El riesgo de prohibir las redes sociales a los menores
¿En qué otro negocio millonario se deja únicamente a las familias que autorregulen elacceso de los niños a prácticas peligrosas? ¿Cómo hemos normalizado eximir a las empresas de las consecuencias perjudiciales en menores?
Una pantalla con varias redes sociales. (Reuters/Hollie Adams)
Es pronto para saber las consecuencias de prohibir las redes sociales a los menores de 16, como ha anunciado el Gobierno. Muchos otros países están en ello, pero aún es pronto para estudiar qué ha pasado allí donde primero ha entrado en vigor. Australia fue el primer país que desde hace apenas tres meses restringe que niños y adolescentes puedan entrar en Facebook, Instagram, YouTube y TikTok. También Francia, Malasia, Dinamarca, Austria y Gran Bretaña están en ello. Lo están impulsando políticos conservadores y progresistas, asiáticos y occidentales. ¿Es buena idea?
Las consecuencias de prohibir el acceso a redes sociales no están claras aún. Lo que vamos sabiendo mejor son las consecuencias de no prohibirlo y dejar que sean las grandes compañías tecnológicas las que se autorregulen. No funciona. La última polémica es la de X generando vídeos en los que desnudan a cualquiera, incluidos niños, con solo pedírselo a Grok, su asistente de IA. En redes sociales hay acceso libre a contenidos que incluyen violaciones, mensajes que incitan al suicidio, al bullying, a la anorexia…
Las familias cada vez se sienten más impotentes cuando se deja sobre sus hombros la decisión de qué hacer y a qué edades dejar que los niños abran su primera cuenta en redes sociales, como si fuera una decisión estrictamente individual. ¿En qué otro negocio millonario se deja únicamente a las familias que autorregulen el acceso de los niños a prácticas peligrosas o sustancias adictivas? ¿Cómo hemos normalizado eximir a las empresas de las consecuencias perjudiciales en los menores, como si fuera una decisión personal y no un riesgo social del que se deberían hacer responsables?
De la red social que más evidencias tenemos es de la primera que se volvió masiva. Facebook, ahora Meta, que es también la dueña de Instagram y WhatsApp, hace tiempo que se la investiga por haber parado investigaciones internas de su propia compañía que mostraban el efecto nocivo en la salud mental de sus redes sociales. Meta descubrió que las personas que dejan de usar Facebook están menos deprimidas y ansiosas. Y tapó la investigación.
Otros riesgos que se están estudiando del acceso de menores a las redes, además de los efectos en su salud mental y su estado de ánimo, de los indicios de riesgos para trastornos alimenticios (sobre todo en niñas) y aumento del bullying, también está cómo afecta en fenómenos tan dispares desde su capacidad de atención, al riesgo de caer en manos de pederastas…
Las redes sociales presumen de conocer a sus usuarios tan bien que pueden personalizar el algoritmo para darnos a cada uno aquello que nos interesa según nuestra edad, nuestros gustos y, sobre todo, nuestros miedos. Facebook presumía hace más de una década de saber con unos cuantos clics desde la orientación sexual de sus usuarios a si está pensando en divorciarse. ¡Cómo no van a saber entonces que la persona detrás de una cuenta de Instagram tiene 12 años! Claro que lo saben. También saben si quien la contacta en un mensaje privado es un adulto de 38 haciéndose pasar por otro adolescente o si la niña de 11 años tiene anorexia cuando le ofrece vídeos de cómo estar delgada. Sin embargo, las empresas y los gobiernos llevan años mirando para otro lado en innumerables riesgos de las redes. Varias generaciones de adolescentes han pagado la novatada.
El experimento de la primera prohibición en Australia aún no tiene resultados concluyentes. Pero sí podemos saber qué pasa cuando se han prohibido otras sustancias a adolescentes. El alcohol y el tabaco son los ejemplos más evidentes. Los adolescentes pueden saltarse los controles, pero no por eso los cuestionamos. Decir que no tiene sentido prohibir las redes sociales porque siempre habrá adolescentes que se salten los controles con una VPN es como decir que no tiene sentido prohibir la venta de alcohol a menores porque hay botellones.
