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Feijóo en campaña, infalible en el error
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Verónica Fumanal

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Feijóo en campaña, infalible en el error

El cambio de postura del PP respecto a los indultos, a la amnistía y a considerar si lo de Tsunami Democràtic fue terrorismo o no lo fue es un error estratégico de campaña

Foto: El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante un acto electoral en Lugo. (EFE/Eliseo Trigo)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante un acto electoral en Lugo. (EFE/Eliseo Trigo)
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Un error en campaña es como un gol en propia puerta en los minutos de descuento: una fatalidad que puede no ser definitiva, pero que deja en los labios un sabor desagradable. Básicamente, porque no es un punto atribuible al mérito del contrario, sino al demérito propio; por eso daña tanto la autoestima y pone en tela de juicio la capacidad del sujeto que lo ha cometido. Es justamente esta sensación por la que está atravesando Feijóo, quien decidió nacionalizar la campaña gallega y apropiársela, una estrategia que se le ha vuelto en contra como un bumerán. Este pasado sábado por la noche, las alertas de 16 medios de comunicación sostenían que “fuentes de toda solvencia” del PP afirmaban que valoraron durante 24 horas aprobar la amnistía a cambio de la investidura; que asumían que un plan de reconciliación para Cataluña incluiría un indulto para Puigdemont y que era muy difícil sostener la acusación de terrorismo en la causa de Tsunami Democràtic. Booom.

Nadie entiende la estrategia, ni aquellos medios más cercanos al PP han podido todavía explicar por qué la dirección del PP envió un mensaje de tal calibre a una semana de las elecciones gallegas, en las que Feijóo se juega tanto. Se barajan tesis relacionadas con una explosión controlada, en la que el PP decidiría contar los pormenores de la negociación con Junts antes de que Puigdemont continuara la carta del jueves pasado en la que amenaza con que “todo se sabrá”. También, se habla de que se habría querido enviar un mensaje sobre la verdadera forma de pensar del líder a través de un off the record en fuentes del PP para demostrar que la derecha puede ganar elecciones con un posicionamiento menos M-30 o ayusista. Otros hablan de un “patinazo” que realmente no cuadraría mucho con lo que sucedió, porque la explicación parece una posición política legítima y coherente. Pero más allá del porqué y del momento, todo el mundo lo valora de la misma manera: un grandísimo error.

Feijóo quiso que las elecciones gallegas fueran suyas tras el fiasco del 23-J. Si hubiera conseguido la investidura, el líder popular no repararía tanto en lo que sucede en su tierra natal. Pero los números no salieron y la derrota frente a Sánchez ha emborronado ese relato de político ganador. Y un ganador necesita victorias. Por ello, decidió reforzar su legitimidad asumiendo la campaña gallega en primera persona. Decía Fraga sobre Aznar, “ni tutelas, ni tutías”, pues es justamente lo contrario de la estrategia Feijóo, que ha realizado la campaña gallega más nacional que se recuerda, con mítines diarios y encuentros con la prensa en los que no se habla de la sanidad gallega, ni de la despoblación, ni siquiera del campo y los ganaderos gallegos, sino de la amnistía.

Alfonso Rueda, candidato del PP, no puede quejarse de esta nacionalización de la campaña, aunque le perjudique. Él es el sucesor de Feijóo, por eso, su legitimidad, de momento, depende del que le nombró, del que le puso en esa posición de poder. Por ello, su capacidad para demostrar descontento con la tutela es muy limitada. Lo mismo que le sucede a Alberto Núñez Feijóo, cuya legitimidad proviene de aquellos que le pusieron al frente del partido, sin primarias y tras un golpe de mano a Pablo Casado. Por ello, Feijóo, hasta el momento, no ha podido hacer su estrategia política, sino que debe conformarse con asumir lo que le viene impuesto por aquellos que le impusieron.

Foto: El expresidente catalán y eurodiputado Carles Puigdemont, en una intervención. (EFE/Ronald Wittek)

Independientemente del resultado de las elecciones del próximo domingo en Galicia, este cambio de postura del PP respecto a los indultos, a la amnistía y a considerar si lo de Tsunami Democràtic fue terrorismo o no lo fue es un error estratégico de campaña que forma ya parte de los goles en propia puerta más sonados de la historia. No solo desdibuja la campaña anodina que el PP quería para Galicia, sino que dinamita el corazón de la estrategia de los populares a nivel nacional. En los días de campaña que quedan, el PP tendrá que matizar y re-matizar las palabras pronunciadas ante 16 medios de comunicación. Pero es que, además, siempre quedará la sombra de la duda de por qué pronunció esas palabras y si ese es su verdadero sentir, el que calla constreñido por el ambiente madrileño.

En ningún lugar está escrito que este error le cueste la presidencia de la Xunta a Alfonso Rueda, eso solo lo dirán los gallegos y gallegas llamados a las urnas este próximo domingo. Lo que sí es ya irreversible es esa sensación de que Feijóo, cuando está sometido a situaciones de tensión, no responde efectivamente. El error de la campaña del 23-J fue permitir que sus barones autonómicos pactaran con Vox los gobiernos sin complejos, sin estrategia, en cada territorio con un criterio diferente. En esta ocasión, el nacionalizar la campaña gallega y someterla a la tiranía de la política nacional ha hecho que la caravana de periodistas del PP no estuviese interesada por el programa de Rueda, sino en la estrategia de Feijóo con Cataluña.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i), junto al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Alberto Ortega/Europa Press)

Atención, porque el PP está intentando salir del entuerto con una estrategia que podría empeorar aún más la situación: acusar a la prensa de mentir. En medio de una campaña, encabronar a los principales mensajeros de tu relato no parece muy inteligente. Ver a los lugartenientes de Feijóo hablar de una campaña de manipulación masiva, cuando fueron nada más y nada menos que 16 periodistas los que escucharon lo mismo, resulta insultante para la prensa de este país y para la inteligencia de los votantes. El PP tiene todavía cinco días para intentar enmendar el despropósito. De momento, las campañas están demostrando que Feijóo es infalible en el error.

Un error en campaña es como un gol en propia puerta en los minutos de descuento: una fatalidad que puede no ser definitiva, pero que deja en los labios un sabor desagradable. Básicamente, porque no es un punto atribuible al mérito del contrario, sino al demérito propio; por eso daña tanto la autoestima y pone en tela de juicio la capacidad del sujeto que lo ha cometido. Es justamente esta sensación por la que está atravesando Feijóo, quien decidió nacionalizar la campaña gallega y apropiársela, una estrategia que se le ha vuelto en contra como un bumerán. Este pasado sábado por la noche, las alertas de 16 medios de comunicación sostenían que “fuentes de toda solvencia” del PP afirmaban que valoraron durante 24 horas aprobar la amnistía a cambio de la investidura; que asumían que un plan de reconciliación para Cataluña incluiría un indulto para Puigdemont y que era muy difícil sostener la acusación de terrorismo en la causa de Tsunami Democràtic. Booom.

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