¿Por qué es Vox el único partido que quiere hablar ahora de inmigración?

La pandemia tendrá efectos imprevisibles sobre los flujos migratorios en cuanto se vuelvan a abrir las fronteras. España no parece estar haciendo nada para anticipar una respuesta

Foto: Un grupo de inmigrantes en el exterior del albergue que la Cruz Roja gestiona en la Casa del Marino de Las Palmas de Gran Canaria. (EFE)
Un grupo de inmigrantes en el exterior del albergue que la Cruz Roja gestiona en la Casa del Marino de Las Palmas de Gran Canaria. (EFE)
Adelantado en

“Hablo con gente de mi país que escucha que en España están dando comida gratis en las iglesias y en los barrios. Aquí se ve como una noticia terrible, que da dimensión a la tragedia, pero en las calles de Colombia tiene un significado completamente distinto. Allí las cosas se están poniendo feas y el que tiene un primo en Madrid o en Valencia está pensando que si viene a Europa al menos no se va a morir de hambre. En cuanto se abran las fronteras, muchos lo van a intentar, por mal que vayan las cosas aquí”.

Lo argumentaba un conocido periodista colombiano en una conversación mantenida este verano. Su pronóstico parte de la anécdota pero encaja con el que hacen en términos más técnicos analistas como Andrew Seele, presidente del Instituto de Políticas de Migración (MPI) de Washington y una de las personas con más autoridad para hablar del tema. Si planificar políticas de inmigración es importante en una situación normal, en estos momentos resulta imprescindible y urgente, ya que el terremoto económico y social provocado por la pandemia va a aumentar la presión y desatar tendencias impredecibles.

El resto de partidos han decidido ignorar al elefante de la sala porque no encuentran nada que decir, ni quieren dedicar tiempo a intentarlo

El hecho de que Vox se esfuerce por introducir el tema en el debate público no necesita demasiada explicación. Tienen un mensaje claro, emocional e identitario, y saben cómo defenderlo. Otra cosa sucede con el resto de partidos, que han decidido ignorar al elefante de la sala porque no encuentran nada que decir, ni quieren dedicar tiempo a intentarlo. Intentan esconderse detrás de eslóganes importados con muy poco significado aquí, como el “Black Lives Matter”. O utilizan a la población de origen extranjero como chivo expiatorio para justificar errores de gestión, como ha ocurrido en el flanco sanitario en Madrid.

La parálisis resulta inquietante, sobre todo teniendo en cuenta que la Unión Europea arranca mañana un debate que marcará los años por venir. La Comisión da por hecho que la política migratoria actual ha explotado, que el pacto de Dublín está muerto, y por eso presentará sus propuestas para abrir el proceso. Todos los países miembro están tomando posiciones. Polonia y Hungría, para hacer saltar por los aires cualquier compromiso. Alemania y Francia, porque creen que ha llegado el momento de una política que dirija activamente los flujos migratorios en lugar de limitarse a vigilarlos... ¿Y España? Como siempre, preocupa que el peso de los controles fronterizos siga recayendo en los países del sur. ¿Pero cuál es la estrategia de fondo? Incluso los extranjeristas que simpatizan con el Gobierno reconocen estar desconcertados con el silencio.

La secretaria de Estado de Migraciones, Hana Jalloul, ha evitado ponerse en el ojo del huracán desde que llegó al cargo en enero de este año. Las iniciativas más importantes de estos meses se han hecho deliberadamente bajo tierra para que nadie las vea, asumiendo que son perjudiciales a efectos electorales y escondiendo el debate a la opinión pública. Privando a la ciudadanía de la posibilidad de ser convencida por argumentos que hace falta explicar pausadamente para no dejar toda la iniciativa al populismo. A principios de junio, por ejemplo, el Gobierno flexibilizó los trámites para la regulación de inmigrantes con una batería con instrucciones concretas enviadas a las oficinas de Extranjería de toda España. Nadie, sin embargo, quiso explicar la decisión a la opinión pública.

