IU no tiene ningún problema en Extremadura; el PSOE, bastantes

Tiene IU una enorme facilidad para protagonizar finales trágicos y, cuando no es la sempiterna apelación al voto útil la que la deja malherida es su

Tiene IU una enorme facilidad para protagonizar finales trágicos y, cuando no es la sempiterna apelación al voto útil la que la deja malherida es su inclinación natural al suicidio la que entra en juego. Resulta sorprendente que una fuerza política que acarrea tantos problemas tenga tiempo para inventarse los que no tiene. El más reciente, la decisión de sus diputados regionales extremeños de abstenerse en la sesión de investidura y facilitar  al PP el gobierno de la comunidad, ha generado una crisis innecesaria que podría terminar como el rosario de la aurora.

Todo parte de un pecado original que es, más bien, un exceso de arrogancia. ¿Debe un partido de izquierda con un solo diputado nacional proponerse como objetivo sacrosanto impedir el paso a la derecha? Más aún, ¿ha de ser fiel a esta promesa cuando sus teóricos aliados, es decir los socialistas, hacen de su capa un sayo y gobiernan en Euskadi con los votos del PP y se disponen a hacerlo en coalición en Navarra y Canarias de la mano de dos partidos tan progresistas como UPN y Coalición Canaria, por sólo citar tres ejemplos?

Cumplir a pies juntillas el mandamiento de ser el muro que se alza contra el PP es, además, bastante contraproducente. Se entiende que la estrategia de alentar el miedo a la derecha la practique el PSOE, que cada vez que las cosas se le ponen feas llama al voto útil en detrimento precisamente de IU, pero que sea la coalición la que utilice esos mismos mensajes que, si algo logran, es polarizar las elecciones y afianzar el bipartidismo es del género tonto.

Gracias a la ley electoral que se ensaña con los de Cayo Lara, los votos a IU valen muy poco. En las últimas elecciones generales, sus cerca de 800.000 votos –no se cuentan los 183.338 que obtuvo Iniciativa per Catalunya- sólo le sirvieron para sentar a un diputado en el Congreso. Por el contrario, al PSOE le bastó con acumular algo menos de 24.000 en Soria para obtener un escaño. De ahí que sea difícil de digerir su predisposición a regalarlos, en ocasiones de manera bastante acrítica. ¿Se sentirán felices algunos de sus electores que, decepcionados por los socialistas, depositaron su confianza en IU al observar como sus votos regresan invariablemente a la casa común?

De vuelta a Extremadura, habrá quien piense que los responsables regionales de IU cometieron el error inicial de consultar a los afiliados por el sentido del voto en la sesión de investidura en vez de hacerlo por un acuerdo ya cerrado en torno a su propio programa. En cualquier caso, IU consiguió que tanto el PSOE como el PP aceptaran su plataforma de 12 puntos, entre lo que destacan el cambio de la ley electoral, eliminando el tope del 5% que le ha cerrado en anteriores comicios las puertas de la Asamblea, una ley de renta básica, el mantenimiento de todos los servicios sociales, el aumento de la fiscalidad para los grandes terratenientes y el mantenimiento modulado del impuesto del Sucesiones o el fin de las ayuda públicas a la proyectada refinaría Balboa y a las centrales térmicas. Pretender luego que la organización extremeña obviara la opinión de las bases, que abrumadoramente se inclinaron por no apoyar al candidato socialista, era pedir un imposible, aun cuando se hiciera entre amenazas de expedientes y expulsiones.

Lo inteligente sería dar carpetazo a la polémica extremeña, donde la abstención no implica haber dado un voto en blanco al PP y siempre se estará a tiempo de forzar una nueva correlación de fuerzas

Los partidarios de la mano dura han esgrimido que dejar gobernar al PP allí donde puede impedirlo siempre acarrea grandes males a IU, y citan como ejemplo el caso de Asturias, cuando en 1995 se dejó gobernar al PP y en las siguientes elecciones perdió la mitad de sus votos. Ejemplos, claro, hay para todos los gustos. Sirva éste de botón de muestra: al año siguiente, en las generales de 1996, estando en pleno vigor el discurso de Anguita de las dos orillas –PSOE y PP en una e IU en la otra-, la coalición obtuvo los mejores resultados de sus historia: 2.630.774 votos, el 10,54%, y 21 diputados nacionales.

El rigor que algunos han pedido con los dirigentes extremeños no se corresponde además con experiencias más recientes protagonizadas por IU, o al menos, por partidos federados a ella. ¿Acaso no ha gobernado en el País Vasco Ezker Batua en coalición con la derecha nacionalista del PNV? ¿Qué decían entonces los que ahora ven en la abstención decidida por la militancia un atentado al discurso oficial del partido? Es más, ¿qué opinaban las bases de IU de la deriva soberanista de Madrazo y compañía?

Si las ramas permitieran ver el bosque a Cayo Lara, un dirigente bienintencionado que se ha aplicado en la resurrección del muerto que heredó, se daría cuenta que los resultados cosechados por IU en las pasadas elecciones municipales no son para tirar cohetes. Ganar sólo 200.000 votos del millón y medio que el PSOE se ha dejado por el camino es un balance bastante magro, que sólo puede inducir a la preocupación de cara a la cita de las generales, cuando los socialistas pidan que el voto de la izquierda se agrupe bajo sus siglas para impedir la llegada del PP al Gobierno.

Lo inteligente sería dar carpetazo a la polémica extremeña, donde la abstención no implica haber dado un voto en blanco al PP y siempre se estará a tiempo de forzar una nueva correlación de fuerzas. Se podrá decir, y con razón, que si el deseo del PSOE de que el PP no gobernase Extremadura fuera tan intenso como el que manifiesta la dirección federal de IU, siempre hubiera podido impedirlo cediendo la presidencia de Extremadura a la coalición, como hizo en 2003 en Cantabria con los regionalistas de Revilla, que eran la tercera fuerza política.

Sería un disparate que IU se desangrara en defensa de los intereses de un partido que siempre la ha usado de muleta, y que ha abortado cualquier intento de modificar una ley electoral injusta que la coloca al borde del precipicio en cada convocatoria electoral. A IU se le podría aplicar la respuesta que el general Rojo dio a un diplomático extranjero le preguntó por qué no se rendían ya, estando la capital rodeada por las tropas fascistas: “Porque no nos da la gana”. Está bien que IU no se rinda; lo que sería idiota es que se suicide en nombre de otros.

Sin Enmienda
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