Es noticia
Por qué se suicidan nuestros hijos: manual para padres
  1. España
  2. Sentido común
Alberto Artero

Sentido común

Por

Por qué se suicidan nuestros hijos: manual para padres

Nuestros hijos sufren más de lo que pensamos. Y cuando levantan la cabeza, no estamos ahí porque hemos renunciado, porque estamos demasiado ocupados, porque, simplemente, no sabemos gestionarlo

Foto: Un niño usa el teléfono móvil y una 'tablet'. (Europa Press/Archivo/Eduardo Parra)
Un niño usa el teléfono móvil y una 'tablet'. (Europa Press/Archivo/Eduardo Parra)
EC EXCLUSIVO

Andamos mi mujer y yo metidos desde hace unos años en el acompañamiento de adolescentes. No es una tarea remunerada, ni siquiera una vocación frustrada. Simplemente la Providencia nos ha llevado ahí.

Lo que hemos descubierto a lo largo de este tiempo es -padres, madres, tutores- que nuestros hijos sufren mucho más de lo que nosotros pensamos. Y que, desafortunadamente, cuando levantan la cabeza no estamos ahí, bien porque hemos renunciado, bien porque estamos demasiado ocupados, bien porque, simplemente, no sabemos gestionarlo.

Y luego pasa lo que pasa. Sorpresa para todos.

La crisis primera es de identidad, de saber qué son y a qué están llamados. No me refiero a identidad de género sino, sobre todo, a esencia, a reconocerse en lo que valen por el mero hecho de existir. A amar y ser amados. A saberse personas, con cuerpo y alma y espíritu, y no meros objetos donde solo importa el primero. Sujeto con personalidad propia y que, por tanto, no puede ser desechado en cualquier momento. Ni por él mismo ni por los demás.

Foto: proteccion-menores-redes-sociales-internet-1hms
TE PUEDE INTERESAR
Internet es un peligro para los menores. Estos países sí están logrando ponerle coto
Ana Somavilla Kim Son Hoang (Der Standard. Austria) Giota Tessi (Efsyn. Grecia) Voxeurop (Francia) Desislava Koleva (Mediapool. Bulgaria)

La ‘cosificación’ es la gran tragedia de nuestro tiempo. Y tiene su origen, en buena medida, en una frase que oí hace poco en el pódcast ‘Educación en crudo’: "Cuando regalamos a un niño o una niña de pocos años un móvil, en realidad lo que estamos haciendo es regalar al móvil la vida e infancia de nuestros hijos". Y es una verdad como un templo. Los que no usan herramientas de restricción de actividad, miren las horas que consumen sus vástagos a través de distintos dispositivos y me dicen. De ahí que sea crítico retrasar su entrega, limitar su uso y educar en el criterio.

Lo que sucede con el móvil son tres fenómenos que funcionan de manera simultánea, por supuesto sin negar todo lo bueno que pueda tener: paso de una vida real a otra proyectada, con implicaciones en cuanto a la percepción del otro y de uno mismo; despersonalización de las relaciones debido a la pornografía y a la mendicidad de cariño; extensión del contacto en horas y días lo que permite prolongar amistades y, desgraciadamente, acosos.

Foto: acoso-timbre-salida-debate-control-movil-casa-padres

Merece la pena detenerse en cada uno de ellos.

Existe entre nuestra progenie un enorme contraste entre lo que vuelca a las redes sociales y la propia realidad, entre la vida que les gustaría tener y la vida que tienen. Y eso genera un permanente estado de ansiedad donde lo importante es lo que muestro porque, si me manifiesto en mi verdad, física o emocionalmente, corro el riesgo de no ser aceptado/a, como si lo importante fuera eso. En un periodo de formación de la personalidad tan crítico como el de la adolescencia, es una brecha que muchos/as no saben gestionar, aceptar o superar. Y termina en ansiedad, autolesiones o trastornos alimenticios, que son el pan nuestro de cada día.

La afectividad de nuestros hijos viene muy marcada por el acceso prematuro a cualquier barbaridad sexual a través de sus teléfonos. Sucede que los varones interpretan como parte de una relación normal lo que ven en la pantalla, convirtiendo a las chicas en cosas de usar y tirar. Y ellas, que antes eran las que marcaban los límites, caen en la trampa de que cuanto más se dejan aprovechar, más se las quiere, cuando es justo lo contrario. Fruto de esto es un agotamiento prematuro del valor de la sexualidad y una incapacidad futura de amar como se debe al que está al lado, reconociendo la belleza de todas sus dimensiones. No es de extrañar el hastío de intimidad de muchos jóvenes.

Foto: ninos-moviles-descontrol-parental Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Niños, móviles y el descontrol parental
Marta García Aller

La falta de desconexión digital produce un triple efecto ‘D’. Dependencia que lleva a estar permanentemente pendiente, lo que afecta, sin duda, a la concentración y a la atención; descanso, o falta de él, que condiciona luego el día a día en casa o en el cole (sería bueno que los padres comprobaran de vez en cuando hasta qué hora están chateando su chavalería); y, sobre todo, daño en tanto que los niños/as más vulnerables se quedan sin refugio al prolongarse el acoso por parte de terceros 24/7, sin respiro, gente que no ve a alguien que sufre sino a algo desechable. Antes, al menos, estaban seguros en casa. Ya ni eso.

Puede que alguno piense que todo esto es una exageración y que, ‘hombre, a mí no me pasa’, pero les aseguro que no. La tecnología ha hecho a nuestros hijos más frágiles y vulnerables, al tiempo que les ha robado su identidad. Y está en la génesis de buena parte de lo que les lleva a no quererse y a determinar quitarse la vida. Nadie llega a ese punto si no es después de un proceso largo que, enfermedades psiquiátricas aparte, no solo es evitable, sino corregible.

No, no hay una receta universal para esto, pero valdría con que los padres ejercieran de padres poniendo toda su preocupación no en el bienestar material de sus hijos, sino en el afectivo y emocional. Nunca es tarde para ese abrazo, esa conversación, ese reírse con ellos, ese estar encima para percibir cualquier cambio de humor, ese conocer a sus amigos, ese arbitrar momentos en familia que les obligue a salir de la cueva, ese, por qué no, rezar por ellos, ese preguntar en el cole, ese educar, ese ‘ese’ que cada uno sabe cuál es. Sin móviles de por medio.

Foto: vuelta-cole-movil-smartphone-pantallas-ninos-colegio-educacion

Nunca es demasiado tarde para ayudar a quien ha empezado a vivir demasiado pronto una vida que no le corresponde. Con los propios medios o recurriendo a un profesional. La alternativa de no hacerlo puede ser mucho peor. Se lo aseguro.

Es de cajón, puro sentido común.

Andamos mi mujer y yo metidos desde hace unos años en el acompañamiento de adolescentes. No es una tarea remunerada, ni siquiera una vocación frustrada. Simplemente la Providencia nos ha llevado ahí.

Adolescencia
El redactor recomienda