¿Y si Fernando Simón tuviese miles de empleados y un presupuesto millonario?
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Ángel Villarino

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¿Y si Fernando Simón tuviese miles de empleados y un presupuesto millonario?

Una agencia con miles de empleados combate la pandemia en Corea del Sur. El equipo de Simón tiene una pequeña oficina sin casi competencias y su personal se cuenta con los dedos de una mano

placeholder Foto: El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón. (EFE)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón. (EFE)

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades Infecciosas de Corea del Sur (KCDC) es un enorme complejo futurista de siete edificios en el que trabajan miles de personas con unas condiciones laborales envidiables y un despliegue tecnológico apabullante. En el centro se levantan dos esculturas de metal que representan de manera profética la silueta de un coronavirus. En coordinación con los equipos de 130 altos funcionarios de inteligencia epidemiológica, otros 300 epidemiólogos reclutados en centros privados y de varias unidades de telecos, su maquinaría es capaz de rastrear en una hora todos los contactos que tuvo un contagiado en la última semana. “Cruzan datos de tarjetas de crédito, aplicaciones, policía, GPS del teléfono, cámaras de vigilancia. Saben qué autobús cogiste, si entraste en un taxi sin mascarilla… Es como una película”. Por si no fuese suficiente, el Parlamento aprobó este verano convertirlo en una agencia externa con poderes ampliados y con un 40% más de plantilla.

¿Y en España? Aquí, las competencias que asume el KCDC están repartidas entre comunidades autónomas e institutos como el Carlos III, del que depende el Centro Nacional de Microbiología. Lo más parecido a un CDC que tenemos es el Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, el CCAES dirigido por Fernando Simón, una oficina dentro del Ministerio de Sanidad con unas cuantas mesas baratas, un 'videowall' entrado en años y un mapa de pared. “¿Que cuánta gente trabaja? Pues si no me dejo ninguno son Pepa, Berta, Lucía, Susana y Fernando [Simón]”, dice un extrabajador de Salud Pública. “Aquello es más pequeño que un centro de salud y son funcionarios de la Administración General del Estado, un sistema decimonónico en el que ni siquiera se tiene en cuenta la especialidad. Yo cobraba menos en el ministerio que cuando estuve de MIR. Quitando la productividad, me llegaban a la cuenta 1.600 euros al mes. Da un poco de pena. De las 28 plazas que salieron el año pasado (para Salud Pública), solo se cubrieron 13 porque nadie quiere ir allí. No ves pacientes, tienes horarios de mierda, ganas menos y no cobras ni las horas extra”.

La gran diferencia entre Europa y Asia es haber entendido la dimensión de la amenaza. Pero no en enero de 2020, sino una década antes

¿Se pueden comparar dos países separados por más de 10.000 kilómetros? Corea del Sur tiene un PIB per cápita muy similar al español y una población parecida: en torno a los 50 millones de personas. Es un país eficiente que se ha modernizado en los últimos años y que tiene la inercia a su favor, pero no es un paraíso inalcanzable. Hay cosas que funcionan mejor en España y cosas que funcionan mejor en Corea del Sur. En cuestión de prevención de riesgos sanitarios, los profesionales españoles reconocen que no hay color. “El modelo de los tigres asiáticos visto desde España es ciencia ficción”, comenta un trabajador del Ministerio de Sanidad. Como muchos otros países asiáticos, los surcoreanos se pusieron las pilas con el SARS y volvieron a reforzarse con el MERS. En la última epidemia, en 2015, murieron 38 personas y hubo momentos de caos que, salvando distancias y magnitudes, recuerdan los vividos ahora en Europa. Por ejemplo, les falló el rastreo y no tenían sistemas para hacer test. De aquellos traumas nació la arquitectura de su sistema de vigilancia epidemiológica, inspirado en el CDC de Atlanta, y con el que han conseguido contener por ahora al coronavirus. Algo parecido ha ocurrido en Taiwán, en China, y en los países que mejor han conseguido hasta ahora controlar la pandemia.