Gonzalo Fanjul, activista y director de investigaciones de porCausa, ha tenido varias reuniones con los responsables políticos desde entonces. Dice que España tenía “un buen plan” del que nadie ha vuelto a hablar. “Se partía de que el país envejece y necesita atraer talento a sectores concretos. No se sabía cómo se iba a hacer aún, pero al menos establecía un punto de llegada. Mi sensación es que se han olvidado por completo, no sé si por el covid o porque han cambiado de opinión. Hay una sensación de falta de iniciativa, de ideas y de políticas. No sé si se puede argumentar que el covid se come todo lo demás. En otros países de la Unión Europea no sucede lo mismo”.

Más allá de los retos que impone la pandemia, saber qué hacer con la inmigración debería ser una prioridad para cualquier Gobierno. Es evidente que ningún país occidental va a poder sostener sus sistemas en pie sin compensar el envejecimiento de su población con la llegada de extranjeros. Mientras, los escasos modelos de éxito (Australia, Canadá o Nueva Zelanda) demuestran lo importante que es hacer este proceso de manera planificada, organizada, designando recursos y adaptándose a las necesidades reales del mercado laboral.

Hay varios puntos que convendría tener presentes:

1. Es pronto para saber cómo la pandemia va a transformar las migraciones globales. Se espera que tenga un efecto limitado sobre economías muy primarias, pero que trastorne mucho más aquellas más diversificadas y con una incipiente clase media. El norte de África y Latinoamérica, países de donde provienen gran parte de los flujos que pasan por España, están en todas las quinielas.

2. Hay que recordar que no suelen emigrar los más pobres, sino aquellos que tienen suficientes recursos para costearse la aventura. Las nuevas clases medias, especialmente en países en desarrollo donde millones de personas han salido de la pobreza extrema en las últimas décadas, son las potenciales perdedoras de esta crisis. Y son, también, el retrato robot de un inmigrante en ciernes.

3. Cuando se trata de abandonar un país para instalarse en otro, se suele empezar mirando donde hay más facilidades para asentarse. El idioma y, sobre todo, los lazos de parentesco o paisanaje son los principales imanes. Si en una ciudad española hay un elevado porcentaje de población procedente de, por ejemplo, Guayaquil, lo normal es que sea el primer lugar en el que piensen los ciudadanos de Guayaquil cuando se planteen emigrar.

4. En previsión de lo que está por llegar, se espera que muchos países mantengan durante algún tiempo las restricciones de fronteras implementadas en su momento como medidas anticovid. Y en Estados Unidos, independientemente de quién gane las elecciones, se mantendrá una línea dura con la inmigración ilegal. El asunto es ya tan tóxico en el debate público que los cambios entre demócratas y republicanos no se espera que vayan más allá de los matices. El control fronterizo estricto se mantendrá.

Aquí compiten dos únicas visiones, la identitaria y la 'oenegera' o humanitaria, dejando fuera el eje más relevante: el de la movilidad y el mercado de trabajo

Con todo y con Vox, España sigue siendo una excepción. La inmigración es aún un tema secundario, al revés de lo que ocurre en casi todo el mundo desarrollado. Esto, que por una parte ha evitado que se exacerben los mensajes xenófobos, también ha impedido que madure el debate. Aquí compiten dos únicas visiones, la identitaria y la 'oenegera' o humanitaria, dejando fuera el eje más relevante: el de la movilidad y el mercado de trabajo. Pero incluso en España, concluye Seele, el tema se puede convertir de la noche a la mañana en el problema más importante a ojos de la ciudadanía, como lo es en buena parte del mundo ya. “En el fondo, el de la inmigración tal y como se percibe hoy es un debate que sustituye la pregunta más difícil de todas: ¿qué identidad tienen las sociedades modernas? Al confrontar al nativo con el migrante, resuelve de un plumazo la ansiedad generalizada sobre nuestra identidad, y por eso es tan explosivo”.

Al final, “la mayoría de las decisiones sobre inmigración se toman por razones secundarias, cuestiones culturales, diplomáticas, visados, geopolítica, temas de asilo, pero no se cuestiona cómo atraer gente cualificada que se adapte a las necesidades del país de acogida”, resume el director del MPI. Y así es como la inmigración ilegal acaba ocupando los espacios que debería ocupar la inmigración planificada, regulada, inteligente... aquella que la negligencia política no está siendo capaz de propiciar.

Takoma
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
8 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios