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Un PSOE de 150 diputados, hagan sus apuestas
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Alberto Artero

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Un PSOE de 150 diputados, hagan sus apuestas

Toda la esperanza del PSOE pasa por la movilización, por eso importa menos la cifra y más la agitación. Que quien dice en las encuestas 130, dice 140, 150 o lo que sea menester

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada socialista tras una intervenvención en el pleno del Congreso de los Diputados. (EFE/Archivo/Mariscal)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada socialista tras una intervenvención en el pleno del Congreso de los Diputados. (EFE/Archivo/Mariscal)
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Hubo un tiempo en el que me dedicaba a pontificar sobre el futuro de los medios de comunicación. Me gustaba decir que, siendo verdad que había un problema de cambio de modelo, operativo y de balance, la verdadera crisis de la mayoría de las cabeceras era de legitimidad. Si cuando abre el periódico, el lector piensa más en la intención que en la noticia en sí, todo lo demás sobra. Estás muerto, aunque no lo sepas. Tú y, sobre todo, el periodista que la firma.

Pues bien, algo parecido está sucediendo con una parte fundamental de la demoscopia en este país. Se está abandonando el método científico para sustituirlo por la conveniencia en función de la orientación ideológica o del interés del que contrata la encuesta, ‘money makes the world go round’. En tales estudios, sobran buena parte de esas notas a pie de página en el que se habla de tamaño de la muestra, margen de error u otros elementos técnicos. Es el ‘atrezzo’ para vestir a un rey que, pegándose un tiro en el pie, han decidido que esté desnudo. Mala pinta tiene este muerto, aunque aún no sepa que lo está.

No es solo el CIS de Tezanos, que bueno, da para monólogos de la comedia. Lo sorprendente es que aún se dé eco a sus informes o que haya quienes, de manera bienintencionada, traten de llevarle al redil diciendo que está bien hacer el ridículo una vez, pero que cuando sucede de continuo, se entra en la categoría de bufón de la corte. Que, oye, a lo mejor es de esto de lo que se trata. Claro que luego llega el cambio de régimen y a ver qué sucede con tu cabeza, rueda que te rueda, puntapié tras puntapié. Mientras, el vivo de José Félix al bollo, que le quiten lo ‘bailao’. No se deja, viva el empecinado. Más dura será la caída.

Pero hay otros que, amparados por un aura de formalidad, ofrecen resultados curiosos, especialmente cuando tienen su origen, formal o informalmente, en el lado izquierdo del espectro político.

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Así, hemos conocido en fechas recientes, varios sondeos en los que se ahonda en dos realidades, una sobredimensionada por exceso y la otra... también. ¿Y qué vienen a decir? Pues, por una parte, que viene el lobo, Vox, y que no va a haber escaños en el hemiciclo para todos sus representantes, y, por otra, que nadie dé por muerto a un PSOE que se mueve en el umbral de los 130 diputados. Que quien dice 130, dice 140, 150 o lo que sea menester. Por decir que no quede.

Es bueno mirar el dedo que señala a la derecha radical, pero casi resulta más interesante poner los ojos en la luna.

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Y es que toda la esperanza del PSOE pasa por la movilización. Para ello es importante alimentar el fantasma de la llegada de Abascal y los suyos. Esto es lo evidente y ya dio sus frutos, gracias a la tradicional indolencia del PP, en las anteriores generales. Pero aún es más relevante el mantener una sensación de que los socialistas están en la batalla y de que, por tanto, no puede haber hombre de izquierdas de bien que se quede en su casa en día de la contienda porque aún hay partido. Por eso importa menos la cifra y más la agitación. Resulta difícil de creer la resiliencia al voto que estas encuestas pronostican pese a todos los escándalos familiares y de partido del grupo en el gobierno. Solo se justifica desde esa necesidad. O nos movemos o nos mueven, en cuyo caso se augura crisis total en una formación que puede quedar como un erial (mírense Grecia o Francia).

Claro que, cuando uno tiene siete vidas, lo mismo la suerte sale de nuevo a su encuentro y los pronósticos se convierten en sorprendente realidad. Para ello, solo bastaría que el PP continuara con esa larga tradición de pegarse un tiro en el pie, algo en lo que es especialista, oiga; o que, en un momento dado, toda la bancada roja ofreciera una propuesta conjunta, remedo de los sucesivos Gobiernos ‘fronkostín’ que hemos tenido estos años. Algo que se antoja complejo: a los que creyeron en una utopía, no les vuelven a pillar en esta, menos si viene de la mano del ‘sistema’.

Mientras, como decíamos al principio, los que han caído en este juego de dinero manda deberían hacérselo mirar. Entre otras cosas, porque cuando uno se hace prescindible, lo que suele suceder es, precisamente eso: que prescindan de ti. El valor de la demoscopia es la predictibilidad, mayor o menor. Si esta queda en segundo plano en función de no se sabe qué intereses espurios, el último que apague la luz.

De cajón, puro sentido común.

Hubo un tiempo en el que me dedicaba a pontificar sobre el futuro de los medios de comunicación. Me gustaba decir que, siendo verdad que había un problema de cambio de modelo, operativo y de balance, la verdadera crisis de la mayoría de las cabeceras era de legitimidad. Si cuando abre el periódico, el lector piensa más en la intención que en la noticia en sí, todo lo demás sobra. Estás muerto, aunque no lo sepas. Tú y, sobre todo, el periodista que la firma.

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