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Ucrania tiene el monopolio de nuestra solidaridad y eso va a costar miles de vidas
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Ángel Villarino

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Ucrania tiene el monopolio de nuestra solidaridad y eso va a costar miles de vidas

Occidente ha reaccionado bien en defensa del pueblo ucraniano, pero lo ha hecho sacrificando un porcentaje importante de lo que venía dedicando a combatir el hambre en el mundo

Foto: Los primeros civiles evacuados de la acería de Azovstal, en Mariúpol (Ucrania). (EFE/Miguel Gutiérrez)
Los primeros civiles evacuados de la acería de Azovstal, en Mariúpol (Ucrania). (EFE/Miguel Gutiérrez)
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La invasión de Ucrania va a dejar más víctimas en África que en Ucrania. La gran crisis alimentaria no ha hecho más que empezar y las agencias multilaterales, encabezadas por Naciones Unidas, advierten de que hay ya 49 millones de personas en riesgo extremo de hambruna. Una situación como no se veía desde hace décadas y que se traducirá en la muerte de cientos de miles de personas desde este verano hasta finales de 2023. La mayoría serán niños menores de cinco años.

La guerra en Europa no solo ha aumentado los precios de los alimentos, no solo ha arruinado las cosechas, no solo ha bloqueado los graneros de uno de los principales productores de cereales y no solo ha paralizado las exportaciones de grano en decenas de países. Además de todo lo anterior, ha acaparado la solidaridad internacional y la atención humanitaria.

Foto: Una de las paredes del sótano de la escuela, donde los niños dibujaron durante los 27 días de ocupación. (Alicia Alamillos)

Ocurre que Occidente ha reaccionado excepcionalmente bien en defensa del pueblo ucraniano, pero lo ha hecho sacrificando un porcentaje importante de lo que venía dedicando a combatir la desnutrición en el mundo, fundamentalmente en el Sahel y el Cuerno de África. Muchos grandes donantes están recortando su contribución a los llamados fondos del hambre para enviar los recursos al este del Europa, algo que está siendo especialmente acusado en los países más conmocionados por la invasión, como sucede con los nórdicos. Otros países e instituciones, simplemente, se niegan a expandir lo comprometido a pesar de que la situación es extraordinaria.

La solidaridad también es un mercado de la atención, y las escenas de Ucrania son imbatibles en estos momentos. Por la cercanía y por la novedad, por la amenaza que representa Vladímir Putin y por muchos otros motivos. Las fotografías de niños africanos desnutridos están asimiladas desde hace mucho tiempo. Pero hay novedad en las imágenes de Bucha. Al menos, hacía tiempo que no veíamos cosas parecidas fuera del cine. El problema es que resulta complicado preocuparse por dos cosas lejanas al mismo tiempo. Este artículo, por ejemplo, no se va a leer ni un 10% de lo que se leyó lo último sobre Ucrania.

A las personas que padecen una desnutrición severa ni siquiera les sirve con que llegue el grano que se pudre en los puertos ucranianos

Que nuestra atención esté en otro sitio no quita que haya cientos de cifras y argumentos para sostener la gravedad de la emergencia. Hemos entrado en la estación del hambre (como se conoce el periodo entre cosechas en el Sahel, de junio a septiembre) y en algunos países africanos no está cubierto ni el 10% de las necesidades humanitarias. A las personas que padecen una desnutrición severa ni siquiera les sirve ya con que llegue el grano que se pudre en los puertos ucranianos. Para salvarse necesitarían alimentos terapéuticos como los llamados RUTF, una "mezcla homogénea de alimentos ricos en lípidos y solubles en agua" —a base de, por ejemplo, pasta de cacahuete— que viene empaquetada en papel de aluminio y cuyo precio tampoco ha quedado al margen de la inflación. El tratamiento completo para salvar la vida de un niño cuesta en torno a los cien euros.

En el mundo del hambre, las cosas no iban del todo mal hasta la llegada de la pandemia. La curva, de hecho, estaba bajando significativamente. Pero el covid se unió a una suma de factores climáticos y económicos que habían provocado lo que organizaciones como Unicef y Oxfam describían como una tormenta perfecta... incluso antes del estallido de la guerra. "Esto no es una crisis más, esto es una catástrofe (...) En enero, cuando todavía ni se intuía lo que estaba por venir, el índice de precios alimentarios de la FAO ya mostraba récords históricos, muy por encima de los tres años anteriores, llevando cada vez a más familias a una situación desesperada".

La invasión de Ucrania va a dejar más víctimas en África que en Ucrania. La gran crisis alimentaria no ha hecho más que empezar y las agencias multilaterales, encabezadas por Naciones Unidas, advierten de que hay ya 49 millones de personas en riesgo extremo de hambruna. Una situación como no se veía desde hace décadas y que se traducirá en la muerte de cientos de miles de personas desde este verano hasta finales de 2023. La mayoría serán niños menores de cinco años.

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