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No abras la puerta, es Trump
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Marta García Aller

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No abras la puerta, es Trump

El presidente de EEUU está avisando a Europa de que quiere "un control completo y total" de un territorio soberano que no quiere pertenecer a EEUU

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la pantalla de una cámara. (Reuters/Nathan Howard)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la pantalla de una cámara. (Reuters/Nathan Howard)
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Imagina que empieza a llover. Suena un trueno. Ella, que no cree en fantasmas, decide bajar al sótano para ver que todo está bien. Un ruido. Empieza a sonar una música discreta pero persistente, con acordes oscuros. La luz tiembla. Se acelera la música. Sigue bajando. Otro escalón. Duda. La puerta tiembla. Es obvio que va a pasar algo, ¿no? Todas las señales alertan de un peligro inminente. Ella es Europa. Y las señales son Trump. Basta con escucharlas.

“Como su país decidió no concederme el Nobel, ya no siento la obligación de pensar solo en la paz”, escribió esta semana Trump al primer ministro noruego, avisándole de que quiere control completo de Groenlandia. Veamos. El presidente de EEUU avisa a Noruega de que quiere quitarle Groenlandia a Dinamarca porque no le dieron el Nobel de la Paz. Que no tenga sentido no quiere decir que no se le entienda. Trump habla claro.

El presidente de EEUU está avisando a Europa de que quiere “un control completo y total” de un territorio soberano que no quiere pertenecer a EEUU. Según un acuerdo de 1951, podría enviar tropas y abrir allí las bases militares que quiera. Eso a Trump le da igual. Como le da igual que Groenlandia sea parte de la OTAN, igual que EEUU y Dinamarca, y los acuerdos existentes ya le permiten aumentar la cantidad de tropas que desee en la isla que quiere conquistar a la fuerza. Truenos y relámpagos.

De momento, ha empezado por amenazar con aranceles para que sepamos que va en serio. Más truenos. Y lo justifica porque no le han dado el Nobel (que, por cierto, no depende del Gobierno noruego). Y se ha enfadado. Acordes oscuros y crecientes. Otro escalón.

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¿Cómo va EEUU a atacar a un país aliado, una democracia, y subyugar a sus ciudadanos? Sería como creer en fantasmas. ¿Cómo va a atacar un territorio que no representa ninguna amenaza seria porque le ha ofendido que no le hayan dado un premio? Una locura. La música se acelera. Otro relámpago. El único país que amenaza a Groenlandia en este momento es Estados Unidos.

¿Más señales de que el peligro es real y está ahí? "Haremos algo con Groenlandia, les guste o no", declaró Trump nada más empezar el año, después de bombardear Caracas, tres días después de que el secretario de prensa de la Casa Blanca dijera que utilizar el ejército estadounidense "es siempre una opción" para adquirir el territorio danés. "De una forma u otra, vamos a tener Groenlandia", insistió la semana pasada a bordo del Air Force One. Hace un par de días prometió castigar a los países europeos que apoyen a Dinamarca aumentando los aranceles.

La democracia le importa tanto al presidente de EEUU como la diplomacia. El mensaje al primer ministro noruego lo escribió en un SMS como respuesta a la solicitud del mandatario europeo para pedirle una conversación formal sobre la disputa territorial. El mensaje de que la paz ya no le interesa porque no le han dado el Nobel era la respuesta del presidente de EEUU para aclarar que no tiene ningún interés en conversar. Pero se le entiende bien. Basta con escucharle.

"¿Por qué no tenemos eso?", explicó en una entrevista de 2021 para el libro The Divider sobre su primer mandato. "Miras un mapa. Soy promotor inmobiliario, miro una esquina y digo: 'Tengo que conseguir esa tienda para el edificio que estoy construyendo', etc. No es tan diferente. Me encantan los mapas. Y siempre decía: 'Mira el tamaño de esto. Es enorme. Debería ser parte de Estados Unidos'", recuerda Peter Baker en The New York Times, que ya le preguntó a Trump sobre Groenlandia hace cinco años en un libro sobre el primer mandato.

En la entrevista que dio este mes a The New York Times, después de la intervención en Venezuela, Trump continuó con esos acordes persistentes y graves que anticipan que va a pasar algo. Y, como recuerda Barker, planteó la adquisición de Groenlandia como un deseo personal: “Porque creo que eso es lo que psicológicamente se necesita para el éxito”. ¿Psicológicamente importante para él o para el país?, le preguntaron. Y respondió: “Psicológicamente importante para mí”.

Cuando le preguntaron en una entrevista con NBC el lunes si usaría la fuerza para apoderarse de Groenlandia, Trump respondió: "Sin comentarios". Es decir, no lo descartó. Un relámpago.

Trump tiene fijación por Groenlandia. Como tenía fijación por el Commodore en los 70 cuando empezaba sus pinitos como promotor inmobiliario en Manhattan. Para adquirirlo, como cuenta la película de The Apprentice, no le importaron las leyes ni la moral. Ahora tampoco. Ya se lo dijo a The Wall Street Journal en 2019. Aunque entonces se limitaba a hacer una oferta como si fuera una adquisición inmobiliaria. Ya lo ha avisado varias veces. Le encantan los mapas. Y quiere Groenlandia. Está dispuesto a apoderarse de ella a la fuerza. Cruje el escalón.

¿Qué puede hacer Europa? Escuchar las señales. Cada vez son más. Los líderes europeos, reunidos en Davos, empiezan a darse por aludidos. Aunque hasta que empezó la música de terror nadie creía en fantasmas. Cuidado con esa puerta.

Imagina que empieza a llover. Suena un trueno. Ella, que no cree en fantasmas, decide bajar al sótano para ver que todo está bien. Un ruido. Empieza a sonar una música discreta pero persistente, con acordes oscuros. La luz tiembla. Se acelera la música. Sigue bajando. Otro escalón. Duda. La puerta tiembla. Es obvio que va a pasar algo, ¿no? Todas las señales alertan de un peligro inminente. Ella es Europa. Y las señales son Trump. Basta con escucharlas.

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