo que no ha terminado de pasar la política nacional. Hasta qué punto se prolongará la agonía de una legislatura a la que en 2025 se le han acumulado los escándalos, pero que podemos definir, sobre todo, por aquello que no ha terminado de pasar: la convocatoria electoral.
Ni el ingreso en prisión de dos secretarios de Organización del PSOE consecutivos, ni la incapacidad de probar Presupuestos por tercer año consecutivo, ni la condena del fiscal general, ni la derrota electoral en Extremadura, ni los escándalos de acoso sexual en Moncloa y el PSOE, ni la ruptura con Junts… Son tantas las cosas que certifican la agonía del sanchismo, que seguramente lo que mejor resume el año sea lo que no ha pasado: ni la dimisión ni la convocatoria de elecciones ni mayoría para gobernar.
En 2026, Sánchez no va a tener que explicar cómo va a gobernar (no puede, eso ha quedado claro), sino para qué. ¿Qué sentido tiene prolongar esta parálisis? La promesa de frenar a Vox es inútil una vez demostrado en Extremadura que, incluso en un feudo tradicionalmente socialista, Sánchez ya genera más rechazo que Abascal. Es decir, no frena la extrema derecha, sino que la enciende.
El otro relato, el de la persecución judicial y la victimización de la máquina del fango, tampoco funcionará en 2026, una vez que cada vez más escándalos (de Ábalos a Cerdán, pasando por Leire Díez) empezaron siendo “inventadas” para el presidente y han terminado en informes de la UCO cada vez más contundentes. La épica de la resistencia se desmorona al tiempo que su relato. La gran incógnita de la política española para 2026 viene heredada del 25: ¿cuánto tardará Sánchez en convocar elecciones?
Losbalances de año suelen contener un inventario de lo sucedido. Pero para asimilar este año vertiginoso en el que han pasado tantas cosas, tal vez debamos fijarnos más bien en lo que no ha terminado de pasar, pero que en algún momento del año pareció que estaba a punto de suceder. ¿Cuáles son las cosas más importantes que no han pasado en 2025?