Rajoy cuadra el círculo: todas sus medidas anticrisis implican gasto o menos ingresos

Habrá sido por no molestar, porque es proverbial ese carácter afable de Rajoy, casi bonachón, y su incapacidad para amargarnos el verano, pero que en menos

Habrá sido por no molestar, porque es proverbial ese carácter afable de Rajoy, casi bonachón, y su incapacidad para amargarnos el verano, pero que en menos de un mes el PP haya vuelto a sorprendernos con un segundo programa económico que, más que un plan anticrisis, es una carta a los Reyes Magos, da que pensar. La nueva maniobra de despiste tiene desazonados a muchos de sus seguidores, que anhelan que descubra de una vez cómo va a meter al país en vereda y enseñe los bíceps. Su consuelo es suponer que el silencio es táctico y que una vez que llegue a la Moncloa y cambie las cortinas  desvelará el misterio.

Cuesta pensar que el partido que está llamado a gobernarnos no exprese a las claras su posición y oculte su verdadero programa ante el temor al rechazo por parte del electorado. Sin embargo, sorprende el contraste de escuchar a Rajoy pedir a grandes voces duras reformas que no figuran ni en el encabezado ni en la letra pequeña de lo que propone por escrito. En definitiva, o nos engaña, lo cual estaría muy feo en alguien que presume de su capacidad para restaurar la confianza en la economía española, o simplemente es que no hay más cera que la que arde.

Supongamos que esta última opción es la buena y que Rajoy no nos miente. Bajo esta premisa, si el PP define el conjunto de las cerca de 90 propuestas que presentó en el debate del estado de la Nación como “alternativa completa a la crisis económica”, hay que entender que esa es la alternativa y que es completa, es decir, que no se han dejado en el tintero ninguna otra medida relevante por omisión intencionada.

Sorprende el contraste de escuchar a Rajoy pedir a grandes voces duras reformas que no figuran ni en el encabezado ni en la letra pequeña de lo que propone por escrito

Pues bien, será difícil encontrar a alguien que pueda sentirse mínimamente insatisfecho con el plan anticrisis que hemos conocido esta semana. La única salvedad es la alambicada referencia a la reforma laboral, cuyo enunciado es cuanto menos críptico: “Abordar una reforma del mercado laboral que ponga el acento en la estabilidad en el empleo y la flexibilidad en el seno de la empresa, adaptando la negociación colectiva de manera que se priorice el convenio de empresa, con plena garantía de la unidad del mercado laboral”. ¿Qué hay que entender? ¿Qué el PP propone un único contrato con despido más barato? Se admiten sugerencias.

Respecto a la reforma financiera, el otro gran caballo de batalla del PP, deja abierto el interrogante si las propuestas han sido redactadas ahora que, al menos en apariencia, la reestructuración toca a su fin, o si fueron escritas tiempo atrás. ¿Acaso no se han vinculado ya las ayudas del FROB al saneamiento de los balances o se han aumentado las provisiones por inmuebles y se han acortado los plazos para que dicha provisión sea obligatoria?

Todos contentos

El resto es un compendio de deducciones fiscales, subvenciones, rebajas de impuestos y vaguedades, cuyo coste no se estima en ningún caso, con el que todos quedan contentos, empezando por los compradores de pisos, que verían resucitar la deducción por vivienda, o los empresarios, a los que se reduciría hasta un 20% las cotizaciones por contingencias profesionales y se bonificaría al 100% durante el primer año sus contratos a menores de 30 años, para los que, por cierto, esta previsto un “cheque formación” tanto si están activos como en el paro. Se prevé además una deducción en la cuota de 3.000 euros por la contratación fija del primer trabajador que no sea socio de una nueva empresa.

También quedan encantados de conocerse los hosteleros, que asistirían a la entrada en vigor de un IVA superreducido del 4%; las familias con hijos menores de tres años, a las que se recompensaría con 500 euros; o las pymes, a las que se aplicaría un tipo del 20% en el impuesto de Sociedades aunque no mantengan sus plantillas. Se contemplan además deducciones fiscales más intensas para inversiones en I+D+i, y otra del 320% para la formación de autónomos.

Sin embargo, quienes habrán recibido el plan con alegría inusitada serán las comunidades autónomas, a las que se promete transferir los recursos adicionales previstos en la ley de financiación, y los ayuntamientos, que además de recuperar la línea de crédito del ICO para hacer frente a su morosidad se verían beneficiados por “medidas extraordinarias y transitorias” para paliar sus “graves dificultades económico-financieras”. Traducido al español, que recibirían dinero fresco y con urgencia.

Entre las vaguedades antes citadas sobresalen especialmente dos. Una hace referencia a la Sanidad, para la que, sin hacer referencia explícita al copago, se propone un pacto que permita “encontrar soluciones a la deuda acumulada”, en vista de que el PP no debe tenerlas. La otra tiene que ver con el modelo energético, en el que se evita mencionar la energía nuclear de esta artística manera: “Establecer una política energética basada en un mix equilibrado para reducir la dependencia del exterior y las emisiones de CO2, garantizar el suministro, la competencia, la eficiencia energética y la sostenibilidad medioambiental”. Como remate, y pese a las denuncias de las populares sobre el déficit de tarifa, se plantea evitar que, en plena crisis económica, suban la luz y el gas.

Para entendernos, todas y cada una de las iniciativas incluidas en la “alternativa completa a la crisis económica” implican gasto o detracciones de ingresos, y como no cabe sospechar que Rajoy esté siguiendo un curso acelerado de keynesianismo todo induce a pensar que aquí hay gato encerrado.

Se lo preguntó directamente Zapatero en el debate y Rajoy esquivó la respuesta. Lo cierto es que nadie ha escuchado jamás de su boca cuál debe ser la indemnización en caso de despido o la edad a la que los españoles deben jubilarse o si está a favor en contra de que la ultraactividad de los convenios colectivos. Si alguien se empeña en buscar opiniones francas del de Pontevedra sobre cuestiones espinosas, quizás encuentre algún pronunciamiento suyo sobre la rosas de jardín.

 

Sin Enmienda
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