Foto: Sanitarios en Ucrania. (Reuters) Opinión

Recurrimos a menudo al folclore y la sociología de bulto para explicar las cosas y podría ser todo mucho más sencillo. En el éxito de las potencias asiáticas frente al coronavirus, quizá lo más importante no sea su organización social, ni sus costumbres familiares, ni su sistema político, ni siquiera su disciplina. Quizá la clave sea la dimensión que han dado a la amenaza. No en enero de 2020, cuando ya era demasiado tarde, sino en las últimas décadas, cuando empezaron a construir sus capacidades tras verle las orejas al lobo con el SARS o el MERS. Aprendieron del susto, que es como mejor aprendemos los humanos.

La legislación de Corea del Sur, por cierto, también está adaptada al desafío, mediante una ley de emergencia sanitaria que permite al Gobierno entrar en fase 2 en cualquier momento. Una vez se pulsa el botón rojo, las autoridades están autorizadas a utilizar los datos personales de la población para buscar y aislar a los contagiados. Desde que estalló la pandemia, sus portavoces dan dos ruedas de prensa diarias, incluidos fines de semana. La número uno y el número dos se van rotando en la labor.

El gran problema que hemos tenido es que la gran renovación que se hizo en otros países coincidió con la crisis

Como decíamos al principio, en España, las competencias de los CDC al estilo estadounidense están mucho más repartidas. Son las comunidades autónomas, una vez más, quienes tienen la mayor parte de la responsabilidad en el rastreo y control de los brotes. Y el panorama que dibujan quienes trabajan dentro de los equipos de Salud Pública regionales no es mucho mejor. "En la mía, por ponerte un ejemplo, somos un funcionario al borde de la jubilación, un becario y un residente. El gran problema que hemos tenido es que la gran renovación que se hizo en otros países coincidió con la crisis. Así que en lugar de meter más recursos, se hicieron recortes. En este tiempo hay países, como Francia, que fueron fusionando y crearon un gran instituto de Salud Pública que coordina todo. Durante la pandemia, se ha sacado gente de debajo de las piedras para arrimar el hombro, pero aun así... En la primera ola, además, muchos enfermaron de covid".

Foto: Trabajadores en una fábrica de Shanghái. (Reuters)

Otra diferencia importante que subrayan desde dentro de los equipos de Salud Pública es el excesivo protagonismo que tiene la política en España. “En otros países, no cuestionan tanto las recomendaciones técnicas. Aquí, es el decisor político quien dirige y como mucho escucha lo que le dices”. Describen una “presión impresionante” incluso en asuntos rutinarios. “Quieren opinar de todo y la mayoría viene del mundo asistencial, es gente que no ha gestionado un brote en su vida y no domina los conceptos básicos. Te sacan de la cama de madrugada para que te pongas a recopilar unos datos que no sirven de nada solo porque tienen una rueda de prensa y les están preguntando los periodistas”. ¿Qué podía salir mal?

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades Infecciosas de Corea del Sur (KCDC) es un enorme complejo futurista de siete edificios en el que trabajan miles de personas con unas condiciones laborales envidiables y un despliegue tecnológico apabullante. En el centro se levantan dos esculturas de metal que representan de manera profética la silueta de un coronavirus. En coordinación con los equipos de 130 altos funcionarios de inteligencia epidemiológica, otros 300 epidemiólogos reclutados en centros privados y de varias unidades de telecos, su maquinaría es capaz de rastrear en una hora todos los contactos que tuvo un contagiado en la última semana. “Cruzan datos de tarjetas de crédito, aplicaciones, policía, GPS del teléfono, cámaras de vigilancia. Saben qué autobús cogiste, si entraste en un taxi sin mascarilla… Es como una película”. Por si no fuese suficiente, el Parlamento aprobó este verano convertirlo en una agencia externa con poderes ampliados y con un 40% más de plantilla.

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