No hace falta que una prohibición sea infalible para que tenga efectos beneficiosos en los menores, retrasando el acceso al producto que se considera peligroso o prematuro para su nivel de desarrollo. A partir de los años 80, en los países en los que se fueron introduciendo restricciones a la venta de alcohol a menores, la edad de inicio en su consumo se ha ido retrasando progresivamente. La adolescencia es la edad en la que se forman los hábitos y la neuroplasticidad es más vulnerable a las adicciones, por eso cada año que se retrasa el inicio en un producto adictivo disminuye un poco más los riesgos asociados con él en la edad adulta.
En realidad, la verdadera anomalía es haber estado los últimos 15 añoseximiendo a las empresas tecnológicas de su responsabilidad en las consecuencias de sus productos en la salud de los niños. Va a ser difícil replicar online los sistemas de control de edad que existen en el mundo físico, pero no hace tanto que esos controles en el mundo físico también parecían puertas al campo y ya están normalizados.
Ana SomavillaKim Son Hoang (Der Standard. Austria)Giota Tessi (Efsyn. Grecia) Voxeurop (Francia)Desislava Koleva (Mediapool. Bulgaria)
También la prohibición en redes es diferente a otras por cómo se siente la Generación Z con ellas. Cada vez son más críticos. La mitad de los jóvenes de entre 16 y 24 años desearía haber pasado menos tiempo con sus móviles y tres cuartas partes hubieran preferido una regulación más estricta para proteger a los más jóvenes de las redes sociales, según una encuesta reciente del grupo de expertos británicos The New Britain Project. Son los propios adolescentes los que aseguran que mantendrían a sus futuros hijos alejados de redes el mayor tiempo posible.
A que las restricciones en las redes sociales funcionen entre los menores puede ayudar que muchos de ellos también sean conscientes de sus riesgos. La clave está en que no sea una decisión individual, sino de grupo. Otro estudio reciente de economía del comportamiento muestra que el 60% de los usuarios de TikTok y el 46% de los de Instagram estarían dispuestos a pagar para que la plataforma desaparezca para todos, incluidos ellos mismos. Se trata de un estudio con más de 1.000 estudiantes universitarios en Estados Unidos, realizados entre julio y septiembre de 2023 titulado When Product Markets Become Collective Traps: The Case of Social Media (Cuando los mercados de productos se convierten en trampas colectivas: el caso de las redes sociales).
El experimento introduce el concepto de "trampa de mercado del producto", una situación en la que los usuarios prefieren que una plataforma no exista, pero continúan usándola porque dejarla les generaría aún más malestar si el resto de usuarios sigue en ella. El miedo a quedarse fuera (FOMO) es el principal motivo de uso, incluso entre quienes preferirían vivir en un mundo sin TikTok o Instagram.
Es decir, que de generalizarse una nueva situación en la que lo normal entre adolescentes fuera no estar en redes, o retrasar mucho su primer uso, el incentivo por empezar en esta especie de adicción colectiva podría disminuir significativamente. A diferencia del porno online, que tiene un consumo más individual, las redes sociales reducen su interés a medida que sus compañeros reducen o dejan de usarlas.
Para que el desarrollo tecnológico que hace posible un control efectivo por edad funcione, también será fundamental cuántos países se sumen a esta legislación. España no está sola en esto y cada vez son más los países europeos que se suman. Las empresas innovan más rápido cuanto más depende de ello su modelo de negocio. Y además del coste en multas, que para las grandes tecnológicas suele ser calderilla, el coste reputacional es clave. Para que esto funcione, la presión social es crucial. Tener controles efectivos por edad tendría que convertirse en un motivo de orgullo tan básico para las tecnológicas como para la industria del automóvil lo son el airbag y el cinturón de seguridad.
Es pronto para saber las consecuencias de prohibir las redes sociales a los menores de 16, como ha anunciado el Gobierno. Muchos otros países están en ello, pero aún es pronto para estudiar qué ha pasado allí donde primero ha entrado en vigor. Australia fue el primer país que desde hace apenas tres meses restringe que niños y adolescentes puedan entrar en Facebook, Instagram, YouTube y TikTok. También Francia, Malasia, Dinamarca, Austria y Gran Bretaña están en ello. Lo están impulsando políticos conservadores y progresistas, asiáticos y occidentales. ¿Es buena idea?