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Me voy a comer esta columna: el dilema imposible de la prensa con Vox
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Ángel Villarino

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Me voy a comer esta columna: el dilema imposible de la prensa con Vox

Informar sobre la mutación populista de la política es un desafío tan importante como difícil de resolver y no hay tanta gente dispuesta a asumir en serio el desgaste que supone

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, antes de atender a la prensa tras una jornada electoral. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, antes de atender a la prensa tras una jornada electoral. (EFE)
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Octubre de 2015. Dana Milbank, columnista del diario 'The Washington Post', publica un artículo titulado 'Trump va a perder, o yo me voy a comer esta columna'.

Mayo de 2016. Dana Milbank se pone un delantal corporativo y se come ante las cámaras un trozo de papel con su artículo impreso.

Argemino Barro cuenta a menudo esta anécdota. Resume bien la relación entre los grandes medios de comunicación y las derechas populistas en todo el mundo. Se han escrito ríos y ríos de tinta moralizante sobre lo que "deberíamos" hacer los periodistas a la hora de informar sobre estos partidos, a menudo desde la muy discutible premisa de que nuestra obligación es encontrar la táctica más efectiva para neutralizar sus posibilidades electorales.

En España se empezó diciendo que no había que hablar sobre lo que hiciese Vox, luego se extendió aquello de que había que explicar a Vox en lugar de ridiculizar a Vox. Después vino lo de desenmascarar la agenda oculta de Vox, más tarde lo de contextualizar a Vox y lo del 'fact-checking' constante a Vox. Desde que el partido de Santiago Abascal se ha convertido en la tercera fuerza política del país y parte de su agenda ha calado en la opinión pública, coexisten estas y otras recetas de manera más o menos confusa. Cada cual arroja al incendio lo que tiene a mano. Y las llamas no paran de crecer.

Foto: Santiago Abascal. (EFE) Opinión

Otros consejos frecuentes desde el púlpito son (1) no caer en las provocaciones de Vox, (2) enfrentar a sus líderes con dureza en las entrevistas o (3) hacer exactamente lo contrario: no resultar agresivos para no victimizarlos. Cuando, en abril de 2019, presentaron un programa fiscal con dos tramos únicos (una prueba bastante sólida de lo que quieren hacer con el país) se discutía sobre si había que tomárselo en serio y analizar sus efectos sobre las arcas públicas y la ciudadanía, o si era preferible asumir que nunca tendrían oportunidad de gobernar y despacharlo como una provocación.

El debate no es original, entre otras cosas porque Vox ha copiado prácticamente toda su estrategia y su argumentario de experiencias extranjeras. En Francia llevan años con ello, con el matiz de que allí los partidos tradicionales han creado un cinturón sanitario alrededor de la Agrupación Nacional, algo que no ha sucedido en España y que tiene un reflejo evidente en el tratamiento que se le da a Vox en algunos medios de comunicación.

Foto: Sacan de la Cámara de Diputados italiana al diputado Vittorio Sgarbi. (Captura de pantalla EFE vídeo) Opinión

Por no hablar de Estados Unidos, donde informar y opinar sobre el 'trumpismo' se convirtió en el género periodístico de más éxito. Hasta el punto de que las audiencias y suscripciones de muchos medios se han desplomado con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca. La CNN ha perdido más de la mitad de sus espectadores en cuestión de meses. Y esa es también parte de la historia: la derecha populista ha traído muchísima audiencia a los medios tradicionales en un momento de necesidad. En cuanto se apagan las llamas, ya nadie necesita a los bomberos.

placeholder Abascal, en una comparecencia ante los medios de comunicación.
Abascal, en una comparecencia ante los medios de comunicación.

No es fácil ponerse de acuerdo a la hora de explicar cómo empezaron las hostilidades entre los medios tradicionales y las derechas populistas. En algunos casos es evidente que se ha buscado el choque adrede, como parte de una estrategia de provocación para hacer ruido y seducir a los votantes que quieren alejarse lo más posible del 'establishment' que representan ciertos medios.

Pero hay otra manera de verlo. No se me ocurre cómo explicarlo mejor que Guillermo Fernández, investigador de la Universidad Carlos III de Madrid. Así que reproduzco lo que me dijo en una reciente conversación:

"La Agrupación Nacional cree que la prensa acude a ellos para hacerles daño, para caricaturizar… Dicen que cuando van a hacer reportajes a feudos del partido, ridiculizan o se ponen paternalistas con sus votantes. Los reporteros lo cuentan como quien va a un sitio rarísimo lleno de gente extraña, a un zoo humano. Cuando entrevistan a sus políticos, sobre todo en la tele, el periodista quiere lucirse y dejarlos mal. Las preguntas son agresivas y las respuestas todavía más, así que salen encuentros muy duros. Todo eso genera el hábito de hostilidad".

Foto: Federico Jiménez Losantos. Opinión

El huevo o la gallina, a estas alturas, da un poco igual. Lo importante es que Vox mantiene una actitud premeditadamente hostil con los medios de comunicación, sumando a sus listas negras incluso a los rostros más compresivos con sus ideas políticas, como le sucedió hace unas semanas a 'Pfizerico' Jiménez Losantos con los "bebelejías". Igual de cierto es que los medios son (somos) incapaces de encontrar una manera inteligente de abordar una realidad política que impone unas reglas distintas a las de los demás.

El partido de Santiago Abascal veta cabeceras, no organiza apenas actos para la prensa, ni es amigo de las entrevistas. Desde el partido dicen estar convencidos de que salen ganando con la bronca y que prefieren llegar a sus potenciales votantes a través de pequeños altavoces afines, directamente en redes sociales o gracias a las campañas de provocación, amplificadas por algunos los medios, con las que muchas veces logran imponer su agenda.

Foto: Santiago Abascal durante un acto en el Palacio de Vistalegre. (Reuters)

Y al revés: a pesar de ser una de las cosas más importantes que están sucediendo en la política española, la mayoría de los periodistas políticos serios rehúyen a Vox o se limitan a marcar distancias con tiza en comentarios y géneros de opinión. Muy pocos están dispuestos a explicar lo que ocurre en el partido, aunque reconozcan que es de enorme interés. Si pueden elegir, eligen cualquiera de las alternativas.

Tampoco se puede juzgar porque realmente no hay muchos incentivos. Cubrir a este partido es un trabajo casi imposible, ya que los cuadros tienen órdenes de no hablar con periodistas y los líderes apenas ofrecen información. Con algunas excepciones, mantienen rota la baraja con la que se lleva jugando a este juego desde hace cuarenta años. Así que lo sencillo es pasar de Vox y seguir jugando al juego de siempre con el resto de partidos.

Lo que pasa es que quizá no es lo más sensato. Informar sobre la transformación populista de la política es uno de los grandes retos que tenemos por delante. Un dilema tan importante como difícil de resolver. Y no podemos descartar que algún día tengamos que ponernos el delantal corporativo y comernos nuestras palabras impresas en un trozo de papel.

Octubre de 2015. Dana Milbank, columnista del diario 'The Washington Post', publica un artículo titulado 'Trump va a perder, o yo me voy a comer esta columna'.